Foto de archivo tomada en 1989 de Georg Ratzinger, hermano de Benedicto XVI, durante un ensayo del coro.
Foto de archivo tomada en 1989 de Georg Ratzinger, hermano de Benedicto XVI, durante un ensayo del coro. - EPA
Escándalo en Alemania

67 menores sufrieron abusos en los años setenta en el Coro de Ratisbona

Entre los responsables podría encontrarse Georg Ratzinger, hermano de Benedicto XVI

ROSALÍA SÁNCHEZ
Corresponsal en BerlínActualizado:

El investigador independiente encomendado por el Obispado de Regensburg para esclarecer los hechos hasta sus últimas consecuencias ha tardado dos años en presentar los resultados definitivos de sus pesquisas. Según ha explicado hoy en una rueda de prensa, al menos 547 niños de la escuela del coro de la catedral de Ratisbona, en el sur de Alemania, fueron golpeados o maltratados por sus maestros o sacerdotes entre 1953 y 1992. El dato más amargo es el de los 67 menores que sufrieron abusos sexuales, según el informe del abogado Ulrich Weber, autor de la investigación y que considera que los responsables de la escuela debieron tener al menos «conocimientos superficiales» de lo que estaba ocurriendo.

La prensa alemana se ha ocupado especialmente de este caso, debido a que entre esos responsables podría encontrarse Georg Ratzinger, hermano del papa emérito Benedicto XVI y director musical del coro entre 1964 y 1994. Weber ha señalado que «los casos reportados de abuso sexual en Ratisbona estuvieron concentrados principalmente en el periodo de mediados a fines de la década de 1970», y dijo que unas «50 víctimas hablaron de 10 perpetradores».

Monseñor Ratzinger, hoy de 93 años de edad, ha asumido en varias ocasiones, tras surgir las denuncias, que los «golpes, es decir, bofetadas, eran comunes no solo en el coro de la Catedral, sino en todos los ámbitos de la educación, así como en las familias». «En el coro de la Catedral no tenían otro significado que en las áreas antes mencionadas», ha dicho, siempre acompañando estas explicaciones de peticiones de perdón a las víctimas y reiterado reconocimiento de lo erróneas que son esas técnicas pedagógicas a la luz de los actuales tiempos. En cuanto a los abusos sexuales, ha asegurado no haber tenido nunca conocimiento de tal cosa y aun así ha pedido igualmente perdón a las víctimas. Sus declaraciones han sido verificadas por Weber, que considera probado que tuvo conocimiento al menos de los castigos físicos que se infligían en la institución, aunque probablemente no de los casos de abusos sexuales.

Ni él ni el resto de sacerdotes tomaron medidas ante los castigos físicos o abusos sexuales, al imperar entonces esa cultura escolar y lo que el autor del informe denomina una «cultura del silencio» respecto a la pederastia. En el estudio se recogen casos que van de caricias y tocamientos a violaciones, así como castigos físicos tales como palizas, bastonazos y golpes con todo tipo de objetos como llaveros o anillos. Asimismo se obligaba a los niños a comer, aunque no querían, o se les negaba el alimento a modo de castigo. Weber ha identificado en su informe a 49 personas que «con alta probabilidad» incurrieron en esas prácticas, de las cuales nueve perpetraron agresiones sexuales.

Joseph Ratzinger, Papa Benedicto XVI cuando estallaron en Alemania los primeros escándalos de abusos a menores en centros católicos, dictó desde el Vaticano una política de «tolerancia cero» y fue el primer pontífice en tomar en serio el combatecontra la pederastia en el seno de su Iglesia. Su intención no llegó, sin embargo, hasta el fondo de todos los Obispados y está siendo el Papa Francisco el que, con nuevas instrucciones a la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha exigido actos rotundos sobre este problema, cuya gravedad y efectos demoledores en la credibilidad y dignidad de la Iglesia resultan evidentes.

Concretamente en el caso del Coro de Ratisbona, Weber señala como principal responsable, por motivos de jerarquía, al entonces obispo Gerhard Ludwig, quien no abordó con la responsabilidad debida la tarea de esclarecer lo que estaba ocurriendo. Cuando aparecieron las primeras denuncias de víctimas, en 1992, el obispado reaccionó con indemnizaciones de lo que denominó «reconocimientos» a las víctimas de entre 5.000 y 20.000 euros, pero después las víctimas se organizaron de forma colectiva bajo la dirección de su representante, Peter Schmitt, que ha elogiado el trabajo de Weber, por considerar que ha contribuido enormemente a sacar a la luz esos casos, y que espera ahora aumentar la cantidad y la cuantía de esos «reconocimientos», que habrán de incluir en su opinión a «víctimas oscuras» que hasta ahora no se han dado a conocer.