Un toxicómano en un portal de Lavapiés - ABC | Vídeo: Macrorredada contra los narcopisos en Barcelona (ATLAS)

Cuando un narcopiso destroza tu barrio

Madrid y Barcelona son también las capitales de la droga:las casas okupas de las mafias de traficantes proliferan, al calor del nuevo auge de la heroína

Madrid / BarcelonaActualizado:

Toxicómanos tirados en las aceras. «Pipas» en los parques infantiles. «Aguadores» para avisar de la presencia policial. Amenazas a los vecinos. Silbidos como reclamo al paso de los chavales. Ese es el día a día que se vive en las principales ciudades de España, sobre todo Madrid y Barcelona, en aquellos barrios donde proliferan los narcopisos. Empezaron hace un lustro en Lavapiés, en el corazón de la capital del país, llamándose «guettos»: viviendas en las que se guardaba marihuana, hachís y algo de cocaína que, normalmente, se vendía en las esquinas por parte de subsaharianos. Pero la situación ha derivado en barrios tomados literalmente por casas okupas, donde el trasiego de compradores y vendedores es constante e impune; y, además, funcionan como fumaderos.

Para colmo, ahora lo que está en auge es la heroína. Después de más de una década como el mayor supermercado de la droga de Europa, los clanes de la inmensa Cañada Real de Madrid están viendo cómo los continuos golpes policiales en ese poblado, a unos 14 kilómetros de la Puerta del Sol, y el derribo de sus búnkeres puede acabar con su negocio. Pero la droga, como la energía y la prostitución, es imposible de erradicar: se transforma o se traslada.

Las mafias saben que es más complicado que los investigadores entren a reventar un domicilio, pues necesitan orden judicial. Y, por eso, el deambular de drogodependientes, muchos de ellos en las últimas de sus vidas, por barrios del centro de la ciudad, como Lavapiés, Malasaña (donde hace unos días murió un cliente y una chica fue violada) y Tetuán; pero también en distritos puramente residenciales y más alejados, como Usera, Villaverde, Puente de Vallecas o Latina.

Más de cien narcopisos

Hasta 118 narcopisos tiene censados el Consistorio de Manuela Carmena;en 2017 eran «solo» 70. Y eso, después de que en el último año se hayan desmantelado 37 en Vallecas, donde los vecinos se tuvieron que echar a la calle a finales de 2017 para que, de una vez por todas, el Ayuntamiento ponga cámaras de seguridad en el barrio, en el que incluso han organizado «narcotours» como queja. El proyecto está en marcha, pero va para largo.

Como en Tetuán, donde la droga ya se vende hasta en bicicletas y campan a sus anchas las bandas latinas. Las redes de okupas, con un dominicano conocido como «El Tigre» a la cabeza, tienen aterrorizado al barrio, dan patadas en las puertas, toman las viviendas y las realquilan hasta por 600 euros a otros maleantes para traficar. También proliferan los «after hours» ilegales, donde se vende todo tipo de estupefacientes.

En Barcelona, la problemática se concentra en el casco antiguo (Ciutat Vella), especialmente en el Raval, contribuyendo a la acelerada degradación que ha sufrido el «barrio rojo» en los últimos meses. Junto al continuo trapicheo en plena calle, a las agresiones con armas blancas e incluso golpes de machete a plena luz del día –casi siempre vinculadas al tráfico de drogas– y los carteristas, componen un preocupante lienzo en materia de seguridad en el centro de la capital catalana. La gestión de la seguridad en el espacio público será, a buen seguro, una de las bazas que la oposición tratará de jugar en la campaña de las elecciones municipales de la próxima primavera para intentar evitar que Ada Colau repita como alcaldesa.

Es difícil precisar el número exacto de narcopisos que a día de hoy hay en la capital catalana. Se precintan y rebrotan en otro inmueble con facilidad. No obstante, fuentes consultadas por ABC cifraban en unos cuarenta los domicilios del centro histórico en que se despachaban sustancias estupefacientes. Todo ello, antes del gran golpe que los Mossos d’Esquadra, en una operación ordenada por un juez de Barcelona, llevó a cabo el lunes contra estos mercados de la droga, después de un año de investigación. En la bautizada como operación Bacar se registraron 38 inmuebles en la capital catalana, uno en Badalona y otro en Esplugues –en muchos, además, también vivían los cabecillas–, y se detuvo a 58 personas, la mayoría de nacionalidad dominicana. Los 18 líderes ya están en prisión. El resto, en libertad con cargos.

Droga en Barcelona

Los investigadores explican la eclosión de la «moda» de los narcopisos en Barcelona, a partir de los inmuebles que quedaron vacíos en el centro histórico en los peores años de crisis económica, especialmente por los desahucios derivados de las ejecuciones hipotecarias. En el distrito de Ciutat Vella son centenares. Se han multiplicado los pisos vacíos y los traficantes los «okupan» para montar allí sus negocios. Más de la mitad pertenecen a entidades bancarias, fondos de inversión e instituciones públicas.

Los primeros narcopisos surgieron durante el mandato del convergente Xavier Trias y se han multiplicado en la época de Colau. En la misma semana en que los Mossos han protagonizado el mayor golpe al tráfico de estupefacientes en los narcopisos, la policía catalana estrenaba un nuevo dispositivo de seguridad en las calles, centrado especialmente en el Raval. Ante la imposibilidad de aumentar el número de efectivos, al menos a corto plazo, los Mossos apuestan por hacer «más visibles» a los agentes. Habrá más agentes desplegados «de uniforme». Cada día, una furgoneta de los «antidisturbios» aparcará en las zonas más conflictivas del casco antiguo y patrullarán a pie, junto a los agentes de proximidad.

Identificarán a traficantes y carteristas, y tratarán de ofrecer una imagen de seguridad ciudadana. También rondarán por los barrios patrullas en moto. De forma más o menos indirecta, estos dispositivos callejeros podrán ayudar a controlar lo que en los narcopisos ocurra de puertas para adentro.