Una fusión que no podía ser y era imposible

Una fusión que no podía ser y era imposible

F. ÁLVAREZ | MADRID
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Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Prisa e Imagina anunciaron ayer el final de un armisticio que no ha durado ni un verano, una calma cogida con alfileres, el tiempo justo para jugar una mano de pillo a pillo y levantarse de la mesa sin perder la camisa. Prisa e Imagina hicieron ayer oficial lo que el mercado ya sabía: que cuando todos quieren mandar nadie obedece. Uno y otro llevan en su ADN la secuencia genética del poder y así, entre exigencias de derechos de veto e imposiciones de mayorías accionariales, entre todos acabaron con la alianza y ella solita se murió, en plena canícula.

«La decisión está motivada por la imposibilidad de avanzar a un punto de vista común para el establecimiento de las bases esenciales de la nueva compañía». Así reza ya en la lápida del llamado Pacto de Pentecostés, una intentona de unir las divisiones audiovisuales de Prisa e Imagina con el objetivo no declarado de alcanzar una fusión por arriba, de matriz a matriz. Eso dijeron. Dífícil de entender. Y, claro, lo que no se comprende, envenena. Y así, envenenado, fue el final de la fusión que nunca fue: una reunión a mediodía del pasado miércoles en la que Prisa dijo lo único que no debía decir, salvo que su intención fuera justamente esa: mandar a negro una integración televisiva que nadie veía. Prisa tendrá la mayoría de las acciones de la nueva compañía, exigieron. Se acabó lo que se daba. El paripé no daba para más

Papeleta para el Gobierno

La ruptura pinta un horizonte gris marengo no sólo para las partes, que ahora pondrán en marcha sus rituales de coqueteo con otros operadores para volver a crear la atmósfera artificial de una fusión mediática a la que habrá que ponerle el cascabel. Telecinco y Antena 3 se frotan las manos. Pero a quien también salpica la riña es al propio Gobierno, porque sus decisiones para el futuro del sector audiovisual terminarán por no contentar a ninguno. Menuda papeleta. Y la primera, en la frente. La TDT de pago es la primera baza que se le presenta al Ejecutivo para retratarse. Si el Consejo de Ministros del próximo jueves día 13 autoriza -como todo parece indicar- esta nueva modalidad de explotación televisiva, sin duda habrá asestado un duro varapalo a los intereses de Prisa, que tendrá un serio competidor para comercializar el torneo en pago por visión con su anunciado Canal + Liga.

Si por el contrario el Gobierno accede a las peticiones de Prisa y retrasa la aprobación de la TDT de pago, Mediapro no podrá vender los partidos ligueros desde la temporada que arranca este mes, con la repercusión de incalculable profundidad que podría suponer para el plan de negocio de la empresa de Roures. Mejor no pensarlo.

Todo está preparado para que lo que hoy es un canal menor en el dial, Hogar 10, se convierta en el flamante Gol TV, frecuencia nodriza de la Liga más deseada del mundo, previo pago, por supuesto.

Prisa, que ayer cayó un 10,2% en Bolsa, necesita aliviarse de una deuda de más de 5.000 millones, e inventarse una salida para Digital +. En fin, aquí ni paz ni gloria.