Isabel la Católica, santa

Lo más relevante del simposio celebrado en Valladolid ha sido que se ha roto el muro de silencio sobre las virtudes heroicas, la fe ejemplar y el modelo de mujer que fue Isabel I de Castilla

José Francisco Serrano Oceja
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Esta semana se ha celebrado en Valladolid un Simposio Internacional sobre «Isabel la Católica y la Evangelización de América», entre otras razones para alentar la causa de beatificación de la Reina. Lo importante del Congreso, en el que ha participado, entre otros, el vicepresidente de la Pontificia Comisión para América Latina del Vaticano y hombre de confianza del Papa, el profesor Guzmán Carriquiry, no ha sido tanto que se hablara de historia, de la que se ha hablado y mucho. Lo más relevante ha sido que se ha roto el muro de silencio sobre las virtudes heroicas, la fe ejemplar y el modelo de mujer que fue Isabel I de Castilla, tal y como testimoniaron, entre otros, sus confesores fray Hernando de Talavera y el mismo cardenal Cisneros. El beato Juan de Palafoxescribió que si Isabel hubiera sido monja, sería como santa Teresa de Jesús; y si Teresa de Cepeda hubiera sido reina, tendríamos a Isabel.

Una vez que el estudio histórico de la Causa deja poca duda sobre las virtudes heroicas de la Reina, sus promotores debieran abandonar ese actitud pasiva en su propuesta y ponerse manos a la obra en el proceso de beatificación de una Reina que contribuyó a construir el Estado moderno, a reformar la Iglesia y a que la empresa americana fuera no solo económica y comercial. La característica más acusada de la personalidad de Isabel fue su religiosidad. Nada de su vida y de su obra puede entenderse sin esta virtud. Ser santa no quiere decir que en su vida no hubiera error o pecado. Pero hay dos aspectos suyos que destacan: su condición de mujer, madre y esposa ejemplar, al tiempo que gobernante.

Y su avanzada concepción de la dignidad humana, cuestión esencial para el primer reconocimiento de los Derechos Humanos contenido en la «Pragmática» de Medina del Campo (28 de octubre de 1480). Es posible que haya quien considere anacrónica esta beatificación. No sería una locura imaginar que el primer papa latinoamericano tenga un protagonismo singular en esta Causa. Esto no es nacionalcatolicismo. Es algo más que historia.

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