La Iglesia admite que las monjas que viven en zonas de riesgo tomananticonceptivos por posibles violaciones

MADRID. Jesús Bastante
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El obispo de Segorbe-Castellón, Juan Antonio Reig, afirmó ayer que la Iglesia admite que, en casos de peligrosidad manifiesta, las religiosas misioneras que vivan o acudan a zonas en conflicto, donde corran cierto riesgo de sufrir violaciones, puedan tomar píldoras para evitar embarazos. «Se trata de un mecanismo de autodefensa ante una posible violación, no con un criterio de anticoncepción», señaló al final de la rueda de prensa con motivo de la celebración, el próximo domingo, de la Jornada por la Vida. Se trata de la primera vez que un obispo español reconoce tales prácticas, que en términos generales son condenadas por la Iglesia, en la mayoría de los casos, con la pena de excomunión.

Monseñor Reig, presidente de la Subcomisión de Familia y Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal española, en respuesta a una pregunta sobre si la píldora y los métodos anticonceptivos podrían tener excepciones en estos casos, apuntó que en el caso de la utilización de la píldora por parte de las monjas «cambia la naturaleza del acto moral». «Es un acto de defensa personal ante una agresión y no un acto que vaya contra la concepción», recalcó.

Horas más tarde, en conversación con ABC, Reig aclaró que «no es lo mismo la toma de este tipo de fármacos como prevención para una persona cuyo fin no es el de mantener relaciones sexuales, que otra para la que su problema sea quedarse o no embarazada mientras mantiene este tipo de relaciones».

El obispo de Segorbe-Castellón también se mostró preocupado por la llamada «clonación terapéutica», dado que «no es verdad que la persona sea tomada como tal a partir del día 14 de ser concebida, cuando la vida es un ser contínuo desde que el óvulo es fecundado». Reig subrayó que «la vida necesita protección en todos los sentidos, y desde la fecundación». De este modo, condenó «el crimen abominable del aborto», y apuntó la necesidad de proteger «todas las vidas, desde las embarazadas a los marginados, los que vienen buscando trabajo en nuestras tierras, las víctimas del terrorismo y los ancianos». En el texto episcopal con motivo de la Jornada de la Vida, se afirma que el aborto es uno de los grandes problemas de nuestra sociedad, que está consiguiendo que «la cuna natural de la vida» se esté convirtiendo para el no nacido «en el corredor de la muerte».

Finalmente, Reig indicó que «una sociedad que legitima un crimen tan abominable como el del aborto está perdiendo el sentido mismo de la dignidad humana, base de los derechos fundamentales y de la verdadera democracia».