¿Qué debes hacer si tu mascota ha entrado en contacto con la procesionaria?

Con la llegada de los primeros calores que anuncian la primavera y tras un invierno tan cálido como el que estamos padeciendo, las temidas procesionarias comienzan a amenazar a nuestros perros. Por culpa de ellas un tranquilo paseo puede convertirse, en algunos de los casos, en una lucha por salvarle la vida

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La primavera llama a nuestra puerta... y con ella llegan las temibles procesionarias. Este año dado que el invierno ha sido cálido las hay y con mayor cantidad que en otras ocasiones. En nuestro apartado -el de mascotas- hay que extremar la precaución. Les recomendamos que si mientras pasea con su perro y detecta un pino con esas bolas (son sus nidos) avise de inmediato al servicio municipal para que las retire. Estas una vez que eclosionan invaden aceras y jardines y esos «bichitos» se convierten en uno de los peores enemigos de nuestros perros -sobre todo los que tienen el síndrome de perro aspiradora- y los niños que jueguen cerca de ellas. Lo menos que producen es escozor; pero pueden complicarse las cosas y llegar a graves extremos si no se coge a tiempo. Como venimos diciendo, la procesionaria entra con fuerza en la lista de preocupaciones de quienes tenemos mascota . Esta oruga, tóxica también para los humanos, puede llegar a causar la muerte en el caso de los animales. Por este motivo, además de ser muy precavidos, es importante estar lo más informados posible para saber cómo reaccionar en todo momento en relación a ella. Desde Pets.travel, portal donde encontrar experiencias para viajar con su perro por toda España ofrecen información muy interesante y útil sobre este «espinoso» tema que hoy tratamos.

¿Qué es la procesionaria?

La Thaumetopoea Pityocampa es una mariposa nocturna que, en su fase de oruga, es más conocida como la «procesionaria del pino» por el desplazamiento en grupo y en forma de procesión que realiza. Cada una de estas orugas tiene alrededor de medio millón de pelos urticantes que albergan una toxina que puede afectar tanto por contacto directo como por vía aérea. El nombre de procesionaria del pino lo recibe, por un lado, por las formaciones a modo de procesión de las que hablábamos antes. Y, por otro lado, porque las larvas de la oruga se alojan en los pinos (y otras coníferas como cedros y abetos), instalando en ellos sus bolsones para desarrollarse en su interior y alimentarse de sus acículas (agujas y hojas) para crecer.

¿Por qué la procesionaria es un peligro para su mascota?

Cada año, entre los meses de enero y marzo según el lugar de que se trate y la temperatura existente, las orugas de la procesionaria empiezan a emerger y a formar dichos bolsones de los que hablábamos antes. Es en este momento del año cuando presentan un mayor peligro para nuestra mascota. En primer lugar, porque las procesiones de las orugas son muy llamativas visualmente. Tan atractivas son a la vista que pueden ejercer un efecto llamada para nuestros perros (igual que ocurre con los niños) que, al verlas, captan su atención y pueden invitarles a acercarse para verlas más de cerca, tocarlas. Pero, sobre todo, porque en el caso de las mascotas, en ocasiones pueden morderlas (o incluso tragárselas) e ingerir el tóxico que llevan en su interior. Dicha toxina, llamada Taumatopenia, se oculta en el interior de los finos pelos de la oruga y, como decíamos antes, puede transmitirse tanto por contacto directo como por vía aérea. El mero contacto con ella, puede producir urticaria y reacciones alérgicas en humanos y animales; por lo que de ingerirse las reacciones pueden ser bastante más graves, llegando en algunos casos incluso a la muerte. De ahí la importancia de prevenir cualquier posible situación de riesgo, de detectarlas rápidamente en caso de producirse y de saber cómo reaccionar en cada caso.

¿Cómo saber si su mascota ha entrado en contacto con la procesionaria?

El contacto con la oruga de la procesionaria ocasiona una serie de síntomas visibles en tu mascota, al tiempo que provoca también ciertos cambios en su comportamiento. A partir de ambos factores, podremos detectar rápidamente si ha habido contacto con la procesionaria y, en consecuencia, tomar las medidas oportunas. Es importante también discernir qué tipo de contacto ha habido. Si bien es difícil que llegue a tragarse, debido a la irritación que provocan los pelos y que suele llevar a que, una vez chupada o mordida, la procesionaria se suelte y no se trague; en caso de que nuestra mascota llegue a ingerirla, reaccionar de forma rápida y precisa será aún más importante.En caso de que los pelillos de la oruga entren en contacto con los ojos o con las mucosas, nuestra mascota empezará a sentir picores, urticarias y sensación de quemazón. Será fácilmente detectable en su comportamiento porque la notaremos nerviosa, empezará a babear, salivar en abundancia y a rascarse la zona de la boca con las patas. En un segundo momento, podemos detectar dificultad para respirar, indigestión, hipertermia (aumento de la temperatura corporal) y fiebre. En algunos casos más graves, en los que además ha podido ingerirse alguno de los pelos, podremos detectar también inflamación, vómitos, piel dañada, manchas rojizas o moradas en la lengua, y ampollas, pudiendo llegar incluso a aparecer necrosis en la lengua y en la garganta, así como convulsiones. Estos síntomas no se producen de forma tan inmediata como los anteriores, pero es importantísimo reaccionar rápidamente en caso de ingesta para evitar consecuencias nefastas.

¿Qué hacer si nuestra mascota ha entrado en contacto con la procesionaria?

Ya sea porque lo hemos visto o porque hemos detectado en nuestra mascota alguno o varios de los síntomas anteriores, el caso es que nuestro perro ha entrado en contacto con la procesionaria.

¿Qué hacemos entonces?

En todo caso, y aunque lavemos la zona, es importante llevar también a nuestra mascota lo antes posible al veterinario, por si acaso necesita un tratamiento de urgencia. Antes para ir adelantando y evitar males mayores hasta que lleguemos a la consulta veterinaria el primer paso de emergencia consiste en lavar la zona afectada para diluir el tóxico, evitando eso sí que se trague los pelos y siempre de forma que éstos sean expulsados hacia el exterior. Lo ideal es realizar este lavado con suero fisiológico (una buena idea es llevarlo con sus cosas, siempre a mano por si acaso) pero, en caso de que esto no sea posible, podremos lavarle también con agua templada. Muy importante, eso sí, es que en ningún caso frotemos, ya que podríamos romper los pelos urticantes y liberar la toxina, que es justo lo que queremos evitar. Por último, un consejo, en el caso de que vayamos de viaje a una zona de riesgo y alejada de clínicas veterinarias, es recomendable llevar con nosotros, en el botiquín, un medicamento para detener una posible reacción. Para todo esto consultar con el veterinario.