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Florence crece los ríos y aumenta la cifra de muertos

Con al menos 31 víctimas mortales confirmadas, el Sureste de EE.UU. sigue amenazado por las inundaciones.

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La autopista I-95 recorre toda la costa oriental de EE.UU., desde las playas turquesa de Miami hasta el litoral escarpado y helado de Maine. Tras el paso de Florence por la región Sureste del país, afectando sobre todo a Carolina del Norte y del Sur, parte de esta arteria está cortada ante el riesgo de inundaciones. Para conducir ahora de la capital, Washington, a Savannah, en Georgia, justo al Sur de la región afectada, las autoridades recomiendan un rodeo enorme, que dibuja el impacto de Florence: una región entera paralizada por las inundaciones y amenazada con nuevas crecidas y corrimientos de tierra a medida que la tormenta se desplaza hacia el interior.

Las crecidas de agua en los cauces de río y zonas bajas ha venido acompañada de un aumento de la cifra de muertos: por ahora las autoridades han confirmado 31 víctimas y advierten de que la situación no mejorará a corto plazo.

Florence, que desembarcó el pasado viernes en la costa de EE.UU. como huracán, ha degradado su intensidad hasta convertirse en tormenta tropical, primero, y, desde la madrugada de este domingo, en depresión tropical, con vientos de 55 kilómetros por hora.

«Lo peor está todavía por llegar»

El gran peligro, como se advirtió desde un principio, no ha sido tanto el viento, sino las lluvias torrenciales que la tormenta deja a su paso. Florence camina hacia el Oeste de forma lenta, anegando campos y ciudades. Por ahora, el único motivo para el optimismo es que el fenómeno climático ha alcanzado algo más de velocidad, y avanzaba a 12 kilómetros por hora, lo que permite al terreno que recibe su agua no rebosar con tanta rapidez y agresividad.

Las autoridades, sin embargo, no quisieron dar ningún mensaje de optimismo. «Nos va a golpear fuerte», ha asegurado el alcalde de Fayetteville, una de las mayores ciudades de Carolina del Norte, ante el riesgo de inundaciones. «Lo peor todavía está por llegar». La ciudad ha estado paralizada, sin semáforos, con los primeros indicios de crecidas de agua y bloqueada por los apagones eléctricos, que han llegado a dejar a un millón de clientes sin acceso a luz en toda la región este fin de semana.

Todavía es demasiado pronto para determinar el impacto de Florence, ya que su actividad se seguirá notando durante varios días en la región. Las autoridades han reconocido que hay «decenas de miles de casas» afectadas por Florence, además de industrias y campos de cultivo. Michael Sprayberry, director del servicio de gestión de emergencias de Carolina del Norte, ha asegurado que la situación es «mala ahora mismo» y que será «peor en los próximos días».

«Quería volver a casa»

Los equipos de rescate siguen trabajando para sacar a personas de zonas inundadas y para tratar de que otras cumplan las órdenes de evacuación. La baja intensidad de los vientos ha provocado que algunos creyeran que lo peor ya había pasado. Es el caso de Lola Smith, de 69 años, que vivió el paso de Florence en un refugio improvisado en un instituto de Lumberton, en Carolina del Norte. «Quería volver a casa», dijo a «The Washington Post» para explicar por qué el sábado dejó el refugio, junto con otros vecinos, para regresar a su barrio cuando sentía que el peligro había pasado. Esa misma noche, tuvieron que ser rescatados, cuando las aguas del río que pasa por Lumberton empezaron a anegar su barrio.