Un gesto para la integración

Hace cuatro años, Blanca y Julián trajeron a la vida a Jimena, una preciosidad de ojos verdes claros, «inquieta como ella sola», asegura orgulloso su padre. Unas horas después, este joven matrimonio

POR J. B. FOTO FRANCISCO SECO MADRID.
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Hace cuatro años, Blanca y Julián trajeron a la vida a Jimena, una preciosidad de ojos verdes claros, «inquieta como ella sola», asegura orgulloso su padre. Unas horas después, este joven matrimonio de Madrid se topó con una dura realidad: la pequeña Jimena no podía oír, había nacido sorda.

«Al principio, imagínate, la noticia nos cayó como una bomba. No estábamos preparados para ella», afirma Julián. En sus respectivas familias no constaban antecedentes de sordera. Pero la tristeza inicial pronto dejó paso a la sonrisa. «Era nuestra hija, la habíamos buscado desde hacía muchos años y la íbamos a querer igual, pudiera o no escuchar».

El tiempo, y sobre todo el amor, hicieron el resto. Hoy, la pequeña Jimena continúa tan activa como siempre, si acaso más despierta. «Y con mucho desparpajo... aunque no puede oír, no se calla ni debajo de las piedras», ríe su padre.

«Los primeros meses fueron los más difíciles, porque no sabíamos qué hacer ni con quién contactar. La sordera es una discapacidad silenciosa. Cuando caminas por la calle y ves a un ciego o a un discapacitado psíquico, te das cuenta de inmediato. Pero nadie reconoce a una persona sorda a simple vista», apunta Julián.

Sordos y oyentes

Sin embargo, pronto se pusieron en contacto, a través de unos conocidos, con un centro especializado en educación para menores con deficiencias auditivas y sus familias. «Y ahora, en casa, nos comunicamos básicamente por la lengua de los signos. Sin olvidar que Jimena es sorda, pero no muda y que, aunque es más complicado que en el caso de un oyente, está aprendiendo también a hablar».

Luis Cañón es el presidente de la Confederación Estatal de Personas Sordas (CNSE) y conoce bien el caso de Blanca y Julián. No en vano, él también nació en el seno de una familia de oyentes. «En realidad, es la situación más común -apunta-. El 90% de las familias que tienen hijos sordos son oyentes». Desde su experiencia, entiende que «la sociedad también tiene que adaptarse a nosotros, no sólo nosotros a ella». Por ello, reivindica la implantación en las escuelas de la lengua de signos, así como medidas que favorezcan la integración integral de las personas sordas en la sociedad.

Cañón es uno de los principales responsables de que hoy arranque en Madrid el XV Congreso de la Federación Mundial de Personas Sordas, organismo que aglutina a los 70 millones de personas que, en todo el mundo, viven con esta discapacidad. Un millón de ellas viven en España. «Se trata de un congreso histórico -afirma-, porque además de ser el primero que se celebra en nuestro país sobre cualquier discapacidad, a lo largo de estos días (del 16 al 22 de julio), y en Madrid, vamos a decidir el camino a seguir en el futuro por las personas sordas en todo el mundo».

Un camino que en la actualidad no está exento de barreras e incomprensiones. Así nos lo hace notar el presidente de la Federación Mundial, Markku Jokinen, cuando en mitad de un encuentro con ABC pide con un gesto al intérprete de sus signos que se detenga y, durante casi medio minuto, se dedica a «signar» (hablar en la lengua de signos). Después de dejar reposar nuestra falta de entendimiento, Jokinen nos hace llegar, a través del intérprete, las dificultades con las que tiene que convivir a diario una persona sorda. «Si te has sentido fuera de lugar, si no te enterabas de nada, imagina la situación que hemos vivido todos nosotros durante años. Por eso creo que ha llegado el momento de exigir igualdad plena».

Pilar Rodríguez no es sorda ni tiene familiares con esa discapacidad, «y jamás pensé que acabaría trabajando con ellos. Pero hoy lo considero una riqueza». Esta logopeda, actual presidenta de la cooperativa «Instituto Hispanoamericano de la Palabra», que el próximo año abrirá un colegio -«Laudem»- de educación mixta (sordos y oyentes), con el auspicio de la Comunidad de Madrid, considera el mundo con el que interactúa «para nosotros, los «oyentes», es totalmente diferente, y enriquecedor».

Integración de todos

Especialista en Audición y Lenguaje, Pilar considera que «los chavales sordos son buenísimos para la expresión corporal. Es evidente que tienen una dificultad, porque nuestra lengua procede de una lengua oral. Por eso, la orientación que damos a su aprendizaje es distinta».

No obstante, Pilar reconoce que «la adecuada integración es difícil», y para ello «todos tenemos que poner algo, no sólo las personas sordas. Es más, creo que el problema principal está en que la sociedad pide que la integración sea a costa de que sean los sectores minoritarios los que hagan el esfuerzo, en lugar de perder el miedo a adaptarnos a los sordos, los ciegos, los paralíticos... Eso nos enriquecería, estoy segura».