Un buzo se sumerge en la bahía de Pollensa (Mallorca) para replantar fragmentos de Posidonia oceánica
Un buzo se sumerge en la bahía de Pollensa (Mallorca) para replantar fragmentos de Posidonia oceánica - RED ELÉCTRICA

La «diosa de los mares» que lucha contra el cambio climático

El proyecto Bosque Marino recupera dos hectáreas de pradera de una planta clave para el Mediterráneo: la «Posidonia oceanica»

BAHÍA DE POLLENSA (MALLORCA)Actualizado:

Poseidón es el dios griego de los oceános. Su cuerpo escultural y su tridente le permitirán recrearlo en su mente y recordarlo rápidamente. No es casual que esta figura de la mitología griega haya servido de inspiración para bautizar a una planta marina endémica del Mediterráneo: la Posidonia oceanica.

Este especie «emblemática» tiene la capacidad de formar praderas submarinas que le sirven de hábitat para otros organismos, filtra partículas y nutrientes haciendo las aguas más transparentes o atenúa las corrientes de oleaje haciendo que se disipe la energía y lleguen menos olas a la playa. Además, es una especie protegida por su importancia en la lucha contra el cambio climático.

Por ello, Red Eléctrica, una compañía española dedicada a la operación del sistema eléctrico y al transporte de electricidad, ha puesto en marcha un proyecto llamado Bosque Marino para recuperar dos hectáreas de praderas de Posidonia oceanica en la bahía de Pollensa, Mallorca. «La responsabilidad social corporativa de las empresas se ha centrado en no dañar, pero lo que hay que hacer es regenerar, en este caso, esta especie de altísimo valor ecológico», explicó Eduardo Maynau, delegado de Red Eléctrica en Baleares.

Red Eléctrica puso en marcha el proyecto el año pasado y ya ha recuperado 1,5 hectáreas a través de la plantación de 8.000 fragmentos en colaboración con el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados de la Universidad de las Islas Baleares (IMEDEA-UIB), la Consejería de Medio Ambiente, Agricultura y Pesca del Gobierno Balear y el Aeródromo Militar de Pollensa.

El más grande de España

Este proyecto de replantación, con un presupuesto de medio millón de euros, «es el más grande por extensión España y en el Mediterráneo», asegura Jorge Terrados, científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de quien depende el IMEDEA. Esta planta no solo crece en Mallorca, sino en todas las costas del Mediterráneo. Fuera de nuestras fronteras se puede ver en Francia, Italia, Grecia, norte de África, Turquía, etc. Se ha optado por hacer el proyecto en la isla balear (donde hay más posidonia) porque es donde más se ha investigado sobre la replantación de esta especie.

La iniciativa ha permitido acelerar el proceso de recuperación natural de una planta de crecimiento muy lento que, sin intervención, duraría años. De hecho, Terrados advierte de que no vamos a ver esa tupida extensión de posidonia porque puede que hasta «dentro de 200 o 300 años no se genere pradera». Aún así, sus beneficios son inmediatos, ya que mientras crece crea hábitat para otros organismos marinos como, por ejemplo, peces y crustáceos.

El poder de esta «diosa de los mares» es tal que es capaz de acumular una cantidad de carbono muy superior a la capturada por los bosques tropicales o templados. ¿Cómo lo hace? «La planta absorbe el dióxido de carbono y con ayuda de la luz lo fotosintetiza y produce así una masa vegetal que, cuando muere, queda enterrada en el sedimento. Todas las plantas son capaces de absorber dióxido de carbono, pero la diferencia es que la posidonia crece lentamente y sus restos se descomponen aún más lento, lo que le da una gran capacidad de almacenar dióxido de carbono que queda retenido en el sedimento de la pradera y así se quita de circulación», explica Terrados. Para llevar a cabo el proceso se recolectan fragmentos de posidonia producidas de forma natural por el oleaje, sobre todo tras fuertes temporales. Los fragmentos son de zonas cercanas a la bahía de Pollensa, «para no cambiar los patrones naturales de distribución de genes de la planta», señala Terrados.

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Estos fragmentos se atan a unas estructuras metálicas, estribos, que ayudan a la planta a enraizar y son clavadas por buceadores en el fondo del mar, a cinco metros de profundidad y donde se dan las condiciones idóneas de calidad de agua, luminosidad, etc para el crecimiento de la planta. Tras uno o dos años empezará a generarse la raíz.

Supervivencia del 90%

El Bosque Marino no solo ayuda a conservar los ecosistemas, sistemas dunares y a luchar contra el cambio climático. También funciona como un laboratorio «vivo» que permite hacer un «seguimiento del ritmo de recuperación del ecosistema en la zona restaurada», explica Borja Álvarez, responsable de Medio Ambiente de Red Eléctrica en Baleares. El proyecto también ofrece talleres formativos en colegios e institutos de la región para concienciar a los jóvenes de la importancia de preservar esta planta.

Para el próximo otoño se espera que concluya toda la replantación que, en la ya realizada, ha arrojado unos porcentajes de supervivencia de la planta del 90 por ciento.