Los problemas para escolarizar a los hijos de militares, involuntario «servicio a la Patria»
Colegio Vara del Rey, en Sevilla - abc

Los problemas para escolarizar a los hijos de militares, involuntario «servicio a la Patria»

Cuando un soldado recibe la orden de traslado a un nuevo destino, se abre un horizonte de trabas de adaptación para sus familias. El Grupo Popular pedirá a Defensa un régimen único que agilice la matriculación y las plazas en los colegios, además de que no compute la lengua cooficial en sus expedientes

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«A pocos trabajadores de la Administración del Estado les dicen en febrero: coge el petate, vete con tu familia, tu mujer y tus hijos a mitad de curso a la otra punta del país, en cualquier momento. En ese nuevo lugar, además, pueden hablar otra lengua cooficial que no es la tuya». Un alto oficial de la Armada, que prefiere guardar el anonimato, resume con esta frase un problema que lastra a los militares de este país desde que en los noventa se puso fin a la reserva de plazas en los colegios para los hijos de los 130.000 soldados que conforman las tropas españolas. El Grupo Popular trató de mejorar las condiciones de escolarización de estos niños en la anterior legislatura, aunque «no se llegó a debatir», y ahora que está en el Ejecutivo, presenta una proposición no de ley en la Comisión de Defensa para que el Ministerio apruebe el cambio.

«Se va a aprobar», anticipa Pilar Barreiro, diputada y vicepresidenta de dicha Comisión, que conoce de buena tinta esta problemática porque compagina su labor con la Alcaldía de Cartagena, un concurrido destino militar en el que soldados y oficiales le han trasladado sus quejas en numerosas ocasiones. En la propuesta que Barreiro eleva en el Congreso se incluyen medidas para que la inscripción de los hijos de soldados se realice de forma «automática» en la ciudad de destino, además de que haya un régimen único en todas las administraciones del país para albergar a esos niños en las aulas y que la lengua cooficial no compute en su currículo escolar cuando su progenitor reciba la orden de traslado para un periodo menor a tres años. «Y la mayoría de los desplazamientos son para menos de ese trienio», aclara Barreiro, en conversación con ABC.

«Muchos militares se lo toman a la tremenda y se mudan solo ellos, sin su familia»

«Se ha dado el caso de un oficial con cuatro hijos que fue desplazado de Castellón a Orense y se vio obligado a inscribir a cada uno en un colegio diferente, además de que para uno de ellos no hubo plaza durante varias semanas, de modo que tuvo que estar en casa hasta ir al colegio. Y era un mes de marzo o abril». El mismo oficial del Cuartel General conoce muy bien las trabas que encuentran sus subordinados, que además en el caso citado y otros desplazados al País Vasco o a Cataluña, se topan con una barrera adicional, la lingüística: «La hija de un conocido llegó a Ferrol con un currículo brillante. En Educación Primaria y Secundaria no afecta tanto, pero en segundo de Bachillerato, por ejemplo, la Física se cursa en gallego por obligación y esta muchacha tuvo que repetir el curso». Añade y da en el clavo: «En muchos casos, he visto cómo los uniformados se lo toman a la tremenda y lo que hacen es mudarse de ellos y no obligar a sus núcleos familiares a tener que cambiar de vida con todo lo que eso supone».

«Te juegas su educación»

Es un caso tan real como el que relata y sufre en propias carnes la mujer de otro oficial, que tiene cinco hijos y vive alejada de su esposo para no cambiar de colegio a los pequeños, cuatro de ellos en edad escolar. También aduce al código militar y se acoge al anonimato. «Para nosotros la educación es lo más importante. Y cuando fuimos a la ciudad de destino de mi marido, después de más de una década aquí, donde me encuentro yo, los niños tenían plaza en diferentes colegios. Con mucha suerte, los puedes reagrupar en un año, pero además en el colegio al que iban a ir no recibirían el tipo de enseñanza que queríamos. Te la juegas». Esta mujer ha asumido con resignación el cambio de etapa, aunque es muy clara cuando advierte que «los adultos asumen el sacrificio derivado de las obligaciones militares, pero los niños no tienen por qué pagarlo con su educación».

Se preocupan por la conciliación de las mujeres y desprotegen a las de los soldados

El oficial del Ejército alude a la batalla que mantienen todos los partidos cuando hablan de proteger la conciliación laboral y familiar de las mujeres, pero se «desprotege la conciliación» en las familias de los agentes uniformados, como si lo llevasen marcado a fuego como un requisito más exigido por la bandera. «La ciudadanía puede tomarse como un privilegio que nos destinen a otra ciudad y se reserve una plaza en los colegios a nuestros hijos, sobre todo en destinos militares como Ferrol, Reus, Zaragoza, Las Palmas, Morón y la propia Cartagena, entre otros, pero tampoco debe concebirse que los militares y sus familiares soportan todo estoicamente como si fuese parte del juego, que es lo que estamos haciendo ahora», censura.

Igualdad de condiciones

La parlamentaria murciana abunda en la idea de la homogeneización de condiciones para todo el territorio nacional. El departamento de Defensa ha suscrito acuerdos puntuales con varias Comunidades Autónomas, como la de Madrid y Valencia, para adaptar las matrículas en colegios o evitar, en el caso del valenciano, que la calificación de la lengua cooficial pese en el expediente de los escolares recién incorporados», pero debe haber una estandarización, opina Barreiro.

La mujer del oficial entrevistada por este periódico ahonda en que la situación dista «años luz» de la consideración que recibe el Ejército en Estados Unidos, que ha equiparado en absolutamente todos los Estados no solo la estructura militar, a cuyos miembros guarda las mismas casas y los mismos colegios, sino que hay un «temario» escolar «nacionalizado» para los hijos de soldados. Esto es, por ejemplo, «hoy en toda Norteamérica se abre el libro de Conocimiento del Medio por el tema 8 y se imparte la clase. Cuando llega el descendiente de un soldado de Iowa a Kansas, se sienta en el pupitre y recibe la lección continuada que le tocaba en su antiguo colegio».

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Es obvio que no se está reclamando llegar a tanto, sino que lo que se pretende a instancias de la proposición popular es, en primer lugar, establecer la preferencia de los padres en la elección de centro según su proximidad al domicilio o centro de trabajo, la unidad de centro educativo para la misma familia y evitar la dispersión de los hijos, agilizar la escolarización de los alumnos si estos son hijos de desplazados y que todas las autonomías (con especial énfasis por parte de los emplazamientos militares en esencia) contemplen fórmulas para acoger en las aulas a estos escolares, así como la posibilidad de que queden exentos de las calificaciones la concerniente a la lengua si no va a estar por un plazo de más de tres años, «suficiente para adaptarse», alega la alcaldesa de Cartagena.