Varios bomberos luchan contra las llamas en un incendio forestal declarado en Bele, cerca de Monchique
Varios bomberos luchan contra las llamas en un incendio forestal declarado en Bele, cerca de Monchique - EFE

El incendio del Algarve, «dominado» ocho días después

Protección Civil de Portugal da por zanjado el fuego en la Sierra de Monchique, con 27.000 hectáreas arrasadas y altos daños ambientales

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Ocho días después, el incendio del Algarve está «dominado», según la palabra empleada por la Autoridad Nacional de Protección Civil de Portugal. Sin embargo, deja un rastro de destrucción y desolación que pone los pelos de punta a los ciudadanos del país vecino.

Han ardido 27.000 hectáreas, en el mayor fuego declarado este año en Europa, incluso con una dimensión más elevada que la tragedia registrada en Grecia, donde fallecieron 94 personas.

Y justo cuando todo ha terminado es el momento elegido por el primer ministro socialista, António Costa, para visitar la región afectada. ¿Por qué no lo ha hecho antes?, se preguntan muchos portugueses, incrédulos ante la actitud de su máximo dirigente, quien para colmo se permitió declarar: «Todo va bien. No ha muerto nadie y este incendio es la prueba de que las cosas se están haciendo bien».

Las redes sociales se han llenado de mensajes de protesta: «Si se está haciendo todo tan bien, ¿cómo es que se ha tardado tanto tiempo en controlar las llamas?».

De hecho, 300 lugareños han sido desalojados de sus casas y los heridos no dejaban de aumentar, con hasta 80 vecinos atendidos, de los cuales 30 eran bomberos.

Como ya sucedió el año pasado durante la tragedia de Pedrógao Grande, la gestión de la crisis ha vuelto a quedar en entredicho: primero porque el mando inicial no correspondió a los bomberos de Monchique sino a la comandancia distrital de Faro, cuyo personal no conocía el terreno tan bien; después porque la dirección nacional de Protección Civil se hizo cargo de las tareas únicamente tres días atrás.

En consecuencia, los vaivenes no cesaron de manifestarse y las columnas de humo se adueñaron de un amplio perímetro de 110 kilómetros a la redonda.

El Gobierno británico recomendó a sus ciudadanos que no viajaran a la región, o al menos que se afanaran en extremar las precauciones. De ahí pasaron a observarse cancelaciones de reservas hoteleras a medida que las cadenas internacionales de televisión divulgaban las imágenes de las llamas y de la ceniza que caía del cielo.

Los vuelos al aeropuerto de Faro se vieron afectados, con numerosos retrasos tanto en las salidas como en las llegadas. Un panorama que ha hecho mucho daño a la economía de la zona… y eso que no se produjo ninguna víctima mortal.

La Sierra de Monchique, de alto valor ambiental y con numerosos manantiales de los que brota el agua que la industria local comercializa, ha quedado completamente arrasada.

Las madrugadas eran largas y el fuego se reavivó tras un repunte, con seis focos en marcha y el pánico extendiéndose hacia Silves y Portimao. De manera que la preocupación se adueñó de todo el área, con la población atemorizada porque transcurrían los días y la situación continuaba sin estar bajo control.

Incluso hubo que desalojar a los clientes de dos complejos hoteleros de las proximidades, donde proliferan este tipo de establecimientos porque se trata de una franja eminentemente turística.

La electricidad tuvo que ser cortada en algunas zonas, mientras que en otras hubo que echar mano de generadores. Y el teléfono de emergencias, el 112, estaba completamente colapsado, con decenas de llamadas sin respuesta.

La villa de Monchique permaneció aislada, pues todas las carreteras que la circundan resultaron cortadas y las nubes de humo convertían el aire en irrespirable.

Hacía siete meses que el plan de intervención contra incendios aguardaba a ser aprobado, algo que salió a la luz en los últimos días y desesperaba a los habitantes de los alrededores, conscientes de que el 72% de los árboles son eucaliptos.

Se movilizaron 1.400 operarios y 370 vehículos terrestres, además de 16 helicópteros de diferentes tamaños y dos grandes aviones Canadair enviados por el Gobierno español.

Además, si repuntara todavía más la catástrofe ecológica, podría llegar a suceder que las llamas pasaran a territorio español.

El Instituto Nacional de Emergencia Médica (INEM) no daba abasto, especialmente porque se aliviaba la situación en unos puntos pero se agravaba en otros.

El incendio se extendió a lo largo de dos frentes: uno en dirección a Caldas de Monchique y el Vale do Boi, el otro camino de la aldea de Sao Marcos da Serra.