Manifestación en la Plaza Nueva de Sevilla contra los miembros de «La Manada» - EFE | Vídeo: La carta de la víctima de «La Manada»

Expertos analizan la «valiente» carta de la víctima de «La Manada»: «Verbalizarlo habrá sido terapéutico»

«Es indecente bromear con una violación. Denunciad aunque penséis que nos os creerán», escribió ella en una misiva dirigida al programa de Ana Rosa Quintana en Telecinco

MADRIDActualizado:

Cuando C., una estudiante universitaria madrileña que cumplirá 21 años el próximo octubre, denunció por agresión sexual múltiple el 7 de julio de 2016 lo hizo «asesorada» por una pareja que caminaba en plena madrugada por Pamplona y que la vio desorientada, según los dos testigos, y llorando en un banco. Llamaron al 112 Emergencias y la animaron a interponer una denuncia ante la patrulla de la policía local que acudió minutos después. Como consecuencia de esa denuncia, al día siguiente cinco amigos entraban en prisión preventiva por orden de un juez.

C. se ha mantenido casi dos años en silencio, un periodo que ha roto de modo «terapéutico», según los expertos que han analizado sus palabras, dirigidas al programa de Ana Rosa Quintana, emitido por Telecinco.

«Esta carta es de agradecimiento, gracias por creerme y no dejarme sola (...). Tened cuidado con lo que decís, no sabéis cuántas veces he oído hablar de “la chica de sanfermines” y estaba al lado»

La presentadora Quintana leyó ayer la misiva y agradeció a la joven que hubiese dejado de ser una «víctima» para convertirse en una «mujer valiente». La joven matiza en su misiva el primer calificativo: «Por cierto, no soy “la chica de sanfermines”, soy hija, nieta, amiga...». Se reivindica «envalentonada, es más fuerte, se ha empoderado» al observar el eco mediático y respaldo social cosechados, comentan los psicólogos consultados por ABC. De ahí que la víctima utilice el lenguaje acuñado para su caso: «Gracias, hermanas, por creerm nifestaciones promovidas por el movimiento feminista del 8-M.

Esteban Cañamares, psicólogo clínico, defiende que la motivación que lleva a la joven a escribir estas líneas es doble: por un lado, ser «una portavoz» para otras mujeres y, por otra, el deber de «agradecer». Para otra especialista en unidades de atención a víctimas que prefiere preservar su identidad, puede haber actuado «impulsada por el consejo de su terapeuta o psicólogo». Es una muestra de «valor», aunque para esta experta la posibilidad de que los cinco sevillanos sean entrevistados y ganen dinero es la opción más plausible de por qué ella se habría animado a hablar. Los expertos alaban el estilo empleado por la joven, con un tono elegante y serio, sin mentar a los condenados, muy diferente de la actitud desafiante que adoptó el guardia civil Antonio Manuel Guerrero en la carta remitida desde la cárcel a la «Tribuna de Cartagena», donde se quejaba del bombo mediático dado a un caso que debería haber emitido el programa «Cuarto Milenio» por lo «insólito» del tratamiento recibido. Ella destila «discreción, no «se exhibe», y ha sido una fórmula «más efectiva» que sentarse a cobrar por conceder una entrevista a un espacio catódico, disecciona el profesor de Sociología de la Universidad Ramón Llull, Jordi Busquets.

Pasados uno o dos años de los hechos, coinciden los psicólogos, es «cuando comienza a superarse la primera fase del recogimiento que padece la víctima de abusos». La verbalización «ayuda», incide la especialista de atención a víctimas, y a partir de ahora «habrá una temporada en la que no dejará de verbalizarlo», añade. Esas fases, describe Cañamares, pasan en primer lugar por el impacto y la reacción nula, sentimientos idénticos a los que se sufren «cuando te atracan en plena calle», cita.

