La clínica alemana que hizo inhalar dióxido de nitrógeno a 25 personas defendió la ética de los experiementos

La Clínica Universitaria de Aquisgrán, que investigó el impacto del dióxido de nitrógeno (NO2) en seres humanos, defendió este viernes la ética de sus ensayos científicos y aseguró que fueron totalmente independientes de la industria automovilística, aunque ésta los financiaran

BERLÍNActualizado:

Ante la ola de indignación levantada en Alemania por los experimentos con cobayas humanas realizadas por el lobby automovilístico, los científicos que los llevaron a cabo han comparecido esta tarde ante la prensa para defender su trabajo y asegurar que las pruebas fueron realizadas bajo los estándares de calidad necesarios. La Clínica Universitaria de Aquisgrán, que investigó el impacto del dióxido de nitrógeno (NO2) en seres humanos, afirma además que los estudios fueron totalmente independientes de la industria automovilística, aunque fue ésta quien los financió. El experimento contó con una financiación de 220.000 euros y consistió en el sometimiento a 25 voluntarios a inhalaciones tóxicas de diverso grado durante tres horas, una vez por semana y cuatro semanas seguidas. Tras cada sesión se realizaban pruebas de medición de parámetros médicos y se les tomaban muestras de sangre para comparar el estado del organismo con los parámetros observados en situaciones de aire limpio. Los responsables consideran que los estudios son científicamente irreprochables y que «se cumplieron las cuatro condiciones: ninguna influencia en el diseño del estudio, ninguna influencia en el desarrollo del estudio, derechos de publicación libres y transparencia en la financiación», y se desvinculan por completo de la decisión de las empresas de no publicar los resultados, según los cuales y como ha desvelado la prensa alemana, los más modernos coches de Volkswagen son más dañinos para la salud que los fabricados a finales del siglo XX.

El director del Instituto de Medicina del Trabajo que realizó el experimento, Thomas Kraus, ha enviado el informe con todos estos datos al Gobierno regional y ha declarado sentirse «traicionado» por las empresas que financian la Asociación Europea de Estudios sobre la Salud y el Medio Ambiente en el Transporte (EUGT), que son Volkswagen, BMW y Daimler, debido a que los investigadores pensaban que no estaban midiendo el impacto de las emisiones de los motores diésel, sino sólo el de uno de sus muchos componentes (el NO2), que es para lo que obtuvo el aval de la comisión ética del centro. En el mismo sentido se ha expresado también el decano de la Facultad de Medicina, Stefan Uhlig.

Según ambos han explicado, la idea de realizar del proyecto partió de la comunidad científica, ante el debate sobre la necesidad de reducir las concentraciones máximas de NO2 en ambientes laborales, y no tuvo relación con el escándalo de la manipulación de emisiones contaminantes de los vehículos diésel, que se conoció con posterioridad. Dicen también que las concentraciones de gas fueron «claramente por debajo de las que se registran en muchos lugares de trabajo en Alemania» y que el estudio se realizó «bajo estrictas y controladas condiciones médicas y técnicas», y centrándose en la reacción del sistema inmune a cortas exposiciones de NO2.

A modo de testigo de la defensa, los científicos se han presentado en su comparecencia ante la prensa acompañados por Georg Winkers, uno de los voluntarios que participaron en el experimento y que ha accedido a presentarse ante los periodistas para «relativizar» lo ocurrido y «desdramatizar» la participación de humanos en las pruebas de laboratorio. “No pasó mucho. Y hoy no tengo ninguna secuela”, ha dicho el joven estudiante, mientras que el centro aseguró que el ensayo no ha tenido repercusiones en la salud de ninguno de los voluntarios.

El profesor de Salud Medioambiental del King,s College Frank Kelly, al tanto de investigaciones similares en Europa, explica que los experimentos suelen consistir al menos en dos sesiones de dos horas de duración cada una. Los sujetos son sometidos a las inhalaciones, 90 minutos sentados y otros 30 minutos en movimiento, ya sea ejercicio aeróbico o bicicleta estática, el mismo experimento que previamente, días antes, ha sido realizado en un espacio de aire limpio. Después de cada sesión les son realizadas las pruebas médicas. «No deben estigmatizarse estos experimentos porque nos benefician a todos. Se realizan estudios de este tipo con una metodología estándar, participan personas voluntarias que cobran unos 12 euros por hora y son test que cuentan con aprobación de las autoridades médicas competentes», señala, admitiendo que hay cientos de estos estudios realizados en diferentes países en los últimos 30 años y que la posible controversia ética surge del hecho de que los estudios sean llevados a cabo por un lobby, lo que pone en cuestión su independencia.