Imagen de Oliver, miembro del movimiento frugalista
Imagen de Oliver, miembro del movimiento frugalista - ABC

Frugalistas, el arte de jubilarse a los 40

Mientras los gobiernos europeos buscan la manera de decir a sus ciudadanos que tendrán que seguir trabajando hasta los 70, una tribu alternativa en Alemania asegura que es posible dejar de trabajar a los 40 y a partir de ahí vivir la vida

Corresponsal de BerlínActualizado:

Mientras los gobiernos europeos buscan la manera de decir a sus ciudadanos que tendrán que seguir trabajando hasta los 70 o incluso los 75 años, una tribu alternativa que prolifera en Alemania asegura que es posible dejar de trabajar a los 40 y dedicarse, sencillamente, a vivir después de esa edad.

Se denominan a sí mismos «frugalistas» y aseguran que no es necesario ser un as de las finanzas para lograrlo, aunque sí admiten que requiere un drástico cambio en los estándares de vida. El meteorólogo berlinés Lars Hattwig, que se presenta en la página web frugalisten.de como ejemplo para el resto de la comunidad, dejó su empleo con 44 años, después de haber hecho realidad una situación financiera que le llevó una década edificar.

«Tenía un sueldo bastante aceptable y no necesitaba todo eso que la sociedad de consumo me ofrece a cambio de mis recursos, todo eso que te hace dar vueltas en la rueda, como un ratón de laboratorio, sin llegar a ninguna parte. Por eso reduje mis gastos drásticamente y planifiqué la inversión de todo lo que ahorraba», explica.

Hoy vive de las rentas y superó exitosamente incluso la crisis financiera que devaluó de forma grave, aunque solo temporalmente, sus inversiones. Para Hattwig no resultó duro bajarse del tren de la insaciable renovación tecnológica, evitar los restaurantes y bares, prescindir de electrodomésticos para apagar la luz en casa o dejar de comprar ropa.

Más cuesta arriba se hizo la vivienda fuera de la ciudad, los interminables trayectos en transporte público de casa al trabajo, con la inestimable compañía de los títulos que le ofrecía la biblioteca del barrio. «Me lo tomé como una etapa en la vida. De todo se cansa uno, de eso también, pero te incentiva tu objetivo y, una vez superado, ese esfuerzo es el que te permite la liberación financiera».

«Liberación financiera»

La divulgadora en Alemania de ese concepto es Gisela Enders, autora del libro «Liberación financiera. Qué hace la gente que no trabaja» y gurú de muchos frugalistas que acuden a ella en busca de consejos de ahorro e inversión. También ofrece seminarios en los que defiende que el ser o no ser rico depende en parte del carácter.

«Con las mujeres, por ejemplo, es sencillo hacer ese test de riqueza potencial con preguntas sobre su carácter, estableciendo varios tipos. Está la mujer dominante, la que tiene vocación de apoyar a otros, la coleccionista…», explica, sin desentrañar la clave final que permite predecir el grado de riqueza.

«Se trata de preguntarte qquieres y qué necesitas realmente en tu vida para reorientar tus recursos en esa dirección», dice, antes de remitirnos a una de los frugalistas que recientemente ha asesorado, una joven programadora británica de 33 años que vive en Berlín y que desea permanecer en el anonimato.

«Un día me di cuenta de que tenía en el armario más ropa de la que puedo llegar a necesitar en toda mi vida», se remonta al momento en que decidió hacerse frugalista. «¿De verdad crees que vas a ser más feliz, que tendrás más equilibrio en tu vida y más energía si te compras y te bebes estas bolsas de té que se llaman Armonía Verde? ¿Solo porque hay un tipo haciendo yoga dibujado en el sobre y cuestan cinco euros?», pregunta, mientras opta por un té de marca blanca unas quince veces más barato.

Mientras la acompañamos en su compra semanal, pasa de largo por el pasillo de cosmética del supermercado, ni caso a los productos para el hogar y, al llegar a la caja, la compra no llega a los veinte euros. Si su sueldo neto es de 2.200 euros… ¿qué hace con el resto?. «Voy comprando plazas de garaje y trasteros en Berlín que alquilo de inmediato», responde, «no podría afrontar grandes inversiones inmobiliarias, pero estas sí, y he calculado que, a este ritmo, podré volver a disfrutar de vacaciones en el extranjero en solo doce años».

El común denominador de los frugalistas, además del primer mandamiento que dice «nunca asumirás deudas», parce ser un duro precio no declarado: la renuncia a tener hijos. También les une una escasa preocupación por el hecho de que, tras disfrutar del sistema educativo, cotizan solo un breve lapso de tiempo a los sistemas social, sanitario y de jubilación, a costa de otros trabajadores de más larga trayectoria laboral. «Más bien deberíamos preguntarnos», defiende Engers, «qué tipo de sociedad lleva a jóvenes de 30 años a pensar que quieren jubilarse a los 40».