Doce casos de alimentos que no son lo que parecen

Zumos que son néctares, yogures que son leches fermentadas, york que es fiambre... Saber leer la etiqueta es fundamental para conocer qué estamos comprando y comiendo realmente

MadridActualizado:

En el supermercado, a veces, las apariencias engañan. Cuando elegimos un producto, no hay que quedarse con la foto o la denominación comercial. Saber leer la etiqueta es fundamental para conocer qué estamos comprando y comiendo realmente. En el número de marzo del suplemento ABC Salud hemos recopilado doce casos de alimentos que no son lo que parecen.

123456789101112
  1. A qué se le puede llamar yogur

    En España, legalmente, solo puede denominarse «yogur» a la leche coagulada por dos bacterias concretas: Lactobacillus delbrueckii subsp. bulgaricus y Streptococcus thermophilus. Con un embalaje similar al de los yogures encontramos otros productos que son leches fermentadas con diferentes bacterias. Eso incluye a los que tienen bifidus, l-casei, etc. «Son parecidos nutricionalmente en cuanto a proteínas, hidratos y grasas, pero cambia la cepa bacteriana con la que se fermenta», explica a ABC Beatriz Robles, tecnóloga de los alimentos y experta en seguridad alimentaria. Tampoco es un yogur ni se pueden denominar como tal los mal llamados yogures de soja. Si buscamos la denominación legal en la etiqueta de estos preparados, podrá leer que es una «especialidad vegetal de soja fermentada».

  2. Zumos que son néctares

    No todo lo que viene en botella, tiene color naranja y lleva frutas en la foto de la etiqueta es zumo. Hay que diferenciar entre los zumos 100% exprimidos, que se obtienen directamente de estrujar las naranjas, sin procesos de concentración; de los concentrados (a partir de un jugo de naranja concentrado, al que se le añade agua ) y de los néctares. Estos últimos son preparados a partir de un 50% de zumo de naranja y el resto es agua y azúcar (o edulcorante), informa OCU.

  3. El york o pavo que es fiambre

    No hay que quedarse con la denominación comercial de los productos sino con la legal, que se encuentra en el etiquetado, al lado de la lista de ingredientes. A veces, lo que por la foto parece jamón cocido o pechuga de pavo en realidad es un fiambre, en el que no todo es carne sino que lleva otros aditivos. «Si en la etiqueta pone fiambre es porque lleva añadidas féculas (almidón), más baratas que la carne y con menor valor nutricional», explica la experta en seguridad alimentaria Beatriz Robles. En el caso de aquellos envases en los que puede leerse como reclamo «extra jugoso», OCU avisa en su web de que, en contra de lo que parece, es un producto de menor calidad que otros porque significa que «tiene más agua y menos jamón».

  4. Productos procesados en los que se destaca un ingrediente o sabor

    La normativa exige que si un ingrediente es destacado mediante texto o dibujo se indique el porcentaje en el que está presente, pero no obliga a que haya un porcentaje mínimo. Es por esto que nos podemos encontrar productos en los que el «ingrediente estrella» no es precisamente el que está en mayor proporción. Por ejemplo, una crema de bogavante o una ensalada de cangrejo, puede denominarse así tanto si lleva un 1%, un 10% o un 50% de ese marisco. También hay que estar atento a productos como los yogures o gelatinas de sabores frutales. Que indique «sabor a fresa» no quiere decir que necesariamente lleve fresas, puede que simplemente le hayan añadido aromas y azúcar.

  5. Rallado o lonchas para sandwich que no son queso

    La apariencia y el envase pueden ser similares al de un queso rallado o en lonchas, pero si en el etiquetado no pone la palabra «queso» es porque no lo es. Las palabras que faltan en la etiqueta «no se omiten sin querer, o por azar, o porque quieran acortar la denominación», sino porque «con la normativa en la mano, lo que nos están tratando de vender no será queso sino un preparado lácteo con grasa vegetal», advierten a ABC desde la OCU. «Son más baratos que comprarte la cuña de queso y rallarla, peronutricionalmente son peores, con grasas de menor calidad, más sal y saborizantes», asegura la tecnóloga de los alimentos Beatriz Robles.

