El fundador de Facebook, Mark Zuckerberg
El fundador de Facebook, Mark Zuckerberg - ABC

Facebook se enfrenta a su peor crisis

Contrata una compañía de relaciones públicas para defender su reputación

DAVID ALANDETE
Corresponsal en WashingtonActualizado:

Desde las elecciones norteamericanas de 2016, Facebook se encuentra en perpetuo estado de crisis, incapaz de ahogar un fuego antes de que se encienda otro. Pero las recientes revelaciones de que, para defender su reputación, la gigantesca red social fichó a una compañía de relaciones públicas, que trabaja con el Partido Republicano y que empleó duras tácticas de descrédito, casi injuriosas, contra quienes la critican, supone un golpe de los que sólo se supera con cambios profundos.

El objeto principal de la ira de Facebook ha sido el inversor y filántropo George Soros, quien en una conferencia en el foro de Davos en enero dijo que la red social «tiene un monopolio casi total de distribución de información, lo que la convierte en un servicio público y, por lo tanto, debería estar sujeta a estrictas regulaciones». Inmediatamente, la ‹número dos› de Facebook, Sheryl Sandberg, presente también en Davos, ordenó a sus empleados que le prepararan un dossier con los intereses financieros de Soros para poder atacarle si era necesario.

Sandberg, cuyo puesto es el de directora de operaciones, se ha convertido en la encarnación de todos los problemas en Facebook. Tiene sentido porque, ante la timidez innata del fundador Mark Zuckerberg, es quien ha dado la cara en vistas orales e interrogatorios de todo tipo. Su problema es que ha gestionado Facebook en parte como una empresa y en parte como un partido político y, por lo tanto, las críticas que recibe ahora son también de corte político.

Cuando se la acusó de haber sido utilizada por agentes rusos para manipular elecciones y ceder por omisión los datos de 87 millones de usuarios a consultoras políticas como Cambridge Analytica, Facebook, optó por el contraataque. Se resistió a admitir falta alguna y eludió escrupulosamente cualquier mención a Rusia, aunque por aquel entonces Sandberg disponía de pruebas sólidas de que una entidad con sede en San Petersburgo había empleado campañas publicitarias, contenido falso y la activación de ‹trolls› y ‹bots› para enredar en las elecciones que ganó Donald Trump.

Prácticas dudosas

Ante lo obvio de la responsabilidad de Facebook, que hasta muy tarde no tomó medidas para reforzar el periodismo y combatir las noticias falsas, sus directivos se mostraron conciliadores en público pero optaron por ir a la guerra en privado. Según ha revelado «The New York Times», contrataron a una empresa, Definers Public Affairs, que se dedicó a atacar a la competencia —en especial Apple y Google, a los que llamó hipócritas— y a Soros, que ya era una especie de «hombre del saco» para los conservadores, acusado de todo tipo de males por Trump y Vladímir Putin.

A estas prácticas dudosamente éticas se añade el uso mercantilista de los datos que almacena. Facebook es una empresa que gana dinero —14.000 millones de euros sólo en 2017— con la venta de publicidad. Un juez de San Francisco está decidiendo si hay pruebas de que la empresa ofreció datos de usuarios a otras compañías que se comprometieran a comprarle anuncios. Esos datos pueden ser de oro para otras empresas: un perfil idóneo de la ubicación, amistades, aficiones y gustos de un consumidor.

La empresa tiene también problemas de recursos humanos. Un ex empleado de Facebook denunció sus supuestas prácticas discriminatorias hacia minorías raciales, como las personas negras. «Hay mayor diversidad de razas en las conferencias de prensa que en las oficinas», dijo el empleado, Mark Luckie, en un mensaje en la red social que criticaba.

Cuando nació en 2005, el objetivo declarado de Facebook era «hacer del mundo un lugar más abierto y conectado». Hoy, con 2.270 millones de usuarios, ha cumplido la parte de la conexión, pero para muchos sigue suspendiendo en transparencia.