Antonio Damasio: «Hay algo en el cerebro humano que nos predispone a la violencia»

Un día comprendió que, para tratar determinadas enfermedades, el estudio científico de los sentimientos y otras realidades intangibles de la mente era muy necesario. Gracias a sus hallazgos muchos enfermos de parkinson o alzheimer tienen hoy nuevas esperanzas. Neurobiólogo, premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica

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OVIEDO. El neurólogo portugués Antonio Damasio guarda un lejano parecido con Woody Allen (casualmente ocupa la cátedra Allen de la Universidad de Iowa). E igual que hace tres años el cineasta neoyorquino conquistó Vetusta con su simpatía, cercanía y cariño al pueblo ovetense, con quien compartió fabes y sidra, esta semana ha sido el turno de Damasio. Es una de las autoridades mundiales de la ciencia, pero su simpatía, generosidad y cariño han conquistado a todo el mundo. Hasta la Radio Televisión Portuguesa se ha desplazado para entrevistarle, cuando raramente la cultura o la ciencia tienen hueco en las pantallas. En esta conversación, Damasio «indaga» en las mentes de Bin Laden o los pilotos suicidas del 11-S, «cuestiones muy intrigantes»; analiza la materia gris de Sadam Husein -«puede que esté montando un numerito o puede que esté trastornado», describe cómo el fanatismo religioso puede absorber mentes o determina cómo el lóbulo frontal de algunas personas las traslada a un comportamiento muy violento.

-¿Hay algo en el cerebro humano que nos predisponga a la violencia?

-La respuesta es que sí. Lo hay. En nuestro cerebro hay una muy buena naturaleza y una tendencia hacia lo malo. El gran trabajo del científico es intentar comprender cuál es esta materia mala para la sociedad. Políticos, sociólogos, investigadores tenemos que entender cómo se puede suprimir esa faceta mala. La violencia existe en todos nosotros. Podemos ser extremadamente violentos y muy capaces de herir a los demás. Todos conocemos a gente capaz de torturar y de matar a los demás. Pero es responsabilidad de la sociedad esforzarse al máximo para que una faceta (la buena, la menos mala) supere a la otra (la malvada, la mala, la menos buena).

-Usted advirtió, hace tiempo, en la revista «Nature» de que deberíamos empezar a preocuparnos ante la posibilidad de que operadores políticos lancen grandes cantidades de oxitocina en los mítines de sus candidatos. ¿Hay que estar prevenido ante ello?

-Lo cierto es que esto fue una broma. Bien pensado, no resultaba posible. Es cierto que la oxitocina puede utilizarse para influir sobre las decisiones de las personas, pero de una manera muy sutil, muy indirecta y no ante un público muy numeroso o una audiencia muy grande. Vamos a preocuparnos de las cosas que realmente son motivo de preocupación, como la gripe aviar, la guerra o el precio del petróleo y no sobre la oxitocina. Era una forma de ilustrar sencillamente que sobre la mente humana se puede influir y se la puede manipular. Pero era un ejemplo a título de broma.

-¿Se puede curar esta gripe de los pollos?

-No hay curación en el sentido de poder tratar la enfermedad, pero la realidad es que existe la posibilidad de ciertas vacunas en los seres humanos para evitar una pandemia.

-¿Hay esperanzas para los enfermos de parkinson o alzheimer?

-Hace muchos años el parkinson era algo no tolerable y de repente hubo un avance químico. Se podía suministrar dopamina al sistema nervioso. Fue un descubrimiento absolutamente nuevo, que convirtió a las personas condenadas a limitaciones en personas que se podían recuperar. Pero eso no es el final del camino de la investigación. Se puede intervenir no sólo químicamente el cerebro, sino que se puede practicar una intervención quirúrgica que mejorará la enfermedad. La implantación de electrodos dentro del cerebro conseguirá mejorar la enfermedad de parkinson. Hay, por lo tanto, muchas formas de intervenir: se puede hacer con una molécula química o mediante una cirugía que permitirá el paso de una corriente eléctrica que modificará y mejorará la lesión. Sobre el alzheimer tenemos esperanzas de poder alcanzar en el futuro el punto actual del parkinson. Es muy probable que existan tratamientos.

-¿Hay que concederles esperanzas a los pacientes?

-Sin duda. Los pacientes necesitan y deben tener esperanzas. Pero no se les puede dar esperanzas falsas.

-¿Cómo explica el neurobiólogo el comportamiento agresivo, irreductible, de las multitudes devastadas por el huracán «Katrina» en Nueva Orleáns, ya que usted lo vivió cerca, en Estados Unidos?

-Yo creo que eso tiene una relación con todo lo que estamos hablando. Todo depende del entorno: el potencial de hacer el bien o el mal está en cualquier ser humano y en función de las condiciones del entorno puede aflorar el bien o también puede aflorar el mal.

-Existe, pues, correlación entre el volumen de materia gris del cerebro humano y la predisposición a un comportamiento antisocial en el que prima la agresividad?

-La respuesta es que no. Lógicamente todos tenemos un potencial para, digamos, reaccionar y mostrar un comportamiento violento, antisocial. Todos. Y en definitiva eso viene a ser fruto, más que de una cuestión cerebral, del entorno o de la educación que hemos recibido. No, desde luego, del volumen o el tamaño del cerebro, de la materia gris. Aunque sí es cierto que se hizo un estudio, no hace mucho tiempo, que demostró que se había encontrado algo en el lóbulo frontal de las personas que mostraban un comportamiento violento. No era una cuestión de tamaño mayor o menor, sino que había algo, un defecto, un pequeño problema en el lóbulo frontal que les hacía ser violentos y que predisponía a la violencia a los individuos.

