ABC  Borja Thyssen y Blanca Cuesta, en una foto reciente
ABC Borja Thyssen y Blanca Cuesta, en una foto reciente

Borja y Paquirrín: tú a Ibiza, yo a Cantora

Por poco me caigo de la silla al ver a Paquirrín en Ibiza. Ya estoy harta de llamarle El Artista Antes Llamado Paquirrín o Quico, sobre todo porque no sé si es Quico o Kiko y tampoco voy a tirar de

Actualizado:

Por poco me caigo de la silla al ver a Paquirrín en Ibiza. Ya estoy harta de llamarle El Artista Antes Llamado Paquirrín o Quico, sobre todo porque no sé si es Quico o Kiko y tampoco voy a tirar de Francisco José, que suena a emperador. Paquirrín. Aunque creo que voy a empezar a llamarlo Paquirrón. Pues que he visto a Paquirrón en la fiesta Flower Power ibicenca. Anda hija, límpiate las lentillas, que es Borja Thyssen, el otro hijísimo.

Virgen del Abrigo de Pana, que diría Lina Morgan. ¿Cómo es posible que el hijo de Tita Cervera haya acabado pareciéndose al hijo de la Pantoja? Con ese afeitado de cabeza, con esas hechuras. Es cierto que lo de Borja es más de gimnasio que de puchero, pero se ha expandido a lo bestia. Es el suyo un cuerpo a medio camino entre el de Tony Anipke y Paquirrín, sólo que el color pajizo lo acerca más a éste. El de los parecidos es un mundo fascinante. Mi madre decía que Susan Sontag era Ángela Portero de mayor. Hay otros parecidos prodigiosos. Ronaldinho es igual que Jar Jar Binks, el bicharraco de «La guerra de las galaxias. Episodio 1». Vicente Martínez Pujalte es clavadito a Macario, el muñeco de José Luis Moreno. Eduardo Punset tiene toda la cabeza (por fuera) de Art Garfunkel. Koffi Annan es Morgan Freeman, pero sin esas pecas de helado de stracciatella que tiene el actor. Y Borjita Thyssen es Paquirrín. Hace unos días supimos que los españoles somos de los que más trabajamos. Sí, buscando parecidos.

Me creo ese estudio. Los españoles también tenemos menos vacaciones (claro, una cosa implica la otra). No me lo creo por mí, líbreme Wilde (ya saben, el trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer). Me lo creo al ver a María Teresa Fernández de la Vega. ¿Es que esta señora no tiene derecho a vacaciones? Ni fines de semana a lo largo del año, que se los ha pasado yendo a Canarias o Melilla a deshacer entuertos, ni el mes de agosto. Todos los compis del Gobierno descansando y, ella, por Colombia, Bolivia, Perú, Paraguay o Marruecos. Cuando se dijo que se había casado no me extrañó con quién (desde lo de Boyer y Preysler cualquier cosa es posible). Lo que no podía entender es que hubiera sido capaz de tener un noviazgo, de encontrar tiempo. Trabajar tanto no es bueno. Liberad a María Teresa. Es que este mes de agosto está trabajando tanto como Paris Hilton.

La heredera Hilton trabaja como una burra todo el año. En fiestas, vale, pero cada uno trabaja en lo que puede. Y en verano hace horas extra. Que si Mallorca que si Ibiza que si Saint-Tropez. Es mi musa. Cada día sale con una nueva. Es verdad que casi todo es mentira, pero qué más da. Es como lo que Luis Ciges decía de Berlanga: «...Ni es fetichista, ni está enfermo, ni nada ¡Es tan trolero que nunca sabes cuándo dice la verdad!». Pero es tan divertida. Asegura que si baila encima de las sillas en las discotecas (como las focas de los circos o la cabra Catalina) es porque en el suelo hay gente que suda. Ahí le doy la razón, pero quizá fuera mejor no ir. Me gusta también eso de que ha rechazado el papel de Lucy Ewing en la versión cinematográfica de «Dallas», porque era demasiado exigente para ella. Vamos, ni que le hubieran propuesto la Margo Channing de «Eva al desnudo». Estoy segura de que le ofrecen a la Vice el papel de Lucy y, siguiendo la teoría de Franklin Delano Roosevelt, aceptaría y luego se pondría a aprender cómo se hace. Pero la Hilton es un pelín más floja. De Paquirrín ni hablamos.

ROSA BELMONTE