Carabela portuguesa, la más peligrosa de España
Carabela portuguesa, la más peligrosa de España - ABC

La medusa más temida podría pasar este verano en el Mediterráneo

Investigadores españoles estudian la ruta de la Carabela portuguesa para predecir cuándo y adónde llegará

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Aunque ese flotador que emerge del agua les hace de vela y las lleva a merced de las corrientes marinas y del viento, lo cierto es que es necesaria la conjunción de tres elementos para que la temida carabela portuguesa –que no es una verdadera medusa, sino una colonia de pólipos flotantes– llegue a las aguas del Mediterráneo y a sus playas. Tiene que coincidir su momento de máximo «boom» poblacional en el Atlántico, que es donde tienen su ciclo vital, con la entrada de grandes borrascas atlánticas, que hacen que se produzcan fuertes corrientes de agua y vientos de componente oeste, primero, para atraerlas desde el Atlántico central hasta nuestras costas y, ya en el Mediterráneo, que sople de levante, que las empuja de mar a tierra.

«Las fuertes borrascas atlánticas, la última fue Gisele a mediados de marzo, que se han sucedido este año, han provocado una gran entrada de agua atlántica y vientos que nos han traído estas medusas», dice Gabriel Soler, director científico del Instituto de Ecología Litoral, en Alicante.

Hasta el momento, en el Mediterráneo se han detectado ejemplares en Málaga, Granada, Almería y Murcia, aproximadamente medio centenar en la Comunidad Valenciana, lo que ha llevado a cerrar y a no recomendar el baño en algunas playas como la de Altea y San Juan, en Alicante, y casi un centenar de ejemplares en aguas de Baleares. El viento de levante que ha soplado estos días en la zona las arrastra de mar a tierra, explica Jorge Tamayo, delegado territorial de la Agencia Estatal de Meteorología ( Aemet) en Valencia.

Para que la carabela portuguesa llegue hasta las aguas mediterráneas, antes han tenido que pasar por parte de nuestra costa atlántica. Lo cierto es que al Golfo de Cádiz ya empezaron a llegar en febrero, cuando las playas de Huelva y Cádiz estaban vacías y por eso pasó desapercibido, cuenta Laura Prieto, investigadora en el Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía, perteneciente al CSIC.

En las aguas atlánticas andaluzas es más habitual verlas, también en Canarias coincidiendo con ese auge poblacional de enero, febrero y marzo, y «en el Mediterráneo no es muy frecuente verlas, pero tampoco es anormal del todo. Ha ocurrido otros años, y se da por estas mismas fechas, abril y mayo fundamentalmente», explica Soler. «En la Comunidad Valenciana no se han detectado ejemplares en varios años. Este año hablamos más o menos de medio centenar, aunque puede haber más que estén mar adentro y no hayan arribado a la línea de costa», matiza.

Un ciclo vital corto

No obstante, estas medusas tienen un ciclo vital corto, de unos meses, explica Soler: «Aquí no se reproducen ni hay colonias estables, solo las que entran por el Atlántico, y luego mueren. El tiempo que aguanten en el Mediterráneo dependerá de las condiciones meteorológicas, de la cantidad de zooplancton que haya en el agua… es variable». «De las que no impactan contra la costa, solo las más resistentes, las MacGyver, sobreviven a medida que va aumentando la temperatura del mar», detalla Prieto.

Desde el punto de vista científico, apunta Pilar Marín, bióloga marina de Oceana, «no sería realista pensar que van a proliferar en el Mediterráneo, porque es una especie de aguas atlánticas y, además, está más a merced de los vientos y las corrientes que otras especies porque, al contrario de otras medusas, la carabela portuguesa no está en la columna de agua, sino en la superficie».

Para tener todo este conocimiento sobre esta especie no indígena fue determinante un episodio «muy explosivo y muy rápido» que ocurrió en 2010: «En sólo dos semanas aparecieron miles y miles de colonias desde Huelva a Almería», cuenta Prieto. En realidad, no sabemos cuántas llegaron, pero sí que se retiraron de la costa 100.000 ejemplares.

Como un pato de goma

Gracias al trabajo de los operarios y técnicos de la Junta de Andalucía que recogieron las muestras, las midieron y les dieron los datos, Prieto y otros investigadores empezaron a trabajar en un modelo hidrodinámico, que publicaron en 2015 en «Scientific Reports», donde podíamos plantar las medusas y ver cómo se movían y hasta dónde llegaron. Como las carabelas se mueven con la corriente superficial y con el viento, a la hora de modelarlo es muy fácil, se mueve como un pato de goma», dice Prieto.

Además, buscaron en los registros climáticos y se dieron cuenta de que en 2010 la Oscilación del Atlántico Norte (NAO) –un fenómeno parecido al de El Niño en el Pacífico que controla la fuerza y dirección de los vientos en el Atlántico y, por tanto, dónde se forman las borrascas–, había sido la más negativa en 150 años. Esta situación propicia que las borrascas vengan más hacia el sur de Europa. Y bajando a la escala meteorológica vieron que el viento ese invierno en nuestra zona atlántica había sido predominantemente de componente oeste muy fuerte y persistente, explica Prieto. Son las mismas condiciones que se han dado este año.

Una vez que estos organismos medusoides llegan a la plataforma continental, desde la costa hasta 200 metros de profundidad, en este caso al Golfo de Cádiz, la corriente atlántica que alimenta al Mediterráneo en superficie hace que entren por el Estrecho y luego ya siguen circulando por la corriente general del Mediterráneo, llegan al mar de Alborán, donde pueden quedar atrapadas un tiempo en unos giros que hay, y luego empiezan a subir y entran por el Canal Balear, y se dirigen hacia la costa de Cerdeña e Italia. «Los registros nos muestran que lo más lejos que ha llegado una carabela portuguesa es a Malta y nunca se han visto más allá de septiembre», lo que nos hace pensar que el mar Mediterráneo en verano «es demasiado cálido y salino para ellas».

Con todos estos datos y variables este equipo de investigadores trabaja en un modelo predictivo que, aunque aún preliminar, «este año ya nos dijo que las carabelas llegarían a Ibiza y Formentera en abril y han llegado». La pregunta es obligada: ¿sabremos qué pasará este verano?

Prieto quiere ser prudente: «Este año han ido llegando a goteo, y es muy temprano para saber si han entrado tantas como en 2010, pero nuestro modelo dice que la probabilidad de que este verano quede alguna colonia de carabela portuguesa circulando por el Mediterráneo existe. Es muy probable que alcancen otra vez las costas más allá de las Baleares». Lo cierto es que lo que ocurra este año va a ser determinante en la validación de este modelo, que nos podría decir con antelación cuándo y dónde llegarán estas temidas criaturas a nuestras costas y a las de otros países mediterráneos.