El prefecto apostólico de Battambang, Kike Figaredo junto a los niños de Camboya en Madrid
El prefecto apostólico de Battambang, Kike Figaredo junto a los niños de Camboya en Madrid - Belén Díaz

La infancia mutilada por las minas en Camboya se convierte en un documental

El misionero Kike Figaredo presenta en Madrid la historia de cinco niños que han conseguido estudiar gracias a su labor en Battambang

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La familia camboyana del misionero español Kike Figaredo no deja de crecer. En 34 años, el prefecto apostólico de Battambang ha conseguido poner en marcha una importante red de ayuda que hoy beneficia a más de 10.000 personas. Muchos de ellos, son niños. Precisamente cinco de ellos, le han acompañado estos días a Madrid para presentar el documental «Misión en Battambang. Tras los pasos de Kike Figaredo».

La cinta relata precisamente la historia de estos cinco niños: Toi, Wanari, Pailou, Shameth y Sokmalí. Todos ellos víctimas de la guerra, de la pobreza o de la injusticia extrema. «Estamos muy contentos de estar en España. Es un país muy bonito, con edificios muy altos y muchos espacios verdes», afirma a este periódico Shameth, momentos antes del estreno de la cinta en los Teatros Luchana de Madrid. Detrás de su sonrisa inocente se esconde una vida difícil marcada por la violencia de la guerra. A los siete años una mina le estalló en su cuerpo mientras paseaba sus vacas. Perdió una mano y la visión de uno de sus ojos.

Gracias a la obra del misionero Kike Figaredo, Shameth puede ir ahora a la escuela y estudia con el apoyo de Borja Barrera, un voluntario español, que lleva tres años en Camboya. Con una enorme lupa en su ojo derecho y una linterna atada a su frente, el niño aprende Lengua y Matemáticas como cualquier niño de su edad.

«Todos tiene derecho a tener una educación. Es increíble la capacidad de Shameth para tomar las oportunidades que le da la vida», asegura el padre Kike. El documental solo recopila cinco historias, pero ellas representan las de los más de 6.000 niños que estudian en las 20 escuelas que el misionero ha construido en Camboya.

«Queremos responder a las necesidades básicas de la gente que son el acceso a la educación, a la salud, a la alimentación», señala «el obispo de las sillas de rueda», como le han bautizado en Camboya. Su labor en favor de las personas mutiladas por las minas antipersona que siguen bajo la tierra --después de terminada la guerra en el año 2000-- le ha valido ese apodo y el cariño de mucha gente.

El documental que se estrenó este miércoles en Madrid tiene por objetivo dar a conocer su obra y «buscar amigos que puedan ayudar», comenta Borja Barrera. Su meta ahora es que aquel sueño que Figaredo comenzó cuando llegó a Camboya en 1985 sea sostenible en el tiempo. «Ahora nos ocupamos de la educación básica pero nos gustaría hacer formación en liderazgo, mejorar la seguridad alimentaria de la gente y poner en marcha proyectos que generen recursos económicos para volver a invertir en la gente», explica el misionero.

En España, Kike Figaredo cuenta con la ONG Sauce, su otra familia. De allí proceden muchos de los voluntarios que le ayudan en Camboya y la mayoría de los recursos económicos. La familia española del «obispo camboyano» lleva 34 años demostrando que la solidaridad no tiene fronteras.