«Gracias por hacerme sentir otra vez parte de la sociedad en que parece que si te violan, tienes que llevar el cartel de violada pegado en la frente»

La segunda fase es la hiperprotección y el sentimiento de culpa. «Todas las víctimas que denuncian haber sido forzadas, de alguna manera, se culpabilizan, se preguntan qué habría pasado si no hubiesen bebido o si hubiesen reaccionado de manera diferente». No hay ni una sola que no lo haga, aseguran sus terapeutas.

«Denunciad aunque penséis que no os creerán. Nadie tiene que lamentarse de beber, de hablar con gente en una fiesta, de ir sola a casa o de llevar una minifalda»

Según los últimos estudios de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), emborracharse y perder el control «compensa» a un 40% de los jóvenes de entre 15 y 29 años, a pesar de los riesgos que pueda entrañar, reconocen los encuestados. El alcohol «es el elemento nuclear de la vida de los jóvenes» y en un mes se detectan casi medio millón de atracones de alcohol solo entre menores de edad, hasta el punto de quedar inconscientes o no recordar al día siguiente lo que han hecho la noche anterior.

«La cultura del ocio nocturno en este país está instalada alrededor del alcohol», denuncia de manera reiterada Ignacio Calderón, vicepresidente de la FAD, y hay «que cambiar el modelo». Pero eso no puede dar pábulo a los abusos sexuales. «El alcohol es un pretexto, el trasfondo es el machismo en la sociedad. La agresividad dle hombre se expresa de distintas formas», reprueba Busquets.

Es por ello que la joven C. reivindica el papel de las mujeres de salir, disfrutar y «ser libres», frente al «simbolismo icónico representado por la actitud de La Manada, que es el de dominio y manifestación de poder», aprecia el profesor Busquets. La reciente mayor sensibilización que hay en torno al tema de los abusos, para la que este caso ha representado en España «un antes y un después», según el sociólogo, ha disparado en los primeros meses de 2018 en un 28% las denuncias por abusos sexuales, de acuerdo a los datos recabados por el Ministerio del Interior. «Las víctimas tienen menos miedo», aclaran fuentes policiales.

«Igual que no bromeamos con enfermedades, es indecente bromear con uan violación. Está en nuestras manos cambiarlo»

C. critica en su misiva la instauración de la «cultura de la violación» de la que advierte Rosa Álvarez, vocal del Consejo General de la Psicología de España y coordinadora del grupo de trabajo de Psicología e Igualdad de Género. «Seguimos poniendo el foco en el comportamiento de la chica. ¿Por qué ninguno de los hombres lo evitó? Es la consecuencia de una sociedad machista: la sexualidad siempre se ha abordado desde la perspectiva masculina. Se ha presentado al hombre como una víctima de sus impulsos, en el que la agresión sexual resulta inevitable. Y esto no es así. En nuestra sociedad está completamente instaurada una cultura de la violación, que normaliza, justifica y tolera la violación mientras se culpabiliza a la víctima», asegura.

«Os puedo asegurar que todo el camino que hay que recorrer no es plato de buen gusto, pero... ¿qué hubiera pasado si yo no hubiese denunciado?»

Fuentes policiales comentan que a las víctimas, cuando van a denunciar, se les exige un «relato pormenorizado» de lo que ha sucedido. No es fácil: juega en contra de la denunciante que durante el proceso tienen que repetir su versión al médico (porque el parte de lesiones y una exploración son pruebas básicas), luego en comisaría, al abogado y ante el juez.

«Pero muchas no recuerdan, porque estaban bebidas, porque dudan, y muchas veces cambian datos o hechos concretos», asumen esas fuentes. «La tensión, y el hecho traumático de haber sido abusado, se mezclan con la vergüenza, la responsabilidad y la culpa. Se les pide que el relato sea exacto y en la mayoría de las ocasiones no lo será, una vez tras otra. Ahí también empieza el cuestionamiento a su persona y el juicio social», aceptan estas fuentes de la Policía Nacional.