Un autobús escolar recoge a los niños en Estados Unidos
Un autobús escolar recoge a los niños en Estados Unidos - AFP

Los colegios estadounidenses se pasan al «juernes»

Para ahorrar costes y retener a profesores, cientos de distritos educativos del país han adoptado la semana lectiva de cuatro días: el fin de semana empieza el jueves por la tarde

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

Quienes no pueden esperar al fin de semana para socializar entre barras de bar y bebidas alcohólicas tienen un palabro favorito: «juernes», el jueves tedioso convertido en viernes trasnochador. Ahora, para decenas de miles de estudiantes y profesores estadounidenses, el «juernes» —sin barras ni alcohol— se ha convertido en una realidad. Cientos de distritos escolares, sobre todo en la América profunda, han cambiado la semana lectiva casi universal de cinco días por otra de cuatro. El jueves es viernes. «¡Hurra!», se escucha en los pasillos. El cambio, sin embargo, no convence a todo el mundo.

La semana lectiva de cuatro días no es novedad en muchas regiones rurales de EE.UU., sobre todo en el Oeste del país, donde las distancias y la poca densidad demográfica se convierten en un desafío para los administradores. La novedad es que, desde hace poco, la tendencia empieza a sentirse también en zonas suburbanas e incluso urbanas.

La razón original para reducir en un día la asistencia a clase es económica: se ahorran costes como el transporte de los alumnos, la calefacción en los centros, gastos de limpieza o suministros para el funcionamiento de los centros. «Es una cuestión de falta de financiación», explicó recientemente a ‘Newsweek’ Chris Fedler, superintendente del distrito 27J en los suburbios de Denver (Colorado). Para otros, el estrechamiento de la semana lectiva tiene mucho que ver con el gran pilar de la educación: los profesores. EE.UU. vive una crisis sistémica en la que los docentes cobran poco, lidian con muchas horas de trabajo, sufren estrés y están desmoralizados. Por ejemplo, en Oklahoma, uno de los estados que más fuerte han apostado por la nueva semana lectiva, el sueldo de los maestros, en términos reales con ajuste de inflación, ha caído en diez de los últimos once años. «Se ahorra, sí, pero ahí no está donde reside el éxito», aseguró a ‘The Wall Street Journal’ David Blackburn, superintendente del distrito de Salida, también en Colorado.

Para los profesores, la semana de cuatro días es un aliciente y los distritos que adoptan el sistema lo tienen más fácil para captar docentes o retener los que ya están en sus aulas. «Por fin tengo fin de semana», es una reacción habitual entre los profesores afectados por este cambio. En muchas ocasiones, los maestros dedican buena parte de su tiempo libre a preparar las materias, corregir exámenes o adaptar las clases a las necesidades de sus alumnos. Con un día extra, la conciliación entre sus vidas y las necesidades lectivas de los alumnos es más fácil.

A día de hoy, hay cerca de 600 distritos en casi la mitad de los estados del país que han adoptado la semana de cuatro días. Estados como Colorado, Nevada, Oklahoma, Oregón o Nuevo México son donde está más extendida. En este último, la adopción se ha acelerado tanto que los legisladores estatales han impuesto una moratoria para estudiar primero el impacto en el rendimiento de los alumnos y en familias de bajos recursos.

Estas son las dos grandes preocupaciones que provoca el sistema: su valía pedagógica y el mayor estrés que puede provocar en familias que no pueden atender a su hijo los viernes por motivos de trabajo, o no puede costearse su atención extraescolar ese día. La primera está todavía por comprobarse. Los alumnos no ven reducida la carga lectiva: compensan el día perdido entrando más temprano por la mañana el resto de jornadas o saliendo más tarde. Todavía no hay estudios concluyentes sobre si el sistema les permite asimilar mejor los conocimientos o no, pero sí estudios limitados que apuntan al optimismo. Por ejemplo, el realizado por investigadores de la Universidad Estatal de Montana y de la Universidad Estatal de Georgia que muestra que los estudiantes obtienen mejores resultados en matemáticas. Otra investigación, elaborada en la Universidad Estatal de Misuri, concluye que el 87% de los docentes y administradores consultados consideran que la semana de cuatro días tiene un impacto positivo en la enseñanza, mientras que el 76% cree que ha mejorado la calidad académica en sus centros. Por parte de los profesores, su moral ha mejorado un 91% con un fin de semana de tres días.

Donde los datos son innegables es en el ahorro. En distritos pequeños, como el de Salida, el es de solo 60.000 dólares al año. De hecho, en un estudio elaborado en 2011 de la Comisión Educativa de los Estados, el cambio a los cuatro días suponía una reducción presupuestaria de entre el 0,4% y el 2,5%. El ahorro puede ser mínimo para un trastorno educativo considerable. Pero, por ejemplo, en el condado de Duval (Florida), uno de los más grandes del país, su cambio a la nueva semana lectiva consiguió ahorrar 7 millones de dólares, equivalente a un salario de calidad para setenta docentes.

En muchas ocasiones, los distritos se comprometen a regresar a la semana de cinco días tras cumplir objetivos presupuestarios. Pero la realidad muestra que, una vez hecho el cambio, nadie quiere volver al sistema antiguo. «La idea ha sido contagiosa porque le gusta a los adultos», ha explicado Paul Hill, de la Universidad de Washington Bothell, que fundó el Centro para la Reinvención de la Educación Pública. «Los profesores tiene más tiempo libre, y a los padres que están en casa les gusta la facilidad para llevar a los hijos al médico o hacer recados con ellos los viernes». Mientras los resultados académicos no levanten las alarmas, nadie parece querer volver a un fin de semana de dos días.