Alizeta, durante el postoperatorio en la Fundación Jiménez Díaz
Alizeta, durante el postoperatorio en la Fundación Jiménez Díaz - ABC

Cuando atraviesas un infierno para operarte en España con el 50% de posibilidades de sobrevivir

Alizeta tenía una esperanza de vida de meses, pero gracias a la Fundación Recover llegó a España para operarse de una patología congénita del corazón

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Cuando Alizeta llegó a España lo tenía casi todo en su contra. Con tan solo un 50% de posibilidades de sobrevivir y sin el apoyo de su familia, se subió en un avión que le ofrecía un futuro esperanzador, pero también la posibilidad de no volver a pisar nunca Burkina Faso, su país natal.

Debilitada por una enfermedad que llevaba sus 31 años de vida machacándole el corazón, la joven, acompañada de Nemata, una adolescente también enferma con la que en pocas semanas se convertiría en uña y carne, llegó a Europa con el objetivo de poder operarse en el hospital madrileños Fundación Jiménez Díaz de una tetralogía de Fallot –cardiopatía congénita caracterizada por cuatro malformaciones que dan lugar a la mezcla de sangre arterial con la sangre venosa–, una patología que normalmente se opera al nacer, cuando los bebés tienen un año de edad.

Fue la Fundación Recover, dentro de su programa de pacientes (que cada año trae a España alrededor de 20 pacientes para tratarlos) la que le ofreció la oportunidad a Alizeta. Una opción imposible en su país.

«Cuando Alizeta ingresó los médicos vieron que tenía un 50% de posibilidades de sobrevivir», explica Nery Villalobos, responsable del programa de pacientes de Fundación Recover y añade: «Escribimos a los médicos locales para que hablaran con la familia, porque si preferían que Alizeta no corriera el riesgo, tenía que volver a Burkina Faso para vivir sus últimos meses».

Recuperar la esperanza

El apoyo inexistente de su familia y la falta de garantías de supervivencia hicieron que Alizeta dudara en su decisión. Tras un tiempo de lucha interna, su compañera de viaje, Nemata fue un apoyo constante para la paciente. Gracias a ella Alizeta dio el paso y se sometió a la operación.

«Nemata, que también vino a operarse me apoyó mucho durante todo el tiempo que estuve allí, incluso se quedó un poco más después de que la operasen a ella para estar conmigo», relata Alizeta a ABC.

Y así fue. Aunque su compañera se operó al mes y medio de llegar y en dos meses estaba totalmente recuperada, hablo con sus padres para quedarse con su nueva amiga y acompañarla en todo el proceso.

Alizeta (i) y Nemata (d) en el aeropuerto de vuelta a Burkina Faso
Alizeta (i) y Nemata (d) en el aeropuerto de vuelta a Burkina Faso - ABC

La vida de Alizeta cambió en el momento en el que salió del quirófano. «Estuvo unos cuantos días en la UCI porque fue una operación de riesgo, pero cuando salió hubo un antes y un después», dice Nery Villalobos.

«Tras la operación Alizeta era una mujer nueva»

«Antes estaba triste constantemente, hablaba muy poco y estaba muy preocupada. No podía ni caminar. Pero tras la operación estaba todo el rato riendo y hablando. Era una nueva mujer», recuerda la responsable de programas de la operación.

A los cinco meses la joven volvió a casa. «Me hacen un seguimiento los médicos de aquí para controlar vean que todo va bien, pero no necesito seguir ningún tratamiento. La recuperación es de por vida», explica la chica desde Burkina Faso.

«Misiones cardiológicas»

Alizeta es una de las 25 pacientes que formaron parte de la «Misión cardiológica» de la Fundación Recover en 2017. De estos 25 solo han llegado a operarse 10. Tal como explica Nery Villalobos, muchos pacientes fallecieron antes de tener la posibilidad de viajar a España para operarse. «Es una lástima porque son personas que no tienen otra salida», explica.

El proceso es el siguiente: primero los cardiólogos locales seleccionan algunos casos, los cuales son analizados por facultativos españoles voluntarios. Estos hacen una preselección de los pacientes, que después, por orden de prioridad y en parejas, viajan a España para poder someterse a una intervención a la que de otra manera no podrían acceder.

«Como algunos no hablan francés, solo mòoré, una de las lenguas oficiales de Burkina Faso, intentamos traer a alguien que hable ambas para que actúe de intérprete», explica Nery Villalobos.

El objetivo de la Fundación es mejorar la sanidad en África, pero según explica Villalobos, es algo «que todavía queda para que llegue». Por ello intentan dar una esperanza de vida a aquellos pacientes «que se encuentran por el camino».