La gran fiesta de la Virgen desbordará hoy todos los pueblos de España

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LAURA DANIELE

MADRID. No habrá hoy pueblo ni ciudad en España que no salga a la calle para celebrar la fiesta de la Virgen de Agosto, como popularmente se ha denominado a esta celebración litúrgica que conmemora desde hace siglos la Asunción de la Madre de Dios a los cielos, un misterio de fe que ya era venerado por los católicos, incluso mucho antes de que el Papa Pío XII lo proclamara en 1950 como un dogma de fe.

Así, bajo distintos títulos y advocaciones -La Paloma, en Madrid; de los Reyes, en Sevilla; de Begoña, en Bilbao; la Candelaria, en Canarias; del Sagrario, en Toledo-, las calles se colmarán de cientos de miles de fieles para acompañar a la Virgen en procesión en uno de los meses más mariano, junto a septiembre, de todo el año.

De lo religioso queda el nombre

El obispo de Guadalajara-Sigüenza, monseñor José Sánchez, sin embargo, ha lanzado una voz de alerta y ha pedido a los creyentes que colaboren para que no se pierda el sentido religioso de esta celebración tan importante para la Iglesia. En su carta pastoral de esta semana, el prelado advirtió sobre «el peligro o el riesgo que corren las fiestas religiosas en determinados ambientes» cuando «los elementos folklóricos, turísticos, económicos o de diversión se imponen al sentido religioso». «De la fiesta religiosa -señala- quedaría el nombre y, a veces, ni eso. Ya es frecuente oír decir «las fiestas de agosto», «las fiestas de verano» o «las fiestas del pueblo»».

Si bien para monseñor Sánchez es «natural» que a la celebración religiosa se incorporen la celebración familiar, o elementos lúdicos, artísticos, culturales o de entretenimiento, «todo debe ser compatible dentro de un orden».

La festividad de la Asunción hace todos los años de los pueblos, que se colman de turistas y de los propios lugareños que no quieren perderse la cita, una manifestación de religiosidad popular. Una de las fiestas más particulares, además del célebre y místico «Misterio de Elche», es la de Canarias. Allí, la víspera del día de la Asunción, se celebra la tradicional representación del encuentro de los guanches con la imagen de la Virgen de la Candelaria en la playa de Chimisay. Y es que, según reza la tradición, la Virgen se adelantó a los misioneros a la hora de anunciar a los aborígenes el Evangelio.

«Para nosotros es una celebración de máxima importancia, ya que nuestra fe encuentra sus raíces, su origen en torno a la veneración de esta sagrada imagen», afirmó el obispo nivariense, Bernardo Álvarez, para quien esta fiesta, que congrega a miles de personas de distintos puntos de las islas, sobre todo de Tenerife, «tiene un profundo sentido religioso y está muy arraigada en el sentir del pueblo canario».