José Ramón García (izq) trabaja en la granja de Ángel Fernandez (dcha) cuando este tiene una emergencia
José Ramón García (izq) trabaja en la granja de Ángel Fernandez (dcha) cuando este tiene una emergencia - ABC

Se buscan niñer@s para las vacas asturianas

Once ganaderos repartidos por Asturias cubren bajas y emergencias de otra manera inviables para los ganaderos

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La jornada laboral de Ángel Fernández comienza a las siete de la mañana y ve fin a las nueve de la noche. Abarca los siete días de la semana, los 365 días del año y para él, los festivos son una rareza que se puede permitir muy pocas veces. Pero Ángel lo hace por «las niñas de sus ojos», esas a las que todos los días alimenta, acicala y ordeña: sus vacas.

Aunque la vida de este ganadero está dedicada a su granja, tiene tras de sí un colchón de apoyo que hace que esos días libres tan poco comunes se puedan convertir en una norma en vez de en excepción, el sello de Garantía Ganadera de Central Lechera Asturiana.

Ángel es uno de los 1200 socios de la empresa que disfruta del servicio de «ganaderos suplentes», once profesionales cualificados repartidos por todo Asturias que hacen sustituciones puntuales. Una baja laboral, una celebración familiar o unas vacaciones son posibles para los ganaderos gracias al apoyo de estos técnicos.

«Antes era un poco caos. Trabajabas enfermo o pedías el favor a algún amigo o familiar, que te venía a ayudar y lo agradecías mucho, pero eran personas sin cualificación», relata Ángel Fernández. Además, asegura, que es un alivio poder dejar su granja en manos de un profesional del campo, porque «le da tranquilidad». Pero, no es solo el poder cubrir una baja por enfermedad o una festividad, Ángel también habla de la conciliación familiar. «Ir al bautizo de tu hijo, o pasar tiempo con tu mujer y tu familia, es poder vivir un poco», puntualiza.

Uno de estos once suplentes es José Ramón García y, como él asegura, «aunque no tenga una explotación propia, es ganadero». «Yo a las vacas de Ángel las conozco por su nombre», bromea el técnico en sustituciones, que explica que él y sus diez compañeros «ven a los animales nacer, crecer y los entienden».

«Para nosotros, ser ganadero es una forma de vida, no un trabajo», asegura José Ramón García. Esta dedicación se traduce en un servicio en el que siempre priorizan las necesidades de los ganaderos. Aunque cada granja –todas ellas explotaciones pequeñas y medianas, familiares– tiene unas particularidades, al estar bajo el paraguas de Central Lechera Asturiana, siguen un mismo protocolo de trabajo.

Confianza plena

Tal como relata el técnico en sustituciones, el trabajo es casi siempre el mismo: ordeñan a las vacas, las alimentan, las sacan al pasto, limpian los establos, etc. Aun así, José Ramón explica que cuando van a una granja por primera vez, hacen una visita previa el día de antes. De esta manera, hablan con el ganadero, se familiarizan con las instalaciones y ven si los animales tienen alguna peculiaridad a tener en cuenta durante la jornada de trabajo.

«Cuando no teníamos este servicio, llorabas a algún familiar para que te echara una mano, pero en el fondo tú tenías que estar ahí. Ahora no hace falta, confiamos plenamente en estas personas porque saben hacer su trabajo, son profesionales», concluye Ángel Fernández. No solo los ganaderos salen ganando, también lo hacen las vacas. Si antes tenían una persona que se desvivía por ellas, ahora tienen dos, un par de «papás» que se aseguran de que tengan la mejor calidad de vida posible.