El buque oceanográfico Sarmiento de Gamboa, del CSIC, en una expedición de 40 días en el Atlántico Norte
El buque oceanográfico Sarmiento de Gamboa, del CSIC, en una expedición de 40 días en el Atlántico Norte - ABC

España blinda su mar a los cazadores de «oro tecnológico»

Presentará en diciembre ante la ONU lass alegaciones para ampliar los territorios marinos de Canarias

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Es un tesoro que a simple vista parece un campo de patatas listo para su recolección. Otras veces, se asemeja a una costra oscura que asoma entre la arena blanca. Eso sí, a cientos de metros bajo el mar, sin luz y prácticamente intacto.A 500 km al suroeste de las islas Canarias existen abundantes yacimientos de tierras raras, ricas en telurio y otros metales como níquel, cobalto y cobre, el llamado «oro tecnológico». Parecen cercanos, la distancia de un viaje Madrid-Sevilla en coche, pero están fuera de las aguas jurisdiccionales españolas. Por ahora.

Los próximos meses serán críticos para su futuro. Tras años a la espera de que se resuelva el conflicto, será en diciembre cuando España presente ante un comité técnico de la ONU las argumentaciones de por qué ese terreno debe quedar bajo soberanía española. Unos meses antes, entre octubre y noviembre, lo habrá hecho también con la plataforma marítima continental relativa a Galicia. El dictamen final, que determinará si la explotación o protección de los tesoros submarinos queda en manos de España o de un organismo internacional, llegará en los siguientes seis o doce meses.

«No podemos evitar que se den permisos de exploración a pocas millas de Canarias salvo con un proceso de ampliación de la soberanía», explica Luis Somoza, coordinador del equipo que se ha encargado de cartografiar la ambiciosa expansión marina de España.

Descubrimientos

Fue en 2015 cuando se registró la petición para pasar de las 200 millas marinas desde la línea de costa que hoy corresponden a los límites del territorio español, hasta las 350 millas. Dentro de esta franja se han detectado, recubriendo montes submarinos, fondos duros cuyos minerales han crecido lentamente durante al menos 70 millones de años y que hoy son ricos en minerales, especialmente en tierras raras y telurio. También hay costras polimetálicas y nódulos de hierro y manganeso (los «campos de patatas»).

«Pedimos ampliar la soberanía para que no se pueda meter ninguna empresa extranjera que explote en el límite de Canarias, cerca de nuestra costa», explica el geólogo marino e investigador del Instituto Geológico y Minero de España (IGME). Acaba de volver de explorar las profundidades de la dorsal del Atlántico Norte. Allí han encontrado jardines de corales blandos y yacimientos de sulfuros. «Son preciosos, explotarlos sería como explotar la Ciudad Encantada de Cuenca», opina Somoza.

Hay todavía muchas cuestiones por resolver sobre el futuro de los yacimientos submarinos. Nadie ha comenzado con la extracción de las tierras raras, aunque diversos países y consorcios internacionales han mostrado un creciente interés por ello. Son atractivos económicamente, por tener altas concentraciones de materiales esenciales para la fabricación de disposivos electrónicos, pero el método para lograrlo está aún en desarrollo, sobre todo para los terrenos duros (las costras).

Un tratado de los océanos

Además, la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA, por sus siglas en inglés) está aún redactando las normas que regularán la extracción, mientras mañana comienza en la sede de Naciones Unidas en Nueva York la penúltima ronda de negociaciones para un Tratado Global de los Océanos. Este último podría condicionar el desarrollo de la «minería del siglo XXI». Las organizaciones ecologistas y algunos países reclaman proteger medioambientalmente el 30% de los océanos del mundo para 2030.

«La minería submarina no es ciencia ficción, pero sí hablamos de medio-largo plazo», explica José Mangas Viñuela, doctor en Ciencias Geológicas y catedrático de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. «La última fecha que dieron los proyectos que estaban más avanzados sobre el inicio de la explotación, decían que para 2024 o 2025, entre todos los trámites, el diseño de la maquinaria… dudo que empiece antes de 2025», cuenta por su parte Manuel Regueiro, presidente del Colegio Oficial de Geólogos.

Por ahora, en lo que a las aguas internacionales se refiere, la ISA solo ha concedido licencias para investigar fondos marinos. Según un reciente informe de Greenpeace, hay 29 arrendamientos de exploración para nódulos polimetálicos, sulfuros masivos y costras de ferromanganeso ricas en cobalto, que cubren alrededor de un millón de kilómetros cuadrados del fondo marino internacional. Con una Europa pobre en tierras raras, no extraña que estén implicados estados como Reino Unido, Francia, Bélgica, Alemania y Rusia, además de China e India. Otros países, como Japón, llevan 15 años explorando sus propias aguas territoriales -por ello no necesitan un permiso internacional-.

«Hace dos años los japoneses publicaron en Nature que con los sedimentos asociados a la ladera de la isla Minami Torishima tienen para producir tecnología varias decenas de años», explica Mangas Viñuela. Al presentarse en forma de nódulos la extracción es más sencilla. Está planteada como una aspiradora que conecta el fondo submarino a un barco en superficie, donde el material sería tratado.

«Estos lodos se van a sacar con normalidad», vaticina Mangas. ¿Y el impacto ambiental? «En la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos se verá el impacto de cada una de las licencias», asegura Regueiro. «Depende también de la profundidad. Cuando los nódulos están a más de 100 metros, hay menos vegetación y animales que en zonas superficiales», continúa.

Posibles efectos

Pero la posibilidad cada vez más cercana de poner en marcha la minería submarina está elevando el debate medioambiental. «Con las costras y los sulfuros hay que excavar y eso puede generar un mayor impacto», cuenta Luis Somoza. El experto es de la opinión de que se vaya más despacio con la nueva industria y se amplíe la investigación. «No se conocen los impactos medioambientales», defiende.

«Lo que ha dicho el organismo científico que asesora a la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos es que conocemos muy poco: se sabe más de la superficie de la Luna que del fondo marino», explica Pilar Marcos, responsable de la campaña de Océanos de Greenpeace. La organización critica que los informes de impacto que se están presentando se circunscriben al fondo marino, pero el impacto será «en toda la columna de agua», por el ruido, por la luz, por variaciones en todo el entorno. «Cuarenta organizaciones estamos pidiendo que paren, que se investiguen los impactos y se firme un tratado de los océanos sólido para frenar a tiempo las licencias que se otorgan por un vacío legal».

En el caso del monte Tropic, uno de los yacimientos canarios más apetecibles y en donde ya están desarrollando estudios en detalle, España podrá decidir si quiere explotarlos o preservarlos (si logra que queden dentro de su territorio). «El debate es entre medio ambiente y la dependencia de la tecnología», dice Somoza. Un debate que España también tendrá que resolver.