La tripulación del «Malizia II». De izqda. a dcha. el patrón Boris Herrmann, el cineasta Nathan Grossman, Pierre Casiraghi, la activista Greta Thunberg y su padre Svante Thunberg , cruzando el océano atlántico en una imagen tomada el 15 de agosto
La tripulación del «Malizia II». De izqda. a dcha. el patrón Boris Herrmann, el cineasta Nathan Grossman, Pierre Casiraghi, la activista Greta Thunberg y su padre Svante Thunberg , cruzando el océano atlántico en una imagen tomada el 15 de agosto - EFE

Greta Thunberg también contamina

Cruza el Atlántico en un velero ecológico para llegar a Nueva York sin dejar ningún rastro de CO2 pero parte de su tripulación volará en avión

ROSALÍA SÁNCHEZ
CORRESPONSAL EN BERLÍNActualizado:

Era todo tan climáticamente neutral… Greta Thumberg cruzando el océano en un velero sin ducha ni inodoro, sin dejar una sola huella de CO2 en su travesía… pero el periódico alemán TAZ ha roto la magia y ha destapado una realidad que sin duda sorprenderá a muchos de los seguidores de este icono medioambiental global. El portavoz de Boris Herrmann, patrón del Malicia II, el yate en el que la activista navega desde Plymouth hasta Nueva York para asistir allí a la cumbre climática de la ONU, se ha visto obligado a reconocer a los redactores de TAZ que al menos cinco tripulantes, marineros empleados, tendrán que navegar con el barco de regreso a Europa, después de que Greta haya culminado su epopeya y se encuentre ya arengando a los representantes de Naciones Unidas.

¿Y cómo llegarán esos empleados desde Reino Unido a Nueva York para hacerse cargo del barco? «Por supuesto en avión, no hay otra manera», ha dicho el portavoz, que también ha admitido que el patrón, Boris Herrmann, a sus 38 años de edad, tiene suficiente con la travesía de ida por mar, por lo que el viaje de vuelta lo realizará también en avión.

Junto con Greta, cuatro hombres navegan rumbo a Nueva York: su padre Svante, los dos marineros profesionales Boris Herrmann y Pierre Casiraghi y un cineasta que registra en imágenes todo lo que sucede a bordo. El marinero profesional Herrmann explicó antes de zarpar, todavía con las 3.500 millas náuticas por delante, que: «Este viaje simboliza dos cosas: reemplazar los combustibles fósiles no es fácil y dominar este desafío puede ser una gran aventura».

Pero las cuentas demuestran que la cosa queda en eso, un símbolo. Si Greta y su padre Svante se hubieran limitado a reservar un vuelo de ida y vuelta Nueva York, habrían sido ocupadas cuatro plazas contaminantes. La modalidad de viaje elegida supondrá en cambio la ocupación de nueve plazas, aumentando las emisiones de CO2 per cápita y añadiendo más fuego al infierno del calentamiento.

La marca del Principado

Lejos de pertenecer a los negacionistas del calentamiento climático, el diario TAZ defiende en su línea editorial la ideología ecologista y se alinea frecuentemente con el partido Los Verdes. Pertenece a más de 5.000 abonados, lo que garantiza su independencia y con una tirada de unos 60.000 ejemplares y casi 50.000 suscriptores representa un azote a menudo irreverente de las ideologías dominantes. El hecho de que este medio se haya lanzado a la desmitificación de la odisea de Greta parece estar relacionado con un detalle que ha irritado especialmente a la redacción y que no es otro que el logo publicitario que aparece tanto a babor como a estribor del «Malizia II», el del exclusivo Yacht Club de Mónaco.

«La marca del Principado no tiene nada que ver con la protección del clima!», protestan sus redactores, «en Mónaco los coches de Fórmula 1 expulsan sus gases de tubo de escape, CO2 desenfrenado en grandes cantidades al aire. El club de yates alberga impunemente enormes barcos que se encuentran entre los peores contaminadores del aire con sus motores diésel».

Superyates contaminantes

Mónaco, en efecto, está particularmente orgulloso de albergar una cuarta parte de los 100 superyates más grandes del mundo y el espacio publicitario, especialmente prominente, que Greta ha proporcionado a su sponsor, desagrada a los activistas del clima. Mónaco, por lo demás, es un símbolo global de lujo despreocupado. Irónicamente, el espectador del viaje en barco casi podría pensar que el principado, en el que por cierto no se pagan impuestos directos, es en el sentido de Greta un ejemplo en términos de protección climática.

Seguramente ajena a estas susceptibilidades, Greta navega hacia el liderazgo global empeñada en hacer reaccionar al mundo. «No sé si realmente seremos capaces de evitar una catástrofe climática de aquí al año 2030», ha declarado antes de zarpar a la revista británica GQ, que publicará su foto en portada en el número de octubre junto al agresivo titular «¿Puedes oírme?», «no soy optimista ni pesimista, sino realista, y creo que es posible, dentro de las leyes de la física, evitar el peor resultado posible. Aunque si no llevamos a cabo los cambios necesarios, tal vez no».