La mala suerte de ser amuleto

La mala suerte de ser amuleto

EDUARDO S. MOLANO. ENVIADO ESPECIAL | DAR ES SALAAM (TANZANIA)
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Cáncer de piel. Ceguera. Problemas médicos a los que el albinismo -una anomalía que se caracteriza por una ausencia congénita de pigmentación en ojos, piel y pelo- se enfrenta cada día de forma paralela a la discriminación social que sufre este colectivo. Pero en Tanzania, a estas dificultades hay que añadir una amenaza que nunca antes había sido descrita en un manual médico. La muerte por descuartizamiento.

En el país africano, la creencia generalizada de que las extremidades y los órganos sexuales de los albinos proporcionan buena suerte a quien los porta provoca cada año que decenas de sus miembros sean agredidos. Sólo en 2008, más de 50 albinos fueron asesinados en Tanzania y Burundi. Una circunstancia que ha rebasado la barrera del fetichismo para convertirse en un asunto de Estado, más aún en un país donde cerca de 170.000 individuos forman parte de este colectivo. La mayor tasa del mundo.

Por ello, la pasada semana, el Gobierno de Dar es Salaam convocó un «referendum» atemporal para que cualquier ciudadano pudiera señalar a quienes consideran sospechosos de agredir a albinos, para posteriormente proceder a la detención de aquellos que cuenten con más votos. Una surrealista medida que apenas cuenta con el apoyo de la «Fundación de Albinos de Tanzania». Como señala a ABC su secretario general, Abdillah Omari, «esta circunstancia no sólo no normaliza nuestra situación, sino que incitará en mayor medida al odio».

Unas agresiones que Omari conoce a la perfección. «Cada día tengo que escuchar como, entre susurros, la gente habla del modo en el que van a matarme. Y eso que vivo en la capital. En las zonas rurales, donde los brujos controlan las administraciones locales, es imposible huir de estas creencias», afirma el representante del colectivo. Tampoco la designación directa, en abril del pasado año, de una parlamentaria albina, Al-Shymaa Kway-Geer, ha servido para paliar la situación. «Su elección tan sólo fue la táctica del burro y la zanahoria. Se nos otorga un cargo político, pero seguimos al margen de la esfera pública», remarca.

Matanzas

Una actualidad mediática a la que sólo parecen regresar cada vez que se producen nuevas matanzas. El 16 de marzo, las autoridades de Burundi detuvieron a diez personas acusadas de asesinar a albinos para comercializar sus restos mortales en Tanzania. Un comercio que tiene como principales clientes a los mineros de la zona que buscan en estos macabros amuletos métodos alternativos que les libren de la muerte a la hora de adentrarse en los yacimientos de oro de la zona.

Mientras, y a escasos metros de la «Fundación de Albinos de Tanzania», decenas de miembros de este colectivo se agolpan a las puertas del centro médico «Ocean Road», especializado en el tratamiento del cáncer de piel. «Mientras nuestro problema no sea catalogado médicamente como una discapacidad, al igual que ocurre en otros países como Suráfrica -remarca Omari- nunca contaremos con la dignidad y los derechos para que Tanzania nos pueda mirar directamente a los ojos».