-¿Se halla en un estudio científico publicado en «Archives of General Psychiatry», donde los investigadores sugieren que las personas que tienen más pequeña la cantidad de materia gris en la parte frontal de su cerebro están predispuestas a un comportamiento agresivo?

-La gente que había demostrado un comportamiento criminal o violento sí mostraba unas ciertas modificaciones en el lóbulo frontal, pero tampoco quiere decir eso que las personas que tengan un volumen pequeño de materia gris en el lóbulo frontal sean criminales o seres violentos. Lo importante, yo creo, es darse cuenta de que todos somos capaces de comportamientos violentos y antisociales y por otra parte también somos capaces de comportamientos amables y muy humanos.

-De eso precisamente trata su libro «En busca de Spinoza».

-En él hablo de cómo esas dos facetas, esas dos caras que se dan en una mente humana (la capacidad de actuar violentamente, antisocialmente y la capacidad de hacer el bien) interactúan e influyen en el comportamiento social. Eso es lo que estudiamos en la neurobiología: cómo podemos ayudar a la sociedad para identificar este tipo de comportamientos sociales.

-¿Por qué usted busca desesperadamente a Spinoza?

-El título del libro es «En busca de Spinoza» no porque el libro hable de Spinoza, lógicamente, sino porque es una figura histórica bastante curiosa, en el sentido de que tiene origen tanto español como portugués. A pesar de que residía en Holanda, tiene algo de ambos países. Es totalmente Península Ibérica en ese sentido. Y también fue un vanguardista ya que se puede considerar a Spinoza como uno de los precursores de la neurobiología moderna. Me interesaba establecer ese vínculo entre la actual investigación sobre neurobiología y las ideas originarias de alguien que vivió en el siglo XVII.

-Hablando de todo ello, ¿qué opina de la mente de Sadam Husein?

-No tengo ni idea. Ni siquiera me atrevería a intentar suponerlo.

-¿Cómo interpreta, entonces, el neurólogo que el dictador haya abroncado al Tribunal que le condenará por crímenes de guerra y contra la Humanidad, no haya reconocido a quienes le juzgan y se haya declarado, aún, presidente de Irak? ¿Cree usted que está trastornada la mente de Sadam o lo hace a propósito?

-Puede ser que este trastornado, que no reconozca la realidad o a lo mejor sencillamente está montando un numerito, está fingiendo. Sabe perfectamente -puede ser- quién es y por qué está siendo sometido a juicio y sencillamente está aprovechando para montar un numerito y para llamar la atención en su última aparición pública. Es muy difícil, o casi imposible, detectar ese compartimiento.

-¿Qué cree usted que hay en la mente de Bin Laden o en la de los pilotos que estrellaron los aviones contra las Torres Gemelas o el Pentágono?

-Ésa es una cuestión muy intrigante como la anterior, son preguntas muy intrigantes, pero desde luego la neurobiología no está en situación de responderlas. En este casi mi opinión vale tanto como la suya o la de cualquier ciudadano.

-¿Piensa usted que una manera radical de entender el islam puede estar actuando sobre las mentes de sus fieles, influyendo en su cerebro?

-A lo largo de la historia, las ideas religiosas han tenido ese poder o esa influencia. De hecho, muchas veces se han utilizado, y se puede utilizar, para absorber las ideas de la gente, para distraerles. Tampoco es que sea yo un especialista en el islam, pero no creo que la capacidad de absorber y de la lavar cerebros sea exclusiva del islam.

-¿El mundo está «loco, loco, loco», parafraseando el título de cierta película?

-Estamos viviendo un momento malo de la historia, causado tanto por problemas en los que nos hemos metido innecesariamente, como por catástrofes naturales de las que difícilmente se puede culpar a los políticos, como el «Katrina», la gripe aviar o los terremotos. Es cierto que deberíamos concentrarnos en aquellos problemas que sí tienen una posible influencia humana. Por ejemplo, qué guerras libramos, qué guerras no, si entrar en una guerra o no. O incluso algunos problemas que pudieran tener influencias sobre desastres naturales, como el calentamiento global, que puede influir sobre la formación de huracanes y demás. Pero tampoco todo está dentro de nuestro control. Vamos a centrarnos en aquello sobre lo que sí podemos influir.

-¿Cree usted en el alma?

-Si por alma se entiende lo inmaterial, no existe. Sólo existe como concepto. Sin embargo, veo probable que lo que llamamos alma tenga que ver con nuestra mente, con la capacidad de sentir, de amar, de tener respeto, de gozar o de sentir una admiración tremenda por nuestra propia vida. El alma, si está relacionada con la dignidad y nobleza de nuestras mentes, puede llegar a entenderse desde la neurobiología. No la comprendemos aún, pero estamos avanzando. No deberíamos temer a que la ciencia comprenda la mente. Es un espacio sagrado que existe en nuestros cuerpos.

-¿Cómo es el cerebro humano?

-Hay varios elementos únicos, no solamente por su calidad, sino por su cantidad. Existen muchos idiomas. Los chimpancés, por ejemplo, emplean esos elementos, pero no tienen códigos. La memoria es más compleja en los seres humanos. Tenemos capacidad para poder memorizar elementos únicos. Por ejemplo, admiramos a Daniel Barenboim, del que nos entusiasma su música, premiado aquí hace algunos años, pero no creo que un perro o un chimpancé puedan sentir admiración hacia el gran Barenboim. Los seres humanos tenemos un cerebro capacitado para la creación y para manipular los hechos.