Francis Collins, director del proyecto público en EE.UU., sonríe ante las explicaciones de Craig Venter. Epa

El consorcio público reclama el libre acceso al genoma con una avalancha de críticas a Celera

La presentación del «libro de la vida» se convirtió en un cruce de acusaciones entre los investigadores del consorcio público y la empresa privada Celera, sobre el control de la información que puede revolucionar la biomedicina del siglo XXI. Las críticas mutuas llegaron a tal punto que se descalificaron la calidad de los borradores conseguidos.

MADRID. J. M. Fernández-Rúa
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La aparente concordia entre la empresa Celera y el consorcio público internacional durante las semanas previas al histórico anuncio era sólo un espejismo, aunque los temores a una nueva andanada de acusaciones tenían cierto fundamento.

Los representantes de la compañía norteamericana y del grupo de investigadores gubernamentales habían negociado previamente el minutaje ante los medios de comunicación de las intervenciones de Craig Venter, presidente de Celera Genomics, y de Francis Collins, responsable del proyecto público del genoma en Estados Unidos.

La tensión entre estos dos grupos rivales resurgió finalmente en las distintas conferencias de prensa celebradas simultáneamente en París, Tokio,Washington, Berlín y Londres, para explicar el alcance del desciframiento del «libro de la vida».

CRUCE DE ACUSACIONES

Los trabajos y el borrador de Celera fueron criticados abiertamente por científicos del sector público. El genoma humano «no está en venta», subrayó con energía en Londres el investigador John Sulston, director del Centro Sanger de Inglaterra, uno de los principales laboratorios del consorcio público.

Este científico, uno de los más críticos con la compañía de Craig Venter y su intención de cobrar por acceder a sus bases de datos, afirmó que habría sido «criminal dejar esta investigación en manos del sector privado». «Hay quienes pretenden hacer pagar una fortuna al resto de la humanidad para permitirle leer su propio código genético», denunció Sulston.

Paralelamente, en París, el profesor Jean Weissenbach, director del Centro de Secuenciación Genómica de Francia, denunció que «Celera utilizó datos del consorcio público y no habría podido tener éxito sin ellos».

«La técnica de la empresa Celera no funcionó y no permite un estudio exhaustivo del genoma humano, aunque se niega a reconocerlo públicamente», añadió este investigador. A la misma hora, en Tokio, el profesor Yoshiyuki Sakaki, del Instituto de Investigación de Física y Química japonés, hizo hincapié en las escasas diferencias que existen entre los resultados obtenidos por el consorcio público y la empresa que dirige Craig Venter.

Este investigador también criticó a Celera, señalando que la negativa por parte de esta compañía a que se verificasen sus datos ha supuesto un perjuicio para la ciencia. En este sentido, el doctor Mike Dexter, director del Welcome Trust que financió el trabajo británico, dijo que los datos obtenidos por el consorcio público ya han sido consultados por unas diez mil organizaciones en todo el mundo. Por el contrario, menos de cincuenta suscriptores han consultado, previo pago de una cuota establecida, los datos de Celera.

Pero las críticas a esta compañía privada no se han circunscrito únicamente al mundo científico. Así, el ministro francés de Investigación, Roger-Gérard Schwartzenberg, dijo ayer que «sin la investigación pública y teniendo cuenta el comportamiento inicial de compañías privadas como Celera, esos datos sobre el patrimonio genético habrían podido ser secuestrados».

ANÁLISIS COMPARATIVO

Schwartzenberg dijo también que la publicación de la secuencia del genoma era un «mal día» para los racistas y xenófobos, ya que revela que todos los humanos somos idénticos en un 99,9 por ciento, con lo que se echa por tierra el concepto de raza y avalan el estudio de la célebre genetista Mary Claire King, en el que demuestra que las pequeñas variaciones en un gen relacionado con la melanina causan las diferencias de color y textura de piel y cabello.

Celera no se ha quedado atrás en las críticas. El estudio que publicará esta semana en la revista «Science» incluye un análisis comparativo de ambos borradores. Según Craig Venter, la secuencia del genoma conseguida por el consorcio público internacional tiene más huecos y es de mayor tamaño que la obtenida por sus investigadores. Quizá previendo la reacción del equipo internacional, Venter elogió en todas sus comparecencias el esfuerzo realizado por esos científicos. El investigador Erik Lander, del proyecto público, aportó más leña a esta polémica afirmando que la estrategia para secuencia el genoma seguida por el equipo de Venter había sido un gran experimento que ha fracasado, porque ha producido más de cien mi fragmentos que no han podido ser ensamblados correctamente en la secuencia. «Es un gran experimento, fue fantástico que lo intentaran, pero fracasó», añadió Lander.

Craig Venter y sus colaboradores lograron en prácticamente un año lo que había estado intentado el consorcio internacional desde 1990, utilizando una estrategia diferente basada en la fragmentación de numerosas partes del genoma humano, descifrándola con veloces máquinas automáticas y, posteriormente, ensamblándolas con la ayuda del ordenador para usos civiles más potente de Estados Unidos.

Frente a esta estrategia, el equipo público ha utilizado un aproximación secuencial, estableciendo mapas que harían posteriormente más fácil el ensamblado en su orden correcto de las tres mil millones de unidades.

MUCHOS LIBROS, NO UNO

Por razones más vinculadas a la cortesía que a la realidad, en la rueda de prensa celebrada en Washington por Craig Venter y Francis Collins no se produjo un claro enfrentamiento. Collins definió la presentación del borrador como «el final del principio», argumentado que si bien se ha esperado durante décadas, todavía se necesitarán muchos años para entender la información conseguida.

En su opinión, el llamado «libro de la vida» es en realidad muchos libros, entre ellos el de la transformación de la medicina por las implicaciones que estos hallazgos tendrán en el futuro tratamiento de las enfermedades.

Por otra parte, Craig Venter afirmó que el conocimiento de los genes terminará con los argumentos racistas, al recordar que las diferencias entre los genomas de dos personas elegidas al azar serían prácticamente nulas. «Nuestro conocimiento sobre el genoma ha cambiado notablemente desde el 26 de junio de 2000», dijo Craig Venter.

PROTEÍNAS Y ENFERMEDADES

El presidente de Celera añadió que una de las lecciones más importantes aprendidas durante estos últimos meses «ha sido la de que el entorno es tan importante como nuestro código genético en la aparición de enfermedades». En su intervención pactada en tiempo que no en forma, Craig Venter anunció que los científicos de su empresa se trabajarán ahora en proteómica, disciplina que estudia las proteínas en relación con las enfermedades.

Con menos triunfalismo, pero con el mismo rigor, Francis Collins llegó a definir la genética «como el final del principio», ya que en su opiniónse ha conseguido dar el gran paso esperado durante varias décadas, «pero ese logro ha abierto un horizonte sin límite a la investigación biomédica», añadió.