Uno de cada cuatro adolescentes se emborracha de forma habitual

No es que sea un mal hábito de la dieta mediterránea tomar una copa de vino en la comida, pero el consumo de alcohol se ha normalizado entre la población española hasta tal punto que ha llegado a sus

M. J. PÉREZ-BARCO. MADRID.
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No es que sea un mal hábito de la dieta mediterránea tomar una copa de vino en la comida, pero el consumo de alcohol se ha normalizado entre la población española hasta tal punto que ha llegado a sus extremos y a un exceso preocupantes. Prueba de ello es que incluso los más pequeños no son ajenos al fenómeno: para seis de cada diez adolescentes beber alcohol es algo habitual.

Aunque resulta más significativo y alarmante el hecho de que uno de cada cuatro chicos de entre 14 y 18 años declara haberse emborrachado en el último mes. Y parece que no hay trabas para evitarlo porque, aunque la ley restrinjan la venta de alcohol a determinadas edades, la mayoría de los adolescentes (93%) reconoce que resulta muy fácil comprar este tipo de bebidas. No extraña, por tanto, que entre la mitad y el 75% de los chavales se consideren usuarios de alcohol.

Botellón de fin de semana

Tanto se ha extendido este consumo entre los jóvenes que, desde hace seis años, se ha duplicado el número de los que hacen botellón cada semana. Es decir, son más los que frecuentemente ingieren cantidades desmedidas de alcohol durante viernes y sábados y también los que se emborrachan habitualmente. Afortunadamente, no ha aumentado significativamente (apenas un 2%) los que se inician en esta práctica, parece una cifra por ahora estable. Y de momento, de los que beben no tantos hacen botellón, son menos de la mitad de los adolescentes (30%), pues el 62% prefiere bares, pubs y discotecas y otro 25% casas o locales particulares.

Este desolador panorama es el que presenta el estudio «Los adolescentes ante el alcohol. La mirada de padres y madres», que ha sido realizado por la Fundación la Caixa y fue presentado ayer en Madrid.

La investigación además de hacer una llamada de atención sobre las abusivas cantidades que consumen cada vez más jóvenes y el aumento del número de borracheras entre ellos, desmitifica algunos tópicos. Por ejemplo, no es cierto que cada vez se consuman estas bebidas a edades más tempranas, pues desde 1992 se mantiene relativamente estable la edad de inicio en el alcohol, entre los 13 y 14 años. Claro, que sorprende el dato de que exista un 7% de chicos de 12 años para los que es una práctica habitual los fines de semana. Un porcentaje que va aumentando con la edad: a los 14 ó 15 años son el 29% los que beben y entre los 16 y 18 el 71%. Cuando ya cumplen los 18 años, es decir, para muchos la edad en la que deberían empezar a conocer estas bebidas, el 81% ya tiene la costumbre de tomar cervezas, vinos o una copa.

Tampoco hay menos mujeres que consuman estas sustancias. Ellas también lo hacen, pero con una diferencia: ingieren menos cantidad.

¿Y por qué beben alcohol los adolescentes? «Para lograr mayor diversión y experimentar sensaciones más placenteras». Esa es la respuesta que siempre dan los propios protagonistas, según explicó Eusebio Megías, director técnico de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), que presentó el estudio. Pero detrás se esconden otras connotaciones: la necesidad de relacionarse con los demás, como forma de provocar a los adultos y para buscar el espacio propio.

El papel de los padres

Los padres se alarman por las abusivas ingestas de alcohol de sus hijos, algo que los chicos ocultan a sus progenitores. Pero a la hora de actuar se da una paradoja: cuando son pequeños, los padres consideran precipitado hablar de los riesgos del alcohol puesto que en casa no se consume. Y cuando ya son más mayores, asumen como inevitable que lo hagan.