Craig Venter, junto a la portada de «Science», que publica su borrador. Reuter

Celera obtuvo 7.000 millones en seis meses con la información del genoma humano

Celera obtuvo 7.000 millones de pesetas de beneficios desde que anunció en junio pasado que había descifrado el genoma humano hasta el 31 de diciembre de 2000, por el aumento de empresas e instituciones académicas que han decidido pagar por acceder a su información. Los beneficios han servido para sufragar sus millonarias inversiones y preparar el proyecto del proteoma humano.

MADRID. A. Aguirre de Cárcer
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La polémica sobre la comercialización de la información del genoma, agigantada desde que se anunció en junio pasado el desciframiento de nuestro material genético fundamental, no ha supuesto un freno para el negocio de la compañía presidida por el investigador Craig Venter. Sólo en los últimos tres meses del pasado año obtuvo 3.600 millones de pesetas de beneficios netos, frente a los 1.280 millones cosechados en el mismo periodo de 1999, cuando todavía no había completado su borrador del genoma.

La clave del espectacular aumento en sus ingresos es que se ha multiplicado el número de instituciones, públicas y privadas, que han establecidos acuerdos de suscripción para acceder a sus bases de datos con la información del genoma humano y el del ratón, así como para utilizar las herramientas informáticas que permiten aprovechar la información con fines biomédicos o científicos.

MÁS DE 34 CLIENTES

Frente a los cinco clientes que tenía en 1999 ahora cuenta con 34, pero irán aumentando exponencialmente. Las últimas instituciones con las que ha suscrito acuerdos son la Universidad de California y los Laboratorios Nacionales Lawrence Berkeley, Los Alamos y Lawrence Livermore. Curiosamente, estos centros gubernamentales dependen del Departamento de Energía de EE.UU., que es uno de los principales organismos que financian el proyecto público internacional del genoma humano. Este hecho resulta bastante ilustrativo de la capacidad de Celera para obtener apoyos económicos incluso de sus rivales en esta carrera, que aún está lejos de terminar.

En los últimos meses, Craig Venter ya había conseguido otros importantes clientes, tanto públicos como privados, entre ellos el Instituto Weizmann de Israel (un organismo multicéntrico similar en su estructura al Consejo Superior de Investigaciones Científicas), el Instituto Tecnológico de California o el Instituto de Investigación Genómica de Rockville, un centro sin ánimo de lucro, creado en su día por Craig Venter para descifrar los genomas de virus, bacterias y plantas. También es destacable el acuerdo con el Instituto Médico Howard Hughes, un organismo científico de gran prestigio en Estados Unidos, que financia a 350 científicos de primera línea que trabajan en enfermedades humanas.

En Europa también hay instituciones de prestigio que ya son clientes de Celera, como el Instituto Karolinska o el Instituto Max Planck alemán. Sin embargo, la fórmula más habitual en Europa es la creación de consorcios, nacionales o internacionales, con el fin de abaratar las tarifas de Celera, que pueden rondar los tres millones por cada grupo científico. En España se ha creado un consorcio de diez grupos pertenecientes a varias Universidades, centros del CSIC y el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, que a su vez forman parte de un consorcio integrado por otros grupos europeos.

USO COMERCIAL RESTRINGIDO

Hace pocos días, Celera envió a todos los grupos internacionales que trabajan en genómica un nuevo contrato de suscripción que establece limitaciones estrictas para comercializar la información que ha conseguida. Paralelamente, hacía pública su voluntad de permitir el acceso a su secuencia del genoma humano de forma gratuita a todos los grupos académicos, aunque no a las empresas.

Según los términos establecidos por Celera, los investigadores no vinculados a empresas podrán cotejar sus resultados con la información genómica de esta compañía y cosechar nuevos hallazgos. Sin embargo, si estos grupos académicos desean publicar sus resultados en revistas científicas o solicitar patentes de sus hallazgos deberán hacerse suscriptores. En la práctica esta condición aboca a los científicos de Universidades y centros públicos a pagar por el uso de la información, ya que en la mayoría de los países occidentales, incluido España, los investigadores reciben subvenciones para sus proyectos en función del número e impacto de sus trabajos publicados.

Como contrapartida, dependiendo de los términos de cada contrato, Celera ofrece el acceso al genoma del ratón, de enorme utilidad para descubrir nuevos genes humanos y sus funciones. Las empresas farmacéuticas (hay varias multinacionales que ya lo han hecho) sólo tienen la opción de convertirse en clientes si quieren utilizar la información.

EL ASALTO AL PROTEOMA HUMANO

Celera sólo obtiene beneficios de la venta de esta información, porque no elabora medicamentos y asegura que sólo patentará la secuencia de algunos genes claves. La mayoría de sus lucrativos beneficios han servido para pagar las costosas máquinas automáticas que descifraron nuestro genoma y el superordenador más potente para usos civiles de Estados Unidos, que permitió luego obtener la secuencia casi completa y en su correcto orden de las 3.000 millones de unidades del genoma humano. Desde que Craig Venter anunció que en cuestión de un año lograría este desafío, intentado durante diez por el consorcio público, transcurrieron unos 25 meses de inversiones millonarios. Y todavía sigue en esa línea. El pasado 17 de enero adquirió un superordenador de nueva generación, del tamaño de una maleta, que contiene alrededor 27.000 procesadores en paralelo.

Ahora, Celera se ha embarcado en la identificación de todo el proteoma humano, el conjunto de proteínas, que son mucho más numerosas y complejas que nuestros genes. En ese terreno vaticina los grandes hallazgos científicos y los correspondientes beneficios económicos. Apoyada en la potencia computacional de sus superordenadores, Venter ha comenzado a perfilar ya su estrategia para abordar el asalto al proteoma, cuya información será clave para el desarrollo de nuevos fármacos contra numerosas enfermedades.

Celera contará en esta ocasión con la dura competencia de otras compañías privadas, pero ya nadie duda de la capacidad de Craig Venter para lograr vencer en esta carrera, para la que no se ha preparado todavía ningún consorcio público internacional. Mientras tanto, la cotización de la compañía que ha logrado descifrar el libro de instrucciones del cuerpo humano sigue subiendo en Wall Street.