Jordi Dalmau y Pilar Martínez
Jordi Dalmau y Pilar Martínez

El fatídico vuelo que truncó la vida de Jordi y Pilar

Él era un ingeniero catalán, ella una cooperante gallega. Los dos perdieron la vida cuando volaban en un Boeing a su primer destino a África

BARCELONA/SANTIAGO DE COMPOSTELAActualizado:

El accidente aéreo que el pasado domingo segó la vida de más de 150 personas en Adís Abeba (Etiopía) también se llevó por delante el porvenir de dos españoles: la cooperante gallega Pilar Martínez y el ingeniero catalán Jordi Dalmau. Ambos iban a pisar África por primera vez. Sin embargo, su destino se esfumó en el Boeing 737 de Ethiopian Airlines que ambos compartieron y que se desplomó por razones aún desconocidas. Los derroteros de ambos eran aparentemente opuestos, uno iba a Kenia por motivos laborales, la otra a Nairobi para colaborar con una ONG. No obstante, según relatan los entornos de ambos, sus vidas compartían un compás marcado por la pasión por ayudar.

«Tenía pensado instalarse en Kenia, esta no era más que otra de sus expediciones profesionales», explica a ABC un familiar cercano de Dalmau. No en vano, el ingeniero iba hasta el continente en una «primera incursión» que debía convertirse pronto en una estancia más larga, en la que también tenía pensado recibir a sus familiares, siempre dispuestos a cruzar el mundo para visitarle, ya fuera en China o en Chile, países donde había trabajado antes. Según los suyos, Dalmau era un hombre ilusionado, familiar y diligente que se desvivía por su trabajo en el sector de la depuración y la desalinización de agua, labor que en esta ocasión lo iba a llevar a dirigir un importante proyecto en Kenia. «Consagró su vida al trabajo y la familia», resaltan los allegados del ingeniero de 46 años, que no tenía pareja ni hijos.

En estos momentos sus padres, dos personas mayores que han encajado el suceso con entereza aferrándose a sus convicciones religiosas, y sus hermanos siguen con atención las informaciones que, con cuentagotas, llegan desde Etiopía. «Estamos en contacto con la embajada casi a diario, pero las pruebas forenses tardarán meses», explican expectantes antes de reconocer que aún no se han hecho las pruebas de ADN necesarias para emprender el proceso de repatriación de los restos del catalán. «Nadie nos ha pedido que vayamos a Etiopía aún, pero no lo descartamos. Lo cierto es que todo el mundo está actuando de forma muy profesional pero creemos que lo más importante es estar al lado de los padres de Jordi, estar juntos», añade un familiar directo de Dalmau, que ha preferido no revelar su identidad.

Meses para la repatriación

Tal y como apuntan varios especialistas consultados, el proceso para repatriar los restos de Pilar y Jordi hasta España puede alargarse o acortarse según los esfuerzos que hagan el Gobierno de Etiopía y Boeing. En cualquier caso, el hecho de que la tragedia se haya producido en tierras africanas hace pensar en un proceso tortuoso. «A no ser que la empresa y el Gobierno de Etiopía quieran limpiar su imagen tras el accidente y destinen una gran cantidad de recursos para identificar y repatriar a los fallecidos, este camino puede ser muy largo», advierten estas mismas fuentes. . «Al ser un vuelo formal, los pasajeros están registrados, lo cual facilitará las identificaciones», explica Gerard Ripoll, profesor de Derecho de la Universidad de Barcelona y experto en medicina legal. «El proceso puede tardar semanas o meses, es normal», añade.

El camino del duelo

Ante tal expectativa, las familias han iniciado ya el difícil camino del duelo desde España. En Granollers (Barcelona), la familia Dalmau ha organizado una misa exequial para Jordi, mientras en Galicia, la familia de Pilar sigue abrumada por la noticia, pero ha optado por un perfil más discreto en público. Quien sí está en contacto en permanente con los allegados de Pilar es Xosé Manuel Pazos, alcalde de la pequeña localidad costera de Cangas (Pontevedra). «Desde el Consulado, lo que le están pidiendo es paciencia», apunta a ABC.

Las realidades de pueblos como Cangas hacen que tragedias como la que acabó con la vida de Pilar se vivan de manera especial entre la vecindad. En palabras de Pazos: «Cangas no es nueva York; y todos sus habitantes son susceptibles de ser identificados por los demás. Así le ocurría a la fallecida, que vivía en Londres desde hacía tiempo en busca de un mejor porvenir, pero frecuentaba la casa familiar al menos un par de veces al año. Sus hermano, al frente de un taller de automóviles, y sus tíos y primos, sí eran conocidos en Cangas –especialmente en la parroquia de Darbo— por su implicación en la vida social de la localidad.

En el recuerdo de todos está también la cara más solidaria de Pilar, que se había encontrado con una compañera en Etiopía , camino de Nairobi, para dar clases de inglés en un campamento de niños, tal y como le había comentado recientemente a su familia. «Fue a encontrar la muerte en otro continente, en otro país cuando iba hacer un ejercicio de solidaridad», sentencia Pazos. El recuerdo más amable dentro del más triste.