Iborte se define como estudioso, que no estudiante, y ensalza las virtudes de la voluntad,«lo único de lo que diponemos».F.Simón

José Luis Iborte: «Me voy a morir pensando en lo que he dejado de leer y aprender»

José Luis Iborte, de 76 años, acaba de terminar su décima carrera, Medicina, y ya piensa en empezar la siguiente: Psicología. Apasionado de la música, la literatura y la pintura, conversar con él es asomarse al balcón de la sabiduría. Humilde, dice que sólo tiene un nivel cultural «decente», y añade: «Me voy a morir pensando en lo que dejé de leer y aprender».

MADRID. R. BARROSO
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Habla con la prestancia y serenidad de quien ha vivido, con la tranquilidad de un hombre de 76 años pero con la inquietud y la alegría de un niño al que aún le quedara todo por saber. Rodeado de uno de sus grandes tesoros, sus más de 9.000 libros, José Luis Iborte se define como «un bicho raro»; y lo cierto es que, de alguna forma, lo es. Porque de lo contrario, ¿cómo explicar que a su edad acabe de licenciarse en Medicina? Un hecho meritorio pero que no pasaría de anecdótico si no fuera porque con ello consigue la décima licenciatura de su vida.

Este zaragozano nació «por accidente» en Barbastro y siguió los pasos de su padre a la hora de elegir la abogacía como profesión. Pero si Derecho fue la primera de sus carreras su empeño por aprender le ha llevado a licenciarse en Filosofía y Letras, Geografía e Historia, Historia del Arte, Filología Románica, Francesa, Inglesa, Clásica, Economía y Empresariales y, recientemente, Medicina.

José Luis es todo un hombre de letras, pero reconoce que después de haberse dedicado más de cuarenta años a la abogacía no le gusta toda la «parafernalia» que rodea a su profesión y que lo suyo es la literatura. No obstante, aclara que ha tenido suerte en su trabajo, que le ha permitido tener un buen nivel económico para poder dedicar su tiempo libre a formarse. Pero, ¿por qué a un hombre de letras le da por estudiar Medicina?José Luis se ríe y contesta: «Sabía que me iba a hacer esa pregunta». La respuesta para él resulta obvia: «He estado trabajando 15 años de asesor jurídico en un hospital de Bilbao y creo en lo que decía Marañón, que la verdadera medicina se aprende en la cama del enfermo». Por lo tanto, después de llevar numerosos juicios a pacientes víctimas de accidentes de tráfico, decidió licenciarse en aquello sobre lo que cada día aprendía un poco más. «Ya puedo prescribir, -dice orgulloso- pero que estén tranquilos los estudiantes del MIR porque no voy a robarles el pan».

A pesar de dedicarse de manera constante al estudio, José Luis es un hombre activo que todavía escribe libros y pinta. A pesar de no haber viajado nunca fuera de España, tiene claro que si la vida le hubiera dejado elegir habría vivido en Florencia durante el Cuatrocento. Su casa de Zaragoza está dividida en tres pisos: en el primero vive, en el tercero se dedica a pintar y en el segundo tiene su valiosa biblioteca. «Antes los libros estaban en mi despacho de abogado, y cuando los clientes entraban me pedían disculpas porque pensaban que se habían equivocado y estaban en una biblioteca», recuerda divertido. «Me he gastado mucho dinero en libros; por desgracia, ahora me lo gasto en clínicas». Considera que ha adquirido una cultura «decente», aunque se lamenta: «Me voy a morir pensando en lo que he dejado de leer y aprender».

José Luis vive solo, ya que su mujer permanece ingresada en una clínica por padecer Alzheimer y su hijo en un hospital psiquiátrico afectado de esquizofrenia. «A veces resulta duro seguir adelante y sentarse a estudiar, porque a pesar de mi empeño, de mis títulos universitarios y de mis libros, me duele llegar a casa y ver dos habitaciones vacías. Soy humano». Cada día sale a visitarlos, a su esposa por la mañana y a su hijo por la tarde. Reconoce, eso sí, que ya comienzan a olvidársele algunas cosas. «Pierdo los bolígrafos, la cartera y muchas veces busco las gafas cuando las tengo puestas. Lo cierto es que a mis años no se está en la edad de oro de la memoria, pero me debieron repartir demasiadas neuronas porque todavía me funcionan muchas».

Música, pintura, literatura...

Le gusta la música, sobre todo la clásica y la zarzuela. «Mire -explica- yo hasta las demandas judiciales me las preparaba con fondo musical». Pero si la música le apasiona, hablar con él de literatura es perderse en un mar de autores, obras, versos. José Luis es un admirador de Fray Luis de León, de Alberti, de Lorca, de Azorín, de Salinas, de Sánchez Ferlosio... «Los autores modernos me gustan menos, pero sí Sánchez Dragó o Gala, que también tiene tres carreras universitarias. ¿Lo sabía? Pero yo le gano por siete».

Para explicar lo que ha conseguido, dice: «Le voy a decir algo. Dios reparte a boleo la inteligencia y la memoria, pero de lo único que disponemos es de la voluntad. ¿Ha visto las piedras decantadas de los ríos? Pues piense que ellas son nuestro cerebro y que el agua es la voluntad que a fuerza de tiempo y constancia acaba alisándolas».