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Política climática

China pone en marcha el mayor mercado de CO2 del mundo

Los expertos confían en que la entrada del mayor emisor ayude a fijar un precio más alto de la tonelada de carbono

MadridActualizado:

Después de varios ensayos con mercados piloto en algunas de sus regiones, China lanza su mercado nacional, que automáticamente se convierte en el mayor sistema de comercio de emisiones del planeta. Y eso que inicialmente incluirá solo al sector de la energía, que cubrirá alrededor de 3.3 gigatoneladas de emisiones de gases de efecto invernadero, lo que representa alrededor de un tercio de las emisiones nacionales de China. Después de esta primera fase preparatoria se espera que otros sectores se sumen para 2020.

El lanzamiento del mercado de carbono más grande del mundo envía una importante señal política del compromiso de China para enfrentar el cambio climático. Poner un precio a la contaminación puede incentivar la eliminación gradual de los combustibles fósiles, si bien los mercados de carbono existentes hasta ahora no han ofrecido un precio lo suficientemente alto como para impulsar la transición hacia una economía sin emisiones de carbono. Sin embargo, en el caso de China, persisten varias incertidumbres en torno a su plan, incluidas las preocupaciones sobre la calidad de los datos y los sistemas de medición, verificación e información en muchas de las provincias chinas.

Poner un precio al carbono es clave para transformar la economía global. Este concepto está emergiendo alrededor del mundo a partir de las decisiones que ya han tomado estados, provincias y ciudades y los esfuerzos ahora están dirigidos a asegurar que ese esquema del carbono, ya sea mediante tasas u otras medidas políticas que conduzcan a un precio efectivo del carbono, sea eficiente, justo y transparente, y a encontrar formas de unir estos distintos mercados emergentes de carbono. Como ya hemos visto que han hecho provincias en Canadá o California, por ejemplo, y como seguramente saldrá de las negociaciones entre la UE y China.

Desde Carbon Market Watch, una alianza de organizaciones que analiza los mercados de carbono y aboga por una protección climática justa y efectiva, consideran que la mayoría de los precios del carbono en todo el mundo son demasiado bajos para reducir las emisiones lo suficientemente rápido como para limitar el calentamiento global a niveles seguros. Esto incluye el Sistema de Comercio de Emisiones de la UE que, a su juicio, sufre un exceso de oferta masiva y una entrega excesiva de permisos gratuitos.

Femke de Jong, directora de políticas de Carbon Market Watch, cree que China y otros pueden aprender de estas experiencias para desarrollar sus mercados de carbono: las salvaguardas tales como el aumento de los precios base de carbono son esenciales desde el principio.

Implicaciones para Europa

El inicio del sistema de comercio de emisiones de China señala un movimiento mundial hacia la fijación de precios del carbono que tendrá implicaciones también para la Unión Europea. «Hasta ahora –dice De Jong- las industrias han cabildeado con éxito para obtener permisos de contaminación gratuitos al amenazar con trasladar la producción a otras partes del mundo con leyes ambientales más laxas, incluida China, pero este argumento está perdiendo terreno rápidamente».

«Con más y más países en todo el mundo adoptando iniciativas de fijación de precios del carbono, ya no existe una justificación para que la UE otorgue permisos gratuitos a las industrias más contaminantes. La subasta de permisos de contaminación debería convertirse en la norma a medida que avanzamos hacia la fijación de precios globales del carbono», explican desde esta alianza.

Lo cierto es que poner un precio al carbono es clave para transformar la economía global. Para Xavier Labandeira, catedrático de Economía de la Universidad de Vigo y codirector del centro de investigación Economics for Energy, la receta para acelerar esa transición a una economía baja en carbono está en las señales del mercado, que ayude a fijar un precio importante de la tonelada de CO2, para lo que habrá que recurrir a la fiscalidad verde, introduciendo incentivos e instrumentos fiscales que garanticen un cambio de modelo más eficiente y competitivo.