Cardenal alemán Reinhard Marx, miembre del C-6
Cardenal alemán Reinhard Marx, miembre del C-6 - Reuters

El cardenal alemán Reinhard Marx admite que se «destruyeron» expedientes sobre abusos

Propone levantar el secreto pontificio y publicar los delitos y documentos del proceso interno de los sacerdotes sancionados

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En la tercera jornada de la cumbre antipederastia en el Vaticano, dedicada a la «transparencia», el cardenal de Múnich, Reinhard Marx, miembro del consejo de cardenales del Papa, ha propuesto este sábado levantar el secreto pontificio en todo lo que se refiere al abuso sexual de menores, pues ha terminado convirtiéndose en un obstáculo al esfuerzo por erradicarlos.

El cardenal Marx ha dicho ante el Papa, los presidentes de las 114 conferencias episcopales de todo el mundo y los altos cargos de la Curia vaticana que «en la investigación y proceso por delitos criminales de abuso de menores, el secreto pontifico solo debería aplicarse si hay razones poderosas. Y tal como están las cosas, yo no veo ninguna». En definitiva, no hay razones para que un sumario sea «cien por cien secreto».

El purpurado alemán es un auténtico «peso pesado», pues no solo forma parte del grupo de seis cardenales consejeros del Papa sino que es también presidente del Consejo de Economía del Vaticano y de los obispos de la Unión Europea.

Desde su experiencia como gestor, el cardenal Marx ha pedido con fuerza mejor documentación escrita de cada paso y mayor acceso a los sumarios de los procesos canónicos pues «no es la transparencia lo que daña la imagen de la Iglesia sino los abusos cometidos, la falta de transparencia y el sucesivo encubrimiento».

«Los expedientes que deberían haber documentado los hechos terribles y los nombres de los responsales fueron destruidos o ni siquiera se crearon»

Marx ha propuesto una nueva «definición de los objetivos y los límites del secreto pontificio», pues «los cambios sociales de nuestra época se caracterizan cada vez más por cambios en los modelos de comunicación», y «cada uno de nosotros puede intercambiar información instantánea a través de Facebook, Twitter, etc.». Por eso «es necesario redefinir la confidencialidad y el secreto, que son distintos de la protección de datos», para despejar «la sospecha de encubrimiento».

El purpurado alemán ha reconocido «abusos de poder en el área administrativa», que han contribuido a «obscurecer, desacreditar y hacer imposible la misión de la Iglesia. Los expedientes que deberían haber documentado los hechos terribles y los nombres de los responsales fueron destruidos o ni siquiera se crearon».

Con demasiada frecuencia, «en lugar de imponer reglas y silencio a los agresores se le impuso a las víctimas. Los derechos de las víctimas fueron pisoteados». Para el cardenal Marx, ese cuadro es intolerable pues la justicia interna de la Iglesia «no puede estar por debajo de los niveles de calidad de la administración pública de justicia».

A su vez, la religiosa nigeriana Verónica Openibo, ha invitado con serenidad a los 190 participantes en la cumbre a «reconocer que nuestra mediocridad, hipocresía y complacencia nos han traído a este desgraciado y escandaloso lugar en que nos encontramos como Iglesia». Y les preguntaba con fuerza: «¿Por qué henos mantenido el silencio durante tanto tiempo?».

La hermana Verónica ha insistito en la necesidad de «resolver los casos cara a cara, en conversaciones valerosas y transparentes tanto con las víctimas como con los agresores y con los grupos encargados de investigar».

Una vez aclarada la responsabilidad, «la excusa de que se debe respetar a algunos sacerdotes por su avanzada edad o por su posición jerárquica es inaceptable».

La religiosa nigeriana ha manifestado su preocupación «al ver que, en Roma y en otros lugares, se trata a los seminaristas como si fuesen ‘más especiales’ que los demás, animándolos a considerarse de un status superior». Por otra parte, «el estudio del desarrollo humano debería llevar a plantearnos seriamente si todavía deberían existir seminarios menores».

El riesgo de elitismo se plantea incluso «en la formación de las religiosas jóvenes, que puede llevar también a un falso sentido de superioridad respecto a sus hermanas y hermanos laicos, pensando que su vocación es superior».

«Solo quería morir»

Durante la mañana del sábado permanecía muy viva la impresión causada por el testimonio de una víctima. A última hora de la tarde anterior, una mujer italiana describió parte de los abusos sufridos a manos de un sacerdote desde los 11 a los 16 años, y cómo «llegué a pensar que ya no servía para nada, ni siquiera para existir. Quería solo morir. Lo he intentado pero no lo he conseguido».

Ente las personas que entonces le rodeaban, «ninguna se daba cuenta. Aunque yo no hablaba, mi cuerpo empezó a hacerlo: desórdenes alimentarios, hospitalizaciones variadas… Se atribuía todo a ansiedad por la escuela donde, de repente, todo iba mal».

A pesar de sus dudas, decidió casarse pero, a los 26 años, «cuando estaba ya preparada para mi primer parto, un flash back me trajo todo a la mente. Me quedé bloqueada, mi hijo sufrió peligro, darle de mamar se hizo imposible por los recuerdos que salían a superficie…».

«La víctimas no es culpable de su silencio. El trauma y los daños son mayores cuanto más se prolonga el silencio entre miedos, vergüenza y sensación de impotencia»

En vista de la crisis, reveló por primera vez los abusos a su marido, «que los usó contra mí pidiendo, en el proceso de separación, que se me quitase la potestad materna por indigna».

La emoción de los presentes era muy fuerte cuando añadió que «he necesitado 40 años para reunir las fuerzas y poder denunciar. Después, el proceso ha tenido un coste emocional muy alto: hablar con seis personas de gran sensibilidad, pero solo hombres y además sacerdotes, ha sido difícil. Creo que una presencia femenina seria indispensable para escucharnos».

E insistió con fuerza en que «la víctima no es culpable de su silencio. El trauma y los daños son mayores cuanto más se prolonga el silencio entre miedos, vergüenza y sensación de impotencia. Las heridas no prescriben nunca. ¡Al contrario!”.

En la línea de transparencia, todas las ponencias de la cumbre están disponibles, traducidas a los principales idiomas, en la página web www.pbc2019.org mientras que las intervenciones, retransmitidas en «streaming», siguen disponibles en el canal de Vatican Media en YouTube.

El programa del encuentro incluye un acto litúrgico penitencial este sábado por la tarde y una misa el domingo, seguida de un discurso del Papa para presentar las conclusiones.