Lufthansa ofrece bonos compensatorios de emisiones CO2

La aerolínea alemana ha decidido lanzar al mercado unos bonos de compensación voluntarios, de manera que cada cliente puede decidir de manera voluntaria si paga o no un dinero extra al comprar su billete de avión y la compañía se compromete a destinar ese dinero a proyectos que compensen las emisiones

BerlínActualizado:

Movimientos como Fridays for Future han despertado en los alemanes que vuelan en avión mala conciencia climática, porque se consideran causantes de altos niveles de misiones de CO2. Por eso la aerolínea alemana Lufthansa ha decidido lanzar al mercado unos bonos de compensación voluntarios, de manera que cada cliente puede decidir de manera voluntaria si paga o no un dinero extra al comprar su billete de avión y la compañía se compromete a destinar ese dinero a proyectos que compensen las emisiones y que van desde la reforestación en Nicaragua hasta el apoyo al desarrollo de energías renovables. El sistema ha sido desarrollado por los técnicos de Lufthansa Innovation Hub y ofrece incluso la posibilidad de comprar bonos compensatorios por vuelos realizados por otras aerolíneas. La cantidad a pagar la elige el cliente, de manera que por el mismo vuelo se pueden pagar entre 2,20 euros y 83 euros añadidos al precio del billete, con multitud de posibilidades de cantidades intermedias.

«Lo hacemos porque nuestros clientes lo reclaman”, dice el director gerente del Centro de Innovación de Lufthansa, Gleb Tritus, que señala como una de las opciones preferidas para la compensación de emisiones la financiación de combustibles menos contaminantes que el queroseno convencional, biocombustibles más caros pero con menor nivel de emisiones. «Las emisiones disminuyen hasta en un 80% mediante el uso de combustible SAF en vuelo», apunta a modo de ejemplo, «y es más ventajoso que la reforestación porque la foresta convencional solo desarrolla su compensación completa después de un periodo de crecimiento de 20 años». «En consecuencia, vemos claramente que SAF es la clave más efectiva y de corto plazo para la aviación neutral en CO2», dice. Y esto solo es el principio. Para el futuro, Tritus anuncia la incorporación de canales de compensación adicionales.

Según Lufthansa, el bioqueroseno es aproximadamente cuatro veces más caro que el combustible fósil. A través de la plataforma «Compensaid», gestionada por la Fundación Suiza de Protección del Clima, se ofrece al pasajero comprar la cantidad requerida de queroseno sostenible, entre otras opciones. Con un consumo individual per cápita de 28 litros en la ruta Hamburgo-Fráncfort, por ejemplo, se traduciría en un recargo de 45 euros a los 17 euros de costes regulares de queroseno. Si se opta por un proyecto de reforestación, el pasajero añadiría solamente 3 euros al precio del billete.

Lufthansa responde así a una cuestión que se ha convertido en prioridad en la agenda de las aerolíneas. Otra respuesta es, por ejemplo, la de Dutch, que KLM ha publicado vídeo con un cuestionario, como parte de su campaña «Volar responsablemente». «¿También podría viajar en tren?» o «¿Siempre tiene que reunirse en persona?» son algunas de las preguntas que plantea a sus potenciales clientes, en una especie de publicidad inversa con la que espera desterrar susceptibilidades que cada día que pasa convierten el vuelo en avión en algo mal visto en las sociedades del norte de Europa.

El partido político Los Verdes, en Alemania, que aparece en algunas encuestas de intención de voto en primer lugar de cara a las próximas elecciones, plantea limitar el número de vuelos al año que puede realizar cada ciudadano, así como la generación de un mercado de derechos de vuelo que permita a quienes vuelan menos vender sus derechos a quienes vuelan más. Esta opción, sin embargo, tendría como consecuencia inmediata un aumento del precio de los billetes de avión, por restricción del mercado, y un grave retroceso en la democratización del transporte aéreo, lograda a principios de este siglo con las líneas low cost y que quedaría en el recuerdo, puesto que solo los más ricos tendrían la posibilidad de volar con la frecuencia deseada. Lufthansa desea por ello adelantarse a medidas que considera perjudiciales y ofrece esta plataforma como alternativa.

«Me parece bien», dice Ari, dispuesto a subir a su vuelo de vuelta desde Berlín a Madrid después de haber asistido a un curso de alemán de tres semanas de duración, «si las cantidades son esas, son bastante asequibles y las personas concienciadas sentirán que pueden hacer algo… y como es voluntario, cada uno puede decidir si participa o no ». «No estoy de acuerdo», dice por su parte Anne, que vuela con sus dos hijos desde Salzburgo, vía Düsseldorf, y que considera que para una familia con varios hijos volar es ya suficientemente caro. «Las que se lucran por esa actividad contaminante son las empresas, por lo que deberían ser ellas las que paguen algún tipo de impuesto extraordinario, no los clientes», responde mientras espera para embarcar en el aeropuerto de Tegel. En encuestas más rigurosas, la mayoría de los ciudadanos alemanes se declara a favor de elevar la protección del clima a una obligación del Estado incluida en la Constitución. Un sondeo del instituto de opinión YouGov registra a favor de esa reforma constitucional al 58% de los alemanes, porcentaje que entre los jóvenes de entre 18 y 24 años el porcentaje a favor sube hasta el 79%.