  6. Natural, artesano, tradicional, casero...

    Son términos que aparecen cada vez más en los alimentos procesados. «En la mayoría de los casos los fabricantes deciden utilizar estos términos como un mero recurso publicitario, un argumento que pretende ganarse a unos consumidores cada vez más interesados en comer bien, pero de manera engañosa», critica OCU. Desde la organización de consumidores aseguran que aún no hay ningún reglamento que recoja de forma específica la utilización de estos términos concretos. En el caso de «natural», solo está regulado su uso para las aguas minerales, el yogur, algunas conservas y aromas. Para artesano o tradicional, hay sellos que lo acreditan como la Especialidad Tradicional Garantizada (ETG), la Indicación Geográfica Protegida (IGP) o sellos específicos de cada región. En el resto de casos, su utilización no está regulada. OCUha denunciado ante las autoridades de consumo de las diferentes comunidades autónomas hasta 25 productos (salsas, purés, bollería, caldos y alimentos precocinados de diferentes marcas) que utilizaban estos términos por inducir a error al consumidor. «Estas alegaciones son una exageración, cuando no una falsedad», aseguran desde OCU a ABC. La organización de consumidores se ha dirigido a Aecosan para solicitar que se adopte cuanto antes una normativa que acabe con estos «engaños y abusos». Respecto a si estas versiones son mejores que otros procesados, Elena Gascón, dietista-nutricionista de la Facultad de Farmacia y Nutrición de la Universidad de Navarra lo tiene claro: «En general, si son productos que compramos en el supermercado, seguramente su valor nutricional no habrá sufrido una gran variación, por lo tanto hay que restringir su consumo como con otros alimentos procesados».

  7. Lo que hay detrás de los 0%

    Que un producto sea 0% materia grasa no quiere decir que sea 0% calorías. En algunos casos, la pérdida de grasa se compensa con otro ingrediente: el azúcar. «Y la mayor parte de ellos de índice glucémico alto, por lo que no nos ayudarán a controlar el peso», señala Carla Sánchez Zurdo, nutricionista y entrenadora personal en Boostconcept. Los 0% azúcar también pueden contener más grasa. Ahora también encontramos versiones de productos en los que se destaca que no tienen azúcares añadidos. Pero cuidado, porque pueden contener carbohidratos rápidos que aparecen con otros nombres como «glucosa, fructosa, sacarosa, jarabe, almidón, maltodextrina. concentrado de zumo, azúcar invertido...», explica a ABC la nutricionista.

  8. Parecen calamares pero son pota

    Se venden en forma de anillas y su aspecto es similar a las de calamar, pero son más grandes y duras. En realidad se trata de otro cefalópodo: la pota. «Se someten a un procesado con agua y fosfatos para hacerlas más tiernas y blanquearlas. Son considerablemente más baratas que el calamar y, aunque se vendan frescas, lo habitual es que sean descongeladas (debe estar indicado claramente)», explican en la web de OCU.

  9. No todo lo marrón es integral

    Aunque es una creencia popular, los cereales integrales no tienen porqué tener un color marrón. Un alimento refinado edulcorado puede ser marrón sin ser integral en su elaboración y composición. Por el contrario, existen alimentos de color claro producidos con granos «albinos» completos y alimentos refinados de color oscuro como la harina refinada de centeno. Lo que dice ahora mismo la normativa es que «“pan integral” es el elaborado con harina integral, pero no especifica qué proporción de ésta tiene que llevar (así que puede ser un 5%, un 10%... del total)», explica Beatriz Robles, tecnóloga de los alimentos. Si quiere un pan con una gran proporción de harina integral, fíjese en la etiqueta y compruebe qué porcentaje supone este ingrediente en el producto final ya que «a veces se mezcla harina refinada e integral», apunta.

  10. Sin colesterol cuando son vegetales

    En los lineales del supermercado también pueden encontrarse productos con alegaciones innecesarias. Por ejemplo, un gazpacho o una bebida de soja en la que se destaca que no tiene colesterol. «El colesterol solo está presente en alimentos de origen animal. Un producto vegetal nunca va a tener colesterol», apunta la nutricionista Carla Sánchez Zurdo.

  11. Sin colorantes ni conservantes

    Otra alegación muy de moda. Pero, ¿son mejores o más seguros? «Interpretamos que no llevan aditivos, pero se trata solo de un tipo. Puede llevar otros como saborizantes, emulgentes o potenciadores del sabor. El producto es igual de procesado y nutricionalmente igual de poco o muy saludable», explica la experta Beatriz Robles, que recuerda que todos los aditivos autorizados «son seguros».

  12. La carne picada que lleva algo más

    Si lo que busca es un carne picada y nada más, la mejor opción es pedirle a su carnicero que le pique una pieza. Si la compra ya envasada, lo más probable es que esté adquiriendo un preparado de carne, que se denomina «burger meat». «Entre el 65% y el 90% es carne, pero el resto son espesantes, almidones, proteína de soja, conservantes y colorantes», señala OCU en su web.