Estados Unidos y China echan chispas en la Cumbre de Copenhague

S. S. | MADRID
Actualizado:

Las naciones ricas deberían comprometerse a reducir drásticamente sus emisiones de gases de efecto invernadero en la próxima década y el mundo en su conjunto debe esforzarse en casi eliminar o al menos reducir a la mitad las emisiones contaminantes para 2050. Este es el punto de partida de un borrador del documento de negociación que circuló ayer en la cumbre de Copenhague.

Este documento -preparado por el maltés Michael Zammit Cutajar, quien dirige el grupo de trabajo de objetivos de reducción a largo plazo- no aporta grandes novedades a la negociación, pero sí que pone en negro sobre blanco todos los aspectos que han formado parte de la agenda climática en los últimos dos años; esto es, la llamada «hoja de ruta» de Bali. En este sentido, el texto recoge las mismas propuestas de objetivos que hasta ahora estaban sobre la mesa.

Reducción de emisiones

A saber, que los países desarrollados reduzcan sus emisiones entre un 25-40% para 2020 sobre lo que emitían en 1990 y que los países en desarrollo limiten el crecimiento de sus emisiones entre un 15-30% sobre lo que emitirán en 2020. Todas estas horquillas aparecen en corchetes, lo que significa que siguen en discusión. Igual que los obetivos planteados a largo plazo que son 50-85-95% para 2050. Lo mismo ocurre con la referencia al aumento de temperatura sobre la etapa preindutrial que no debe superarse: dos grados centígrados y la nueva propuesta de los países insulares de 1,5 grados.

Sin embargo, la chispa ha vuelto a saltar entre los principales negociadores de Estados Unidos y de China. Así, el enviado climático de la Administración Obama, Todd Stern, ha desafiado el texto que circula al entender que hay matices de redacción. Para los países desarrollados el documento habla de «deber» y para las naciones en desarrollo de «poder». «Es un matiz técnico, pero importante, no podemos empezar a negociar sobre esta base», señaló ayer Todd Stern durante una rueda de prensa.

El problema es que los países en desarrollo no quieren que sus objetivos de limitar emisiones sean vinculantes y, en el caso de China, tampoco que sean verificables, pues lo considera una intromisión en su política nacional.

Además, el texto no habla financiación. «Dudo de la sinceridad de los países desarrollados. ¿Por qué no están hablando de un compromiso para proveer de fondos hasta 2050? Esto los haría creíbles si nos están pidiendo reducciones de emisiones para ese año», aseguró ayer el viceministro de Exteriores, He Yafei.

La cuestión del dinero es extremadamente peliaguda y es la base del enfrentamiento diario que mantienen Estados Unidos y China. Así, hace dos días el enviado de Obama se mostró tajante en que «este país no debe ser candidato a recibir dólares públicos estadounidenses», pues «lo lógico» es que las ayudas se destinen a «los países más necesitados».