ERNESTO AGUDO

Del «baby boom» al «death boom»: España se queda sin niños

La edad media para ser madre supera por primera vez la barrera de los 32 años y deja muy atrás la posibilidad de que se repita el «baby boom» de los 60

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España se queda sin niños. El «baby boom» de la década de los 60 está cada vez más lejos de volver a repetirse. Durante el primer semestre del año 2018, se registraron 179.794 nacimientos, la cifra más baja desde 1941, el año en que comenzó a elaborarse la estadística oficial. En apenas un año, el número de recién nacidos cayó un 5,8% respecto al mismo periodo de 2017 (y un 7,2% en el caso de los bebés nacidos de madres españolas). La edad media de la maternidad superó por primera vez la barrera de los 32 años y subió en 2017 hasta los 32,08 años. Estos son algunos de los datos provisionales del Movimiento Natural de la Población, adelantados ayer por el INE (Instituto Nacional de Estadística).

Los demógrafos incluso advierten de que tomar como referencia el año 1941 para comparar la baja natalidad puede llevar a equívocos, ya que «muy posiblemente no ha habido tan pocos nacimientos en España desde el siglo XVIII. Y de madres españolas, tal vez haya que remontarse al siglo XVII», explica Alejandro Macarrón, director de la Fundación Renacimiento Demográfico.

En los últimos años el desplome de la natalidad se ha consolidado como una tendencia muy difícil de revertir. «Las generaciones de mujeres en edad reproductiva son cada vez más pequeñas y la tasa de fecundidad está desde hace bastante tiempo entre las más bajas de Europa y del mundo», subraya Teresa Castro, demógrafa del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y especialista en natalidad.

«Una verdad incómoda»

Pasar del «baby boom» al «death boom» (o boom de las muertes) es, para Macarrón, una «verdad incómoda» a la que los partidos políticos no se deciden a meter mano. Los datos hablan por sí solos. En los primeros seis meses del año, las defunciones aumentaron un 2,1%, sobre todo, debido a la alta mortalidad registrada en el mes de enero, uno de los meses más fríos del invierno. La diferencia entre los nacimientos y los fallecimientos (226.384 personas) lastraron el crecimiento vegetativo de la población. Por cuarto año consecutivo fue negativo (-46.590 personas).

El saldo vegetativo fue positivo en el primer semestre de 2018 en tres comunidades: la de Madrid (en 3.714 personas), Murcia (997) e Islas Baleares (428). Por el contrario, los saldos vegetativos más negativos se dieron en Galicia (que perdió 9.135 personas), Castilla y León (–7.857) y Comunidad Valenciana (–5.959).

Para María Zúñiga, profesora del departamento de Geografía y Ordenación del Territorio de la Universidad de Zaragoza, nuestro país se encuentra en plena «tormenta perfecta». «Nuestra sociedad ha convertido a los niños en un bien de lujo. Las familias solo pueden permitise uno o como mucho dos, y además no los tienen hasta que han llegado a una situación de solvencia económica, esto hace que se retrase la edad de la maternidad, lo que de nuevo redunda en lo mismo: tienen menos. Si a esto se le suma el número cada vez menor de madres potenciales, fruto de bajas natalidades anteriores...». Es un círculo nada virtuoso.

«Si la expansión económica que hubo de 1997 a 2007 se tradujo en un aumento de la natalidad, eso no está sucediendo en la actualidad. ¿Por qué? Como los niños ya no vienen, sino que se planifican, la elevada precariedad laboral y el pesimismo que ello genera entre los jóvenes, que son los que tienen los niños, lleva a que se siga postergando la decisión de tener hijos», responde Gerardo Meil, catedrático de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid.

La mayoría de los expertos coinciden en que el contexto sociocultural actual no es proclive a un «baby boom» como el ocurrido en la década de los 60. «Es un anacronismo comparar ambos contextos porque antes no había libertad para procrear y las mujeres tenían más hijos de los que deseaban. Tampoco las familias eran más generosas que ahora. Se tenían más hijos porque la mortalidad infantil era más elevada y también porque en el campo hacía falta mano de obra», indica Antonio Izquierdo, catedrático de Demografía y Sociología en la Universidad de La Coruña.

Castro recuerda, además, que una generación abultada puede ser beneficiosa siempre y cuando el mercado laboral esté en condiciones de ofrecer suficientes puestos de trabajo. «Mi generación fue la del “baby boom”. La Universidad estaba masificada y cuando llegamos al mercado de trabajo fue terrible porque no había empleo para todos. Ocurrió algo similar a lo que pasa ahora con los jóvenes», asegura.

El menor número de hijos por familia también se debe a que ahora las parejas son «más conscientes de la responsabilidad que entraña la paternidad y los progenitores tienen una aspiración cada vez más alta de dar a mejor calidad de vida a los hijos», señala Castro. «Los hijos tienen un coste muy elevado –añade– y no solo en el plano económico, sino también de dedicación, de tiempo». Esta experta sostiene que los nacimientos no repuntarán mientras «no se tomen medidas sociales valientes» y se construya una sociedad «más amigable con los niños».

Entre esas medidas, Emilio González, profesor de Economía en la Universidad Pontificia Comillas, subraya una mayor inversión en guarderías de 0 a 3 años, cultura empresarial favorable al empleo a tiempo parcial y mayor conciliación laboral y familiar. Para este experto en Demografía y Envejecimiento, la jornada semanal de 35 horas se puede distribuir en los cinco días en función de las necesidades de las familias y con mayor flexibilidad horaria.

Menos matrimonios

En opinión de Rafael Puyol, director del Observatorio de Demografía y Diversidad Generacional del Instituto de Empresa (IE), la baja natalidad solo se puede evitar con «una buena política de ayuda familiar que, por el momento, no tenemos». Algunos sectores sociales, como el Foro Español de la Familia apunta a la necesidad de fortalecer la institución del matrimonio. Las estadísticas del INE señalan que los enlaces han caído un 5,7% en el primer semestre de 2018. «No es casual que estas cifras de nacimientos coincidan en el tiempo con el número de matrimonios actual. Formar una familia requiere compromiso, vocación de estabilidad y continuidad, especialmente para traer nuevas vidas al mundo, y eso se está obviando. Necesitamos medidas que protejan esta institución», aseguró el director del Foro, Javier Rodríguez, quien además abogó por un «gran pacto social por la maternidad».