Afectados por Harvey en Beaumont Place, Houston, Texas, EE.UU., el 28 de agosto de 2017
Afectados por Harvey en Beaumont Place, Houston, Texas, EE.UU., el 28 de agosto de 2017 - REUTERS

El calentamiento del océano provocó la feroz temporada de huracanes en el Atlántico en 2017

Un estudio predice que la región podría sufrir un par de tormentas adicionales al año para finales de siglo

ABC
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Hace un año, Puerto Rico se encontraba sumida en el caos tras el paso del huracán María, que según el Gobierno del país, provocó unas tres mil muertes directas e indirectas y cuya devastación hoy sigue siendo tangible. Fue el más intenso de la temporada de 2017, en la que también causaron estragos Harvey o Irma. Ese año fue el primero en el que tres huracanes de categoría 4, de un máximo de 5, azotaron las costas de Estados Unidos.

Hoy los científicos tratan de averiguar qué factores fueron los desencadenantes y la influencia que pudo tener la actividad humana en esta temporada especialmente activa, en la que trambién se formaron otros tres potentes huracanes que no llegaron a tocar tierra. Desde el año 2000, el promedio de huracanes en la zona es de tres potentes al año, pero antes el promedio estaba más cerca de dos.

Según un estudio publicado este jueves en «Science», no fue tanto el fenómeno de La Niña, como las anomalías locales en la temperatura de la superficie del Atlántico tropical las que influyeron de forma determinante.

«Veremos temporadas de huracanes más activas como la de 2017 en el futuro», dice el autor principal Hiro Murakami, a AP. Para 2100, el promedio de grandes huracanes podría situarse entre cinco y ocho. En concreto, el estudio prevé que la tendencia al calentamiento global por las concentraciones de gases de efecto invernadero y la disminución de la contaminación por aerosoles aumente el riesgo de feroces huracanes en el Caribe, la costa de Estados Unidos y el océano abierto al norte del Atlántico Norte.

Prever los desastres

Monitorizar las tendencias únicas en la temperatura de la superficie del mar, o las anomalías, y la circulación del agua de mar será clave para estimar la probabilidad de grandes temporadas de huracanes en el futuro. El aumento de la temperatura de la superficie del mar funciona como gasolina para los huracanes gracias a que los nutre con vapor de agua.

Murakami descubrió que una combinación de condiciones naturales y el cambio climático provocado por el hombre calienta las aguas en un área clave, lo que provocó tormentas más feroces. Este área es una gran caja que va desde el sur de Florida y el norte de América del Sur y que se extiende hacia el este hasta África.

Utilizando modelos computarizados de alta resolución, Hiroyuki Murakami y sus colegas analizaron la temporada del 1 de julio al 30 de noviembre, encontrando que las condiciones moderadas de La Niña 2017 (un enfriamiento de agua en el Pacífico ecuatorial que a veces está relacionado con la actividad de huracanes) no fueron las más influyentes en la temporada de huracanes 2017. Más bien, fueron las anomalías de temperatura del agua en la citada zona las que estuvieron altamente correlacionadas con una mayor actividad de los huracanes.

Los autores de esta investigación dicen que se necesita un mayor refinamiento en los modelos de simulación para analizar el impacto de las actividades específicas hechas por el hombre en las frecuencias de los huracanes.