Varias mujeres durante la manifestación madrileña del 8 de marzo de 2019
Varias mujeres durante la manifestación madrileña del 8 de marzo de 2019 - EP

Así entienden el feminismo tres generaciones distintas de mujeres

Aunque Silvia, Mercedes y Nieves han nacido y vivido en épocas diferentes, tienen algo en común: las tres se consideran mujeres feministas

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El día que Nieves abrió los ojos por primera vez, las mujeres todavía tenían que pedir permiso a su marido, o a su padre, para hacer algo tan simple como abrir una cuenta en el banco. Cuando Mercedes era adolescente, vivió el fervor de la movida madrileña, fue testigo de una revolución cultural al son de peinados cardados y música pop. En el año que Silvia nació, ya existía internet y los primero móviles, aparatosos, de largas antenas, se empezaban a ver por las calles.

Silvia, Mercedes y Nieves son tres generaciones, tres infancias, tres educaciones acordes a un contexto que las ha formado como personas. Las tres tienen algo en común, se reconocen como feministas y día a día hacen gala de unos valores que tienen un objetivo claro: conseguir la igualdad entre hombres y mujeres. Aunque su compromiso es el mismo, su edad, sus vivencias y sus experiencias hacen que cada una de ellas viva este movimiento social desde una óptica distinta.

Las tres entienden el feminismo como una «lucha» cuyo objetivo es la búsqueda de la igualdad y las tres lo asumen como algo natural en su vida, algo que para ellas ha estado ahí desde siempre. «Yo soy feminista desde que nací, porque siempre he considerado que como ser humano debo tener los mismos derechos que el resto de mis iguales», afirma con contundencia Nieves Román, de 61 años, un argumento que comparte con Mercedes Cerviño, de 49. «Aunque no sepas lo que el feminismo, cuando eres pequeña te revuelves, te enfrentas a que, por ejemplo, tú debas hacer más tareas en casa que tu hermano», recalca la mujer.

Igualdad en el hogar

Es en este ámbito, en el hogar, cuando la búsqueda de la igualdad cobra protagonismo en la vida de las tres. Silvia García, estudiante de 23 años, no duda en afirmar que «hay veces que se debe empezar por un lugar pequeño para comenzar a ver una diferencia». La joven explica que ella intenta transmitir valores de igualdad a sus hermanos y asegura que es con estos con los que tiene pensado educar a sus hijos el día que los tenga. Mercedes coincide con la joven en que la educación que se da en cada familia es muy importante aunque, desde su perspectiva de madre con dos hijos que rozan la adolescencia, opina que no es suficiente. «Yo a mis chicos les enseño que todos debemos hacer las mismas tareas y les hablo de feminismo», explica para añadir: «pero también tienen muchos impactos fuera de casa, por ejemplo la música que les llega y que escuchan».

Silvia tiene 23 años y es estudiante
Silvia tiene 23 años y es estudiante- ABC

Nieves, desde una posición más madura, no comparte el entusiasmo de sus compañeras. «Yo creo que en el hogar las mujeres seguimos asumiendo tareas que solo hacemos nosotras», explica y considera que la igualdad en el ámbito privado es todavía una tarea pendiente «más difícil incluso que el cambio social».

Tanto Silvia como Mercedes y Nieves tienen estudios superiores, pero sus historias y experiencias son distintas. Silvia, como millares de chicas de su edad, ha tenido la suerte de poder estudiar en la universidad una carrera de su elección, al igual que Mercedes, que se formó como técnico de sonido, un ámbito tradicionalmente masculino en que se hizo un hueco. En el caso de Nieves, no estudió porque su padre no la dejó. «Yo era una chica y lo que tenía que hacer era ponerme a trabajar y casarme», cuenta la mujer, que ha dedicado su vida a ser regidora de teatro. Pero, en el año 2011 decidió quitarse una «espinita» que tenía clavada y se matriculó en la universidad, donde cursó durante cuatro años la carrera de Comunicación Audiovisual y consiguió aquello que «le habían negado de joven».

Maternidad y conciliación

El feminismo alcanza todos los ámbitos de la vida, y el laboral no queda excluido. Mercedes pone el foco sobre todas las dificultades que conlleva para una mujer en el trabajo la maternidad. «El ser madre a veces impide ascender a mejores puestos», comenta la mujer. También habla de conciliación y como muchas veces las mujeres, por inercia, son las que deben dedicarse al cuidado de hijos y mayores, sin posibilidad de conciliar y, considera, lacrando así su desarrollo profesional. Nieves comenta como, cuando empezó a trabajar con tan solo 15 años, el trato que recibía, tanto social como salarial, era distinto al de sus compañeros. «Aquella época y una chica adolescente... directamente me trataban como si fuera tonta», recuerda.

Nieves decidió estudiar en la universidad con más de 50 años
Nieves decidió estudiar en la universidad con más de 50 años- ABC

«De primeras el feminismo es un choque para todos, hombres y mujeres», asegura Mercedes. La mujer considera que para ambos «es complicado cambiar la manera de ver las cosas que te han inculcado desde pequeño», aunque «no imposible». Silvia considera que este movimiento social ayuda a todos: «al final se busca la igualdad, algo que nos concierne a todos. Ahora los hombres también hablan de estos conceptos, algo que yo creo que en la época de mi abuela era inimaginable», apunta la estudiante. Nieves, con perspectiva, confirma esos cambios que Silvia tan solo supone: «Ha cambiado mucho el concepto que tiene el hombre del feminismo, antes le tenía miedo». «Ahora ves a chicos jóvenes en las manifestaciones. Al fin y al cabo, esto es cuestión de ser respetuosos unos con otros y tener los mismos derechos», comenta.

«Yo aprendo mucho de las chicas jóvenes», afirma Nieves y asegura que la generación más moderna «parte de una tabla rasa» gracias a la cual tienen menos prejuicios. Mercedes coincide y destaca la fuerza que tiene esa generación, que «es mucho más abierta». Silvia, desde su posición juvenil, admira la experiencia de sus generaciones precedentes y que gracias a ellas «hoy se tengan de muchos derechos que no imagina no poder ejercer».

Con más o menos bagaje, con diferentes edades y diversas experiencias, el pensamiento de las tres converge en un mismo punto: esperan que esta «revolución» no termine hasta que en casa, en el trabajo y en la calle, hombres y mujeres disfruten de plena igualdad.