Imagen de archivo de un agente de Policía italiano
Imagen de archivo de un agente de Policía italiano - EFE

«Me dijeron que si me dejaba romper los huesos me darían 34.000 euros. Al final solo me dieron 500»

Dos bandas en Sicilia rompían huesos y fingían accidentes para defraudar a las compañías de seguros

Los delincuentes se quedan con el dinero que ofrecía el seguro en el falso accidente. Engañaban también a sus víctimas, pagando solo 300 euros por la fractura de un brazo y 400 por una pierna

Corresponsal en RomaActualizado:

Actuaban con inusitada crueldad y cinismo, rompiendo huesos de personas que necesitaban dinero. Después fingían accidentes para engañar a las compañías de seguros y cobraban notables cantidades de dinero, que solo en ínfima parte llegaba también a las víctimas. Once personas, pertenecientes a dos bandas criminales, han sido detenidas en la ciudad siciliana de Palermo por defraudar a las compañías de seguros. Intentaban que las víctimas fueran jóvenes, entre los 20 y 30 años, porque así eran más altas las compensaciones. Buscaban personas con problemas económicos o de tóxicodependencia y discapacitados. Según la policía, su crueldad no conocía límites: «Golpeaban las extremidades de las víctimas, que eran voluntarias, a las que causaban fracturas y las obligaban a caminar con muletas o en sillas de ruedas. De esta forma, les era más fácil engañar a las compañías de seguros». Se habían embolsado ya más de 150.000 euros. A las víctimas les prometían sustanciosas cantidades, pero en realidad les daban poco más que una limosna: 300 euros por un brazo roto y 400 euros por una pierna.

Caso dramático de una madre

Es emblemático el caso de Francesca Calvarusso, de 27 años: «Me hice romper los huesos por mis dos hijos pequeños. Me explicaron que si me hacían fracturas darían 800 euros de inmediato y después otros 34.000 euros una vez que se hubiera producido la compensación de la compañía de seguros. Para mí era un sueño. Al final solo me dieron 500 euros», cuenta al diario «La Repubblica». Sus fracturas se las hicieron en Bagheria, un municipio de 53.000 habitantes de la provincia de Palermo, en un cobertizo, convertido en una auténtica cámara de horrores. Le dijeron que a la aseguradora la presentarían como víctima de un accidente junto a un falso novio. La descripción que hace Francesca de las fracturas que ha sufrido produce escalofríos: «Cuando llegué estaba allí el falso novio al que le habían fracturado un brazo. Me inyectaron dos veces anestesia. Un hombre me tapó la boca, otro me puso una mano sobre los ojos. Primeramente me fracturaron un pie, porque decían que era más doloroso. Pero no debía gritar, porque se corría el peligro de que alguno sintiera los gritos. Después me fracturaron el brazo. Para provocar las fracturas utilizaron discos de hierro de 50 kilos que se emplean en los gimnasios». En ocasiones, echaban mano también de bloques de cemento. Los delincuentes ofrecían droga para mitigar la tortura. Después, llevaban a sus víctimas a un lugar prestablecido para simular el accidente. Así lo cuenta Francesca Calvarusso: «Me cargaron en un coche junto a mi falso novio y nos dejaron en una calle de Bagheria. Allí estaba ya una moto y un coche con señales de un choque. Se encontraba también el falso causante del choque. Me pidieron que me tumbara y poco después llegaron hombres y mujeres que nos asistieron. En el hospital conté que las fracturas se habían producido en el accidente».

Sin escrúpulos

Francesca Calvarusso denunció su caso que ha ayudado para desarticular una banda. La policía investiga a medio centenar de personas, gente sin escrúpulos, como una enfermera del hospital Civico de Palermo, Antonia Conte, que suministraba anestésicos a las dos bandas, y Michele Caltabellota, un perito de seguros, o el abogado Fraziano D’ Agostino. Unos 15 falsos accidentes han podido ser reconstruidos. Algunos habrían sido organizados en Milán, Turín y Messina.

Las investigaciones se iniciaron con la muerte de un tunecino encontrado en una calle de Palermo. El médico forense escribió que las fracturas en tibia, peroné y húmero no eran compatibles con un accidente. El tunecino murió por infarto.