Póster que ilustra el acto de beatificación de mártires de mañana. ABC

La beatificación de 233 mártires de la persecución religiosa española será lamayor de la historia

El próximo domingo tendrá lugar la primera beatificación del siglo XXI, la mayor de la historia de la Iglesia. En ella, 233 mártires de la persecución religiosa española alcanzarán el estatus de beatos. La categoría más numerosa de nuevos beatos son los 37 diocesanos de Valencia y la principal novedad, la presencia de casi una cuarentena de laicos: 19 mujeres y 18 hombres de Acción Católica.

ROMA. J. Vicente Boo
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Mañana domingo, en la Plaza de San Pedro, la primera beatificación del siglo XXI será la más numerosa de la historia pues eleva a los altares 233 mártires de la persecución religiosa española cuyas causas ha promovido la archidiócesis de Valencia, aunque los protagonistas pertenecen a 34 diócesis de nueve Comunidades autónomas. Juan Pablo II celebrará la solemne ceremonia para honrar, una vez más, a los mártires del siglo XX, el más atribulado, con mucho, de la era cristiana.

VEINTE MIL PEREGRINOS DE VALENCIA

Más de 20.000 peregrinos de la diócesis de Valencia y muchos otros miles de toda España participarán mañana en la histórica ceremonia. Aunque la categoría más numerosa entre los nuevos beatos son los 37 sacerdotes diocesanos de Valencia, la principal novedad es la presencia de una cuarentena de laicos, entre los que figuran 19 mujeres y 18 hombres de Acción Católica que desempeñaban profesiones variadísimas desde labrador a periodista, veterinario, pirotécnico, profesora universitaria o telegrafista. El grupo incluye a 135 religiosos y religiosas de dieciséis grandes familias espirituales, desde los Capuchinos hasta las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Casi todos fueron fusilados en el segundo semestre de 1936 en localidades de Valencia y Cataluña.

El ministro de Medio Ambiente, Jaume Matas, presidirá la delegación española junto con el presidente de la Generalidad Valenciana, Eduardo Zaplana, la presidenta de las Cortes regionales, Marcela Miró, y la alcaldesa de la capital, Rita Barberá. El arzobispo de Valencia, Agustín García Gasco, concelebrará la Misa con el Santo Padre y varios cardenales así como numerosos prelados de la curia romana.

Los peregrinos españoles serán recibidos hoy en el Aula Pablo VI por monseñor García Gasco y varias autoridades vaticanas. El Papa preside el domingo la ceremonia de beatificación en la Plaza de San Pedro, desde donde lanzará al mundo un mensaje sobre la validez del ejemplo de los mártires, y recibirá a los peregrinos españoles el lunes en el interior de la Basílica para un encuentro privado.

473 MÁRTIRES ESPAÑOLES

Los 233 nuevos beatos elevan a 473 el número de mártires españoles del siglo XX beatificados por Juan Pablo II. La gran mayoría forma parte de los diez mil hombres y mujeres asesinados por odio a la fe católica en 1936 y 1937, pero el historiador Vicente Carcel Ortí subraya que «no deben llamarse mártires de la Guerra Civil sino de la persecución religiosa española, pues no hacían política».

Cada uno de los que mañana suben a los altares tiene una historia personal sencilla y conmovedora. El llamativo rasgo común fue morir sin intentar hacer daño a sus asesinos y sin odiarles. Sin querer escapar de las balas a pesar de que a varios les ofrecieron salvar la vida a cambio de una blasfemia.

La diócesis de Valencia, Acción Católica y las diversas familias religiosas han publicado breves semblanzas biográficas de esta pequeña multitud de bienaventurados. La mansedumbre tranquila es una virtud general. La mayoría de las mujeres que no eran religiosas se dedicaban a sus labores. Las que llevaban hábito no suponían ningún peligro para el Gobierno republicano. Muchas prestaban un servicio visible al país como es el caso de las cinco Hijas de María de las Escuelas Pías de Valencia.

María Baldillou, Presentación Gallén, María Luisa Girón, Carmen Gómez y Clemencia Riba se dedicaban a la enseñanza en su escuela hasta que el 22 de julio de 1936 tuvieron que dejarla y marchar a esconderse en un piso de la calle San Vicente. El 8 de agosto, a las cinco de la mañana, un grupo de milicianos se presentó para decirles que debían acudir de inmediato a la comisaría. Las llevaron, en cambio, a la playa del Saler y allí las mataron. Las otras tres mártires escolapias son la directora del colegio de Madrid, María de la Yglesia, que era andaluza, y dos ex alumnas del colegio de Carabanchel, Dolores y Consuelo Aguiar-Mella, nacidas en Uruguay de padre español y trasladadas con la familia a Madrid. La religiosa escolapia y las dos mujeres laicas fueron arrestadas el 19 de septiembre de 1936 y fusiladas poco después.

Cada una de estas 233 vidas terminan de un modo brutal. Pero al cabo de 64 años, Juan Pablo II decidió dar luz verde a sus causas de beatificación bloqueadas durante muchos años por prudencia. Según el historiador Vicente Cárcel Ortí, Pablo VI las suspendió «porque no quería que una beatificación numerosa fuera interpretada como señal de apoyo al régimen de Franco. Deseaba esperar a que la democracia se restableciese del todo, pero no llegó a verla pues murió poco antes, en el verano de 1978».

LA PERSECUCIÓN MÁS VIOLENTA

Con la ceremonia de mañana, que añade 233 nombres a los 240 ya beatificados en varias fechas desde 1987, Juan Pablo II pone medio millar de españoles a la cabeza del martirologio de la Iglesia precisamente porque aquella persecución religiosa fue la más violenta de la historia de la Iglesia: más que las persecuciones del imperio romano, triste campeón de la violencia de Estado contra los cristianos hasta el siglo XX, en que fue superado por Rusia en cuanto a los ortodoxos y España en cuanto a católicos. La presencia de una cuarentena de laicos entre los 233 mártires refleja un aspecto poco conocido. Aunque la gran mayoría de las víctimas fueron obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, también fueron fusilados millares de laicos, como las mujeres y hombres de Acción Católica.

Excepto el abogado y periodista Pablo Meléndez, casado y padre de diez hijos -que había sido director del periódico de orientación católica «La Voz de Valencia» y concejal por la Liga Católica-, ninguno de aquellos hombres y mujeres intervenía en política. Francisca Cualladó era una sencilla modista en la localidad de Massanassa que ayudaba en actividades de la parroquia. Para que no gritase «¡Viva Cristo Rey!», sus asesinos le cortaron la lengua antes de fusilarla en Benifaió el 18 de septiembre de 1936.

José Perpiñá Nacher había sido telegrafista en el vapor «Buenos Aires» y cursó después Derecho en Santiago de Compostela. El risueño abogado, miembro de Acción Católica, se casó a los 24 años y murió a los 25, fusilado en el Picadero de Paterna. Antes de abandonar la Cárcel Modelo de Valencia para su último viaje comentó a un ordenanza: «El Señor me concede la gracia por la que tanto he suspirado: el martirio». Previamente, había indicado a su joven esposa que volviera a casarse. Francisca Bosch cumplió ese deseo y ha vivido hasta ver declarada la santidad de su primer marido.

Teresa Ferragud era una madre de familia de 84 años que insistió en no separarse de sus cuatro hijas religiosas cuando las arrestaron en casa y se las llevaron con la intención de matarlas. «Donde van mis hijas, voy yo», dijo la anciana, y las acompañó a la Cruz Cubierta de Alcira, donde fueron fusiladas. El proximo día 11, llegarán también juntas a los altares.