La clínica de iDental, ya cerrada, ubicada en la calle Méndez Álvaro, número 20 de Madrid
La clínica de iDental, ya cerrada, ubicada en la calle Méndez Álvaro, número 20 de Madrid - MAYA BALANYÀ

Estalla el último eslabón de la «burbuja odontológica»: iDental deja colgados a miles de pacientes

Decenas de afectados preparan una denuncia por estafa colectiva tras recibir tratamientos a medias o haberlos pagado por adelantado

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Todo parecían ventajas. Se presentaban como una clínica de «Asistencia Dental Social» (con tintes solidarios, inclusive) con una publicidad «muy agresiva» y un cebo directo que atraía a numerosas personas con pocos recursos: «Somos Dentistas con Corazón». iDental nació a finales de 2014 y según fuentes de los Colegios de Odontólogos consultados por ABC, ya se advertía su final hace dos años por los «pufos» económicos que fueron dejando como rastro y por los «desastrosos» métodos médicos aplicados en las bocas de miles de afectados. Las últimas 24 de las 58 clínicas que esta cadena tenía en España echan el cierre definitivo (sus dos centros en Córdoba y Alicante lo harán de manera inminente), lo que ha provocado, según el presidente del Colegio General de Dentistas, el doctor Óscar Castro Reino, un «escándalo sanitario» sin precedentes.

Al otro lado del escaparate, quedan miles de pacientes damnificados. Afecade (la Plataforma de Afectados por las Cadenas Dentales) se constituyó hace solo unos meses y en este tiempo ha visto prosperar una demanda colectiva (convertida luego en denuncia, al derivarse las diligencias a la vía penal) contra iDental. Esta misma semana, el Juzgado de Instrucción número 5 de Valladolid aceptaba instruir sobre la denuncia interpuesta por una afectada al encontrarse indicios de mala praxis, comenta a este periódico Isabel Palomino, abogada y socia de Negotia y representante legal de Afecade.

«Hace un año y medio que comenzamos a agrupar quejas de pacientes que se habían quedado con las bocas destrozadas -dice la letrada-; pero hemos visto cómo va creciendo». Como la espuma. Comenzaron siendo tres, después diez, ahora son unos 700 en la Plataforma, comentó ayer a este periódico una de las portavoces, Nuria Ribas. Pero se calcula que el cierre de los últimos centros odontológicos deja a miles de afectados, todos ellos con agujeros económicos de entre 2.000 y 7.000-8.000 euros de «un crédito que contrataban con la financiera antes de iniciar el tratamiento».

Incluso a algunos se les hizo esperar dos años y no han sido tratados a pesar de estar pagando las cuotas del crédito cada mes, desgrana Palomino. Si hay un fraude, como finalmente lo ha habido, es «muy difícil, casi imposible» recuperar el monto adelantado.

Los próximos en caer...

Tras escándalos como el de Funnydent, los dentistas advirtieron, tal y como publicó este diario: «Los próximos en caer serán iDental. La burbuja dental ha estallado». Uno de los que más claros habló fue Enrique Llobell, presidente del Colegio de Odontólogos de Valencia: «Los mismos empresarios de la burbuja inmobiliaria se han pasado al de la Odontología». Llobell lamenta que España carezca de una legislación más dura, como la francesa, que impida abrir una clínica dental a nadie que no sea dentista. «En España se abrieron clínicas de salud y estética como si fueran churrerías», denunció. «Se ha dado pábulo al mercado del piño», aduce otro dentista colegiado en Valladolid, que pide preservar su anonimato.

El hecho de que los servicios odontológicos (más allá de los básicos) no sean una prestación sanitaria incluida en la Seguridad Social aboca a muchas personas con «recursos muy limitados» a entrar en clínicas sin garantías, añade Palomino. Y es que todos los pacientes de iDental debían cumplir un requisito: una renta baja, que los hacía invulnerables, y con un problema dental grave. Eran «carne de cañón», comenta quien era hasta antes de ayer uno de sus trabajadores. Nadie más de la empresa iDental requerido ayer quiso dar sus explicaciones pertinentes.

«Es un sistema perverso y una burla al paciente, sobre todo al desesperado», censuran fuentes jurídicas del Colegio de Odontólogos de Valladolid.

Las situaciones y dramas personales que deja el cierre de estas clínicas son grotescos. «Peor de lo que se pueda uno imaginar», sugiere Palomino, cuyo despacho de abogados interpondrá una denuncia por un triple delito de estafa colectiva, mala praxis y lesiones al que pueden adherirse todos los damnificados. «Gente con implante colocado, y sin corona; otros con encías con abultamientos e infecciones sin tratar; otros han abonado miles de euros y han sido engañados porque les retrasaban continuamente los aparatos y les entretenían con pruebas que luego no llegaban a nada», detalló ayer la letrada en representación de sus clientes.

Cayeron todos, como Ana Ribeau, una mujer rumana de 38 años que, recién llegada a España, tuvo que colocarse varios implantes. «En lugar de los 800 habituales te cobraban 240 o menos, te vendían la moto», y ahora tiene la boca como un coladero, según relata.

Estas redes de franquicias o clínicas dentales «democratizaron» tratamientos inaccesibles para muchos como un blanqueo de dientes o el «producto estrella», el implante. En pocos meses, iDental acumulaba diversas plataformas de afectados en internet donde se ha prodigado el «boca a boca» para hundir a la empresa. Entre ellos se encuentran decenas de pacientes como Rosario Gálvez Guerrero, que se vacía al recordar que pasó ocho días ingresada en La Paz por «perforación en el tabique nasal e infección en la sangre».

Anzuelo comercial

En el gremio de los odontólogos tardó poco en aflorar el malestar contra la cadena, dirigida por el doctor alicantino Antonio Javier García Pellicer. Lo primero que motivó la alerta respecto a iDental fue la presencia de comerciales en las clínicas que «captaban» a potenciales clientes, porque la razón de sus existencia era conseguir que mordiesen el anzuelo en la primera visita, que viesen una oportunidad jugosa de rebajar el importe de su tratamiento y firmasen el préstamo con la financiera.

El tratamiento corría a cargo de chavales que acaban de salir de la Universidad y que tienen problemas para encontrar trabajo en un mercado atestado (con 22 facultades de Odontología en el país), que eran «explotados» con jornadas maratonianas de 12 a 15 horas y bajos sueldos, que aprendían en un máster que abonaban a iDental (como si se tratase de una academia, en un modelo asistencial que se califica en el sector clínico como «tercermundista») y luego cohabitaban en habitaciones «patera».

Muchos elevaron quejas a colegios como el de Albacete, Valencia y Valladolid. ABC pudo cotejar correos electrónicos de personal contratado por mil euros: «Tenemos pacientes a los que se les caen las prótesis de los dientes y las subvenciones que ofrecen no sabemos de dónde salen», denunciaba una joven pucelana. Idental publicitaba una subvención de un millón de euros para ayudar a personas que no pueden costearse su higiene dental. Desamparados, como al final les ha dejado.