Centro Botín, en Santander
Centro Botín, en Santander - Enrico Cano

Más de 200.000 personas visitaron el Centro Botín en 2018

Dos años depués de su apertura, la Fundación Botín mide el impacto social de su actuación en los ámbitos de la cultura, la educación y la ciencia

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La Fundación Botín presentó ayer en Santander su memoria anual de 2018. Durante el pasado año lo más destacado de su actividad fue el aniversario del Centro Botín, inaugurado en junio de 2017. En poco tiempo este espacio ha logrado consolidarse como punto de referencia en la difusión y fomento de la cultura en la ciudad cántabra y en el resto de España.

El Centro Botín es hoy el buque insignia de la fundación creada en 1964 por Marcelino Botín Sanz de Santuola y Carmen Yllera. En 2018 más de 200.000 personas procedentes de 92 países visitaron sus exposiciones o participaron en las actividades culturales -cinco de media a la semana- que en él se organizan.

Situado frente al mar y cerca del centro de Santander, este espacio se ha convertido en un punto de encuentro de los santanderinos y en una nueva atracción turística para la ciudad. Es ya un elemento más del paisaje urbano. Algo que enorgullece a quienes lo dirigen, que recuerdan que uno de sus aspiraciones es que este espacio, además de ser un centro artístico, llegue a ser -hoy aseguran que ya lo es- «un lugar de encuentro cotidiano». «Queremos ser reconocidos como el más social de los centros de arte», añaden.

Durante el acto de presentación de la memoria anual, Iñigo Saénz de Miera, director general de la Fundación Botín, quiso destacar la cesión al centro de las ocho obras maestras del siglo XX que conforman la exposición «Retratos: Esencia y Expresión». Los cuadros, que forman parte de la colección personal de Jaime Botín, patrono de la Fundación, están firmados por artistas de la talla de Matisse, Francis Bacon, Juan Gris, Sorolla, Daniel Vázquez Díaz, Isidre Nonell, José Gutierrez Solana y Pancho Cossío. La concesión de los mismos es para esta fundación «el hecho más importante del año».

Sáenz de Miera reconoce que han superado las expectativas que tenían hace un par de años. «El primer año del Centro Botín ha sido compatible con el desarrollo del resto de áreas de la Fundación», apuntó. Asimismo, se mostró sastisfecho con el nivel de las exposiciones, que calificó de «excelentes» y, bajo su punto de vista, al nivel de las de los grnades museos de España.

Impacto social

Más allá del impacto cultural del Centro Botín, desde hace más de una década la Fundación Botín mide también la repercusión social que tiene su actividad en el ámbito de la educación. El proyecto «Educación Responsable» se ha incluído en el programa «Educación 2030» desarrollado por la Organización para la Coperación y el Desarrollo (OCDE), hecho que anotan como uno de sus grandes logros del año.

En lo que respecta al mecenazgo científico, se prevé que once «startup» dedicadas a la innovación ciéntifica se beneficien de la financiación de la Fundación Botín en sus primeras fases de desarrollo. El objetivo es invertir en su etapa inicial de funcionamiento para posteriormente «dejarlas» al llegar a ser atractivas para otros inversores. Con ello buscan asegurar que desde el primer momento estas empresas sean sostenibles.

A pesar de que el ámbito de desarrollo de los proyectos de esta fundación se circusnscribe fundamentalmente a la comunidad cántabra, el impacto social de los mismos puede medirse en términos nacionales e incluso globales. En el campo de la educación, han comenzado ya a trabajar con centros educativos españoles de fuera de Cantabria, aunque por ahora solo se ha beneficiado de esta expansión la comunidad autónoma de Aragón. En lo que denominan como «área de fortalecimiento institucional», su actuación ha llegado ya a 18 países de América Latina. Su función allí se centra en impulsar el desarrollo social garantizando el buen funcionamiento de las instituciones públicas.