Fallece uno de los cuatro pacientes con trasplante de cara del mundo
Li Guoxing se contempla en un espejo durante una revisión semanas después del transplante

Fallece uno de los cuatro pacientes con trasplante de cara del mundo

N. RAMÍREZ DE CASTRO | MADRID
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Li Guoxing, un joven de 32 años de China, se ha convertido en la primera víctima del trasplante de cara, una cirugía experimental de la que sólo existen cuatro casos. El de Guoxing fue el segundo trasplante de estas características que se hacía en el mundo y el primero de China. No están claras ni la causa ni la fecha de la muerte, pero se cree que la muerte podría estar relacionada con su negativa a tomar la medicación para evitar el rechazo de su nuevo rostro.

El trasplante se hizo en el Hospital Militar de Xinjin hace dos años para restaurarle una cara destrozada por el ataque de un oso en 2004. Los cirujanos tuvieron que sustituir cerca de dos tercios de la cara en una intervención muy compleja que duró 14 horas. El equipo médico le puso un pómulo nuevo, el labio superior y una ceja procedente de un donante masculino.

Dos años recluido

En la revista médica «The Lancet», uno de los cirujanos que participó en la operación contaba el verano pasado cómo había aceptado su nuevo rostro sin ningún trastorno psicológico, incluso con entusiasmo. Había recuperado su vida y salía sin complejos a la calle pese a sufrir un duro postoperatorio. Guoxing superó hasta tres episodios de rechazo. Pero sus médicos ya habían logrado ajustar la dosis de medicamentos para engañar a su sistema inmune y evitar el rechazo de una cara que no era suya. Parecía que a este paciente lo que más le preocupaba era otro rechazo, el de sus vecinos. Antes de la operación, el joven cazador llevaba dos años recluido en su casa para que nadie viera aquella cara a la que le faltaban casi dos tercios de carne.

La muerte de este paciente es un revés para los equipos de cirugía que se han lanzado a esta nueva aventura. La buena evolución de las intervenciones realizadas habían animado a repetir la intervención en pacientes muy bien elegidos. No sólo por el tipo de desfiguración y las dificultades técnicas, sino por el rechazo psicológico. Una de las dudas que se habían planteado desde la primera operación es si se podía vivir sin reparos con una nueva identidad y la cara de un cadáver. La clave está en la motivación y la personalidad de los candidatos, según el cirujano francés Dubernard, el pionero de este tipo de trasplantes. Lo decía por propia experiencia. Hace ocho años, Clint Hallam, el primer paciente al que se le puso la extremidad de un cadáver en el mundo, pidió que se la quitaran porque «mentalmente estaba separado de ella». Hallam cumplía una condena de dos años de prisión por fraude cuando perdió la mano en un accidente y se le ofreció una solución revolucionaria.