Madrid pasa en dos meses de tener la peor incidencia del virus a ser la quinta mejor región de España

Una estrategia diseñada por médicos, con test de antígenos y cierres por zonas, ha sido clave

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Algo se torció en Madrid a mediados de julio; ese fue el punto en que se inició la segunda ola del Covid-19, que llevó a la región de los 238 hospitalizados del 1 de agosto a los 2.085 de ayer. Las cifras galopantes llevaron al Ejecutivo madrileño a adoptar en septiembre una nueva estrategia: test de antígenos y confinamientos por zonas básicas de salud, en contra de la opinión del Gobierno de la nación y de algunos expertos. Los resultados saltan a la vista: la incidencia de la pandemia en Madrid es hoy de 328 casos, el quinto mejor dato autonómico, por debajo de los 504 de media en España. La «bomba vírica», como la definió el presidente castellano-manchego, Emiliano García-Page, está ahora entre las mejores comunidades.

Si a mediados de septiembre Madrid era considerada «la peor región de Europa» en contagios, ahora sus cifras de incidencia acumulada a siete días son mejores que las de Londres, Berlín, París, Roma y Bruselas, según datos del Gobierno regional.

Equipo de médicos

La estrategia que ha conseguido esta transformación ha llegado de la mano de un grupo de profesionales y de la presidenta regional que ha confiado en ellos. Isabel Díaz Ayuso dejó la elaboración de su estrategia contra el Covid en manos de su equipo en la consejería de Sanidad: el consejero Enrique Ruiz Escudero, médico; los viceconsejeros Antonio Zapatero y Juan Gómez Armengol, médicos; la directora de Salud Pública Elena Andradas, médico; y los técnicos del área.

Su plan ha funcionado. Lo avalan la caída de contagios -siete semanas consecutivas con descensos, un 66 por ciento en la última y más del 23 por ciento desde hace 15 días-, y de la cifra de hospitalizados -un 33 por ciento menos respecto al «pico» de la segunda ola-.

El cambio de estrategia se materializó a mediados de septiembre en dos medidas: la puesta en marcha de las primeras restricciones por zonas básicas de salud, polémicas y mal entendidas entre la población. Y la llegada masiva de test de antígenos, que han revolucionado la técnica diagnóstica al ofrecer resultados en 15 minutos, lo que permite mayor control de los posibles contagiadores.

Una semana después de los primeros cierres perimetrales por barrios, la curva comenzó a doblarse. Y desde entonces, no ha dejado de bajar, ante la incredulidad de las autoridades sanitarias nacionales, que llegaron a poner en duda los datos. Con los números en claro descenso, se llegó al 9 de octubre en plena refriega política con el Ejecutivo de Pedro Sánchez. Éste no dudó en imponer un estado de alarma sólo para Madrid cuando los datos confirmaban que la estrategia de cortes parciales estaba dando frutos: Madrid había bajado de los 800 a 550 casos de incidencia a 14 días.

La presidenta Díaz Ayuso ha luchado con uñas y dientes por no cerrar la hostelería, y de momento Madrid es una de las pocas regiones en que siguen abiertos bares y restaurantes. Pidió a sus técnicos fórmulas intermedias que no supusieran el cierre total -que asfixiaría a la economía- pero fueran capaces de frenar la pandemia. Entre economía y salud, la política madrileña prefería no tener que elegir, consciente de que según estudios de los empresarios madrileños, cerrar Madrid dos semanas costaría hasta 5.600 millones de euros a la economía española.

Los resultados parecen avalar su método: el empecinamiento de Díaz Ayuso en cerrar los «puentes» de noviembre sólo por días, y no en semanas completas, iba en esta línea. Y hoy Madrid ya se permite levantar las restricciones en diez zonas básicas de salud, por sus buenos datos.

Sigue habiendo escépticos que interpretan que el descenso de casos está relacionado con la realización de menos PCR. Madrid ha sustituido muchas por los test de antígenos, pero las cifras de las pruebas realizadas siguen siendo apabullantes: según Sanidad, del 1 al 7 de noviembre se hicieron 53.998 PCR y 121.839 test de antígenos en la región, con un porcentaje de positivos del 8,09 por ciento. Pero nadie se relaja en Madrid por las buenas cifras: el toque de queda sigue, y se desaconsejan los desplazamientos innecesarios. Saben que con la pandemia, la mejor situación puede darse la vuelta en semanas.

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