Evolución de las víctimas menores de 18 años con orden de protección o medidas cautelares
Evolución de las víctimas menores de 18 años con orden de protección o medidas cautelares

Aumenta más de un 12% los menores que han sufrido violencia de género

Las denuncias son escasas. En el último año hubo 653 menores de 18 años amparadas por una orden de protección o medidas cautelares y 127 fueron los denunciados

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La violencia de género es una lacra que también sufren los menores de edad. En septiembre se aprobaron 200 millones de euros para implementar las medidas urgentes del Pacto de Estado Contra la Violencia de Género, una cantidad que fue activada el mes pasado y que, según el Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad, aumentará el próximo año en 40 millones para los municipios.

En España, el número de víctimas de violencia de género que se encuentran bajo protección ha ascendido. La cifra total de víctimas de violencia de género que están amparadas por una orden de protección o medidas cautelares ha aumentado desde 2014, año en el que se contabilizaron 18.412 mujeres, 19.384 en 2017, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). La situación es similar en el caso de las menores víctimas de violencia de género. De los seis años, 2017 fue cuando se registró un mayor número de menores respaldadas por una orden de protección o medidas cautelares.

En comparación con 2016, el pasado año hubo un aumento significativo de las víctimas con menos de 18 años bajo protección o medidas cautelares. Los menores, cada vez a una edad más temprana, tienen dispositivos móviles y «creo que en muchas ocasiones no son conscientes de lo que están haciendo», afirma Encarni Iglesias, directora de la Asociación Stop Violencia de Género Digital, «no son conscientes de que están cometiendo un delito», momento en el que, tras solicitarlas, se aplican las órdenes de protección o medidas cautelares pertinentes.

Con las nuevas tecnologías e internet las personas mayores de edad también están expuestas a amenazas a través de WhatsApp o redes sociales, a suplantaciones de identidad y al acoso. Pero en el caso de los menores es diferente, ya que no se deciden a pedir ayuda y denunciar: «El problema es que tienden a normalizar la situación», lamenta Encarni Iglesias, «hay veces que acuden y les explicas lo que hay que hacer y cómo, y no están dispuestas a dar el paso porque les da vergüenzaque sus padres se enteren de lo que está ocurriendo». Una respuesta que explicaría la pequeña cantidad de denunciados que ha habido en los últimos seis años. Las cifras totales de víctimas con una orden de protección o medidas cautelares y la cantidad de denunciados están igualadas, sin embargo, en los menores de 18 años no ocurre así.

Confianza en los progenitores y educación digital

Cuando una menor víctima de violencia de género decide solicitar información y asesoramiento de expertos, primeramente los centros necesitan autorización de los padres o tutores. Aquí es donde radica el problema: «En muchas ocasiones para que los padres no se enteren de situaciones o de lo que hayan podido hacer, no lo dicen», afirma la directora de la Asociación Stop Violencia de Género Digital. Una vez que se obtiene la autorización el siguiente paso es «detectar el problema, ver a qué nivel está e identificar al agresor».

Pero no hay un perfil social de víctima ni de maltratador, «tenemos que empezar a quitarnos de la cabeza que tanto la violencia digital como la de género solo la sufren las clases inferiores», argumenta Encarni Iglesias. Las mujeres maltratadas no tienen baja formación ni son más jóvenes o de mayor edad, tampoco pertenecen a estratos sociales bajos ni son económicamente dependientes. El poder adquisitivo de los hombres que ejercen violencia sobre las mujeres es tanto alto como bajo, de la misma manera que la edad. Tampoco depende de la situación profesional ni de la formación. Lo que determina el comportamiento es la educación que se recibe desde niños.

Hoy en día el 72% de los niños españoles con una edad de entre seis y 11 años tienen algún perfil en una red social y tanto padres como menores necesitan una educación digital: «Yo creo que la violencia de género digitalviene de una falta de educación digital que no la tenemos en la mayoría de ocasiones», señala la directora de la Asociación Stop Violencia de Género Digital, «no nos damos cuenta de la responsabilidad que tenemos los adultos cuando entregamos un terminal con una conexión a Internet a un menor».

Para conocer el entorno digital en el que se mueven los niños, pueden resultar muy útiles los programas de control parental, un software preparado para implantarlo en el dispositivo del menor. De esta manera se puede impedir que accedan a ciertas páginas web además de informar sobre los sitios que visita en Internet. «Los programas parentales existen por algo y para algo, el problema es que muchos adultos no saben qué es un control parental, no se trata de espiarle, puedes estar enterado y, cuando no tenga que entrar en ciertas páginas, explicárselo», dice Encarni Iglesias, «hay que enseñarles a manejar internet y de una forma segura, yo no creo que en el prohibir esté la solución, sino en el informar, en el enseñar y en el educar».