Una UE dividida modera su plan de recorte de emisiones

Espala se alinea con Francia y apoya la reducción a un 35 por ciento las emisiones de dióxido de carbono en 2030

ENRIQUE SERBETO
BRUSELASActualizado:

La presidencia austriaca propuso ayer una solución de consenso para la legislación que impone una reducción de emisiones de los coches, a medio camino entre las ambiciones de los países más optimistas y los más reticentes. Lejos de los objetivos más maximalistas, los ministros consideraron una reducción de emisiones de CO2 del 35% en 2030. Para contentar a los más entusiastas, la presidencia propuso al mismo tiempo una cláusula de revisión que se activará en 2024 para analizar si a la luz de las nuevas tecnologías que se hayan desarrollado hasta entonces el proceso de descarbonización del transporte puede ser más rápido.

La reunión, que se prolongó durante todo el día, estuvo marcada por la división entre los países miembros. Primero, a la hora de respaldar la revisión al alza de los objetivos climáticos de la UE a partir de 2020 de cara a la próxima Cumbre del Clima que se celebrará en Polonia este diciembre y después en la discusión sobre la reducción de emisiones. El hecho más significativo en esta discusión es que, como en casi todo en la UE, nada funciona bien si Francia y Alemania no están de acuerdo. Y en este caso, Alemania ha estado de forma indisimulada al lado de los intereses de los grandes fabricantes de automóviles, mientras que Francia, cuya industria es igualmente muy poderosa, sigue enarbolando la bandera de la reducción drástica de emisiones, en parte porque la conferencia de París sobre el cambio climático ha dejado una huella en su acción gubernamental, pero también porque eso hace más competitiva su industria eléctrica nuclear en el futuro, o al menos durante unas décadas mas. En este caso, se plantea un problema para España que normalmente podría sumarse a una posición franco-alemana, teniendo en cuenta que en nuestro país el automóvil supone un nada desdeñable 12% de la industria, pero que se queda un poco desguarnecida si tiene que tomar partido entre unos y otros.

La ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, dijo precisamente a su llegada a Luxemburgo que España aceptaría una solución de consenso entre Francia y Alemania «para ir más deprisa en el futuro» en materia de renovación tecnológica hacia vehículos de bajas o cero emisiones.

También fue parte del debate un informe de la Comisión Europea, seguramente filtrado intencionadamente, para advertir de los costes que han calculado sus expertos en materia de empleo en caso de que los ministros tomasen una decisión demasiado drástica en la desaparición de la actual tecnología. La Comisión se refería sobre todo a los costes de la industria auxiliar que orbita en torno a las fábricas de coches y que muchas veces carece de la tecnología adecuada o de la financiación necesaria para adaptarse. O incluso para afrontar su desaparición porque sus productos no tienen cabida en los coches futuros.

Los ministros tampoco estaban de acuerdo al discutir su posición en la Cumbre del Clima COP24 que se celebrará en Katowice (Polonia) en diciembre y en la que no se habla de la voluntad política de elevar el objetivo de reducción de gases de efecto invernadero que ahora está fijado en al menos un 40% en 2030, como pedía un grupo de países (además de España, lo apoyaban Bélgica, Chipre, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Grecia, Italia, Luxemburgo, Holanda, Portugal, Eslovenia, Suecia y Gran bretaña). La principal oposición vino por parte de Polonia que tiene una industria energética basada en el carbón y un gobierno nacionalista que no acepta en ningún caso un gesto que interpreta como un menoscabo a su independencia energética, para acabar en manos de un suministrador de gas como Rusia.

Ejempleo europeo

Al menos el texto recoge en parte el espíritu del último informe de los expertos de la ONU sobre el cambio climático publicado este lunes y recuerda la «urgencia sin precedentes que se necesita para fijar esfuerzos globales para evitar los peligrosos efectos del cambio climático». Europa tiene como objetivo 2030 lograr que el 32% de energía sea de origen renovable en 2030, sumando un 32,5% de reducción de consumo en tecnologías para la eficiencia energética. Y para subrayar el papel de esencial de Europa en el mundo en esta materia, el documento acordado por los ministros comunitarios recuerda que «entre 1990 y 2016, el producto interior bruto de la UE aumentó en un 53% mientras que el total de emisiones cayeron un 22,4%». Entre 1990 y 2012, «la parte total de las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE cayó del 17,3% al 9,9%», lo que confirma que los demás países del mundo no están haciendo lo mismo.