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¿Beber de la botella o del grifo? La calidad del agua, a debate

El agua del grifo es más barata, pero la embotellada no recibe ningún tratamiento

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La creencia de que la calidad del agua mineral es superior a la del grifo está muy extendida en España, el sexto mercado en cuanto a mayor consumo de agua embotellada.

Esta percepción puede explicarse por cómo presentan las empresas las cualidades «milagrosas» del agua mineral. Los reclamos como «suave y refrescante» en la etiqueta, que no aportan información relevante, o el anuncio de propiedades nutricionales que magnifican el producto, hacen pensar que se trata de un tipo de agua de calidad y fuera de todo peligro.

Pero la realidad es que los casos de contaminación en el agua se han dado tanto en la embotellada como en la corriente.

Aproximadamente 12.000 vecinos de La Bisbal d’Empordà y Forallac, en Gerona, llevan más de una semana sin acceso a agua potable por una filtración de herbicidas. Y en la misma comunidad autónoma, en Cataluña, se intoxicaron alrededor de 2.000 personas por consumir agua envasada el pasado martes. Entonces, ¿qué agua es mejor, la embotellada o la del grifo?

En primer lugar hay que explicar que el agua mineral -que proviene de manantiales y aguas subterráneas-, no recibe ningún tipo de tratamiento, es potable desde su origen. En cambio, el agua corriente se somete a trabajos de desinfección a fin de hacerla apta para el consumo humano, y además cuenta con un inconveniente: al no tener etiquetado no se puede saber de dónde proviene el agua que se suministra.

Calidad similar

En todo caso, de un estudio realizado por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) en 2013, se desprende que no existen grandes diferencias cualitativas entre ambas opciones, exceptuando en las localidades donde el agua suministrada por las correspondientes administraciónes sanitarias autonómicas no es de gran calidad. De los 62 municipios analizados por la organización solo en siete de ellos se encontraron residuos que indicaban un mal tratamiento al potabilizar esas aguas.

No es el caso de Madrid que cuenta con una de las aguas con menos dureza (bajos niveles de cal) de España. La institución que abastece a los madrileños de agua corriente, el Canal de Isabel II explicó a ABC que tienen establecido un estricto programa de vigilancia desde

el origen del abastecimiento del agua hasta su entrega al consumidor. Tanto es así que la empresa lleva a cabo 6 millones de análisis cada año para controlar la salubridad del agua de cada región, o dicho de otra forma, realizan análisis cada 5 segundos.

Por su parte, el agua embotellada en España puede ser de cuatro tipos: aguas minerales naturales, aguas de manantial, aguas preparadas y aguas de consumo público envasadas. La mejor según las fuentes consultadas es, sin género de dudas, la mineral natural que es la que procede de un manantial subterráneo con una composición mineral constante.

Pero todas las aguas minerales son aptas y han pasado por los controles correspondientes, según un estudio de la OCU en el que se analizaron 40 botellas de agua mineral. En el análisis no encontraron contaminantes como nitratos, fluoruros o arsénico por encima de los niveles permitidos en ninguna de las marcas.

Como indica el portavoz de la organización de Consumidores en Acción (Facua), Rubén Sánchez, el agua embotellada contiene determinadas propiedades y efectos en el organismo si se consume habitualmente debido a sus índices de minerales. Pero esto no quiere decir, como señala Sánchez, que deba ser «sustitutiva del agua del grifo salvo en aquellas ciudades donde el agua no tiene buen sabor». Además el portavoz puntualiza que «cuando esto pasa es por culpa de la Administración que no garantiza el abastecimiento de un agua que, además de ser potable cuente con un buen sabor para los ciudadanos».

Más ahorro

Un factor relevante para elegir entre el agua del grifo o embotellada es el precio. Y en este caso se recomendaría consumir del agua del grifo porque supone un ahorro importante: Mientras que el agua corriente tiene un coste de 0,26 euros al mes, hidratarse a base de garrafas saldría mucho más caro, alrededor de 37,50 euros mensuales.

No solo eso, al margen del coste monetario está el coste medioambiental, que es nulo en el caso del agua del grifo y de 3 kilos al mes de residuos si se opta por el agua embotellada.

Resulta llamativo, por otra parte, que el precio de la botella no sea indicativo de la calidad del agua -que depende en gran parte del manantial de procedencia-, el coste lo determina el nombre comercial. De hecho, la marca mejor puntuada por el estudio de la OCU, Fuente Liviana, tiene un precio medio por litro inferior al de otras marcas que se sitúan en los últimos puestos, como la del manantial de Viladrau que cuesta 0,27 céntimos por litro frente a los 0,26 de la de Fuente Liviana.

En definitiva, teniendo en cuenta que no existen grandes diferencias en cuanto a la calidad del agua (salvo en ciudades como Tarragona o Murcia donde la dureza es muy alta), la elección de un agua u otra dependerá de los gustos del consumidor en cuanto al sabor. Y si lo que se pretende es ahorrar, el agua corriente es la mejor opción.