El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera
El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera - ABC

La gestación subrogada entra en el debate político: una polémica cuestión que solo apoya Ciudadanos

PSOE y Podemos se oponen frontalmente a esta práctica, en el PP hay división interna y los nacionalistas PNV, PdeCat y ERC respaldan abrir el debate

Madrid Actualizado: Guardar
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El adelanto de las elecciones generales dejó en la puerta del Congreso de los Diputados el debate sobre la gestación subrogada. Un alivio para el Partido Popular, ya que la disolución de las Cámaras evitó que Ciudadanos cumpliera su promesa de presentar su Proposición de Ley. Una iniciativa registrada hace ahora dos años y que fue recibida con una gran división política.

Esta polémica propuesta generó en su día un gran debate en torno a una cuestión rechazada frontalmente por la izquierda (PSOE y Podemos), con división de opiniones en el PP y con el apoyo de formaciones nacionalistas como ERC, PNV y Pde Cat, que se prestaron a negociar el contenido de la iniciativa de Ciudadanos.

La formación de Albert Rivera es la que se ha mostrado claramente a favor de regular esta práctica. El texto de su propuesta parlamentaria recoge que la gestión subrogada debería tener carácter «altruista». Entre los requisitos que se debían exigir se encontraba que las gestantes sean mujeres mayores de 25 años, españolas o residentes legales. La situación económica y social debería ser estable y haber tenido al menos un hijo con anterioridad.

El único intercambio de dinero que podía haber es el derivado de los gastos de embarazo y el parto. La Proposición deLey contemplaba un régimen sancionador. De hecho, especifica multas de entre 1.000 y un millón de euros para las infracciones leves y muy graves, entre las que estaba pagar a la mujer gestante.

El PSOE se opuso desde el principio a la toma en consideración de esta proposición y rechazó legislar sobre este asunto. La vicepresidenta del Gobierno de Pedro Sánchez y ministra de Igualdad, Carmen Calvo, aseguró en reiteradas ocasiones que la gestación subrogada es una «utilización del cuerpo de las mujeres» y una «compraventa más». La dirigente socialista consideró «particularmente grave» esta práctica «para nosotros porque usan el cuerpo de la mujer más pobre».

Usar el cuerpo de la mujer

El presidente del Gobierno también se ha pronunciado en contra de la gestación subrogada, afirmando que «no estoy a favor de usar el cuerpo de la mujer ni para la prostitución ni para la mal llamada maternidad subrogada».

Desde las filas populares, la división de opiniones ha sido más acentuada a lo largo de la legislatura. Sin embargo, en la campaña electoral no ha querido entrar en esta cuestión, orillando los temas que le podían perjudicar a la hora de pedir el voto a sus partidarios.

Si la iniciativa de Ciudadanos hubiera llegado al Congreso de los Diputados, el Grupo Popular podría haber dado a sus diputados libertad de voto. Una práctica que se aprobó en el último congreso nacional del Partido Popular. En este cónclave se apostó por la libertad de conciencia en esta materia, y en otras como el aborto, que no están incluidas en su programa electoral

La posición favorable, aunque con limitaciones, la expuso el vicesecretario de Organización, Javier Maroto. Este dirigente popular apoya una maternidad subrogada que sea altruista, impida la explotación comercial y evite la utilización de la pobreza de las mujeres.

Granjas de mujeres

Por su parte, Podemos se pronunció de una forma tibia sobre la propuesta de Ciudadanos e incluso abogó por una «reflexión sosegada». Posteriormente, moduló su posición hacia posturas más extremistas. El líder de la formación morada, Pablo Iglesias, llegó a decir que «la traducción práctica de la gestación subrogada es que haya granjas de mujeres en Ucrania». En este sentido, la portavoz parlamentaria, Irene Montero, afirmó con contundencia que «los úteros no se pueden vender».

Sorprendentemente, el apoyo a la gestación subrogada, o al menos a debatir esta cuestión en el Congreso, llegó desde los partidos nacionalistas de corte democristiano, como el PNV y el PdeCat, al que se unieron ERC. Este respaldo estuvo matizado por el reconocimiento de la posible división que se podría generar en el interior de sus organizaciones.

Conscientes de la división que sucita esta cuestión, no ha sido uno de los grandes temas sociales de confrontación política en esta campaña electoral.