La voz americana de Canadá

Robert Goulet _ CantanteROSARIO SANZRobert Goulet, el actor y cantante estadounidense que se hizo famoso en los años sesenta en Broadway con el musical «Camelot», cuyo tema principal, «If ever I would

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Robert Goulet _ Cantante

ROSARIO SANZ

Robert Goulet, el actor y cantante estadounidense que se hizo famoso en los años sesenta en Broadway con el musical «Camelot», cuyo tema principal, «If ever I would leave you», se convirtió en un clásico romántico, ha fallecido en Los Ángeles (EEUU), a los 73 años, cuando esperaba un transplante de pulmón en el Cedars Sinai Hospital.

Hijo de padres canadienses, Goulet nació en Lawrence, en el estado de Massachusetts, el 26 de noviembre de 1933. Se trasladó con su familia a Canadá y tras terminar sus estudios secundarios recibió una beca del Conservatorio Real de Música de Toronto, donde estudió con los famosos barítonos George Lambert y Ernesto Vinci, pero decidió que la ópera no estaba hecha para él. Su primera aparición profesional tuvo lugar a los 16 años, con la Orquesta Sinfónica Edmonton.

En 1952, participó en un concurso para artistas de la televisión canadiense. Años más tarde, el pianista Roger Williams afirmaba haber sido uno de los primeros en darse cuenta del enorme talento de Robert Goulet: «Apareció al final de un programa y me di cuenta de su enorme talento. Podía sacudir una habitación entera con el impacto de su portentosa y esmerada voz».

Su gran oportunidad le llegaría, sin embargo, siete años más tarde, cuando el libretista Alan Jay Lerner y el compositor Frederick Loewe buscaban sin gran éxito un barítono para interpretar el papel de Lancelot en «Camelot». La obra se inauguró en Toronto en octubre de 1960 y después continuó con gran éxito en Broadway (Nueva York). En ella, trabajó junto a los actores británicos Julie Andrews y Richard Burton. Muchos años más tarde, en 1993, intervino en una nueva versión de «Camelot», dando vida en esta ocasión al personaje del Rey Arturo.

Robert Goulet era un «showman» de enorme talento, con una especial habilidad para saltar de los registros cómicos a los dramáticos. Acabó convirtiéndose en un ídolo de la televisión americana con apariciones en programas como «El show de Ed Sullivan», quien no dudó en etiquetarle como «El barítono americano de Canadá», en referencia a sus orígenes y posterior formación.

Uno de sus papeles más recordados en televisión fue el de doble agente en una serie sobre la Segunda Guerra Mundial, «Blue Light». En 1991, interpretó el papel de Quentin Hapsburg en la comedia cinematográfica «The Naked Gun. The Smell of Fear».

Goulet partició también diversas películas en Hollywood en las décadas de los años ochenta y noventa. Durante su carrera como cantante, el cantante llegó a publicar quince álbumes con baladas y en 2005 reapareció en una nueva versión para Broadway de «La jaula de las locas».

Goulet se casó por tercera vez, en 1982, en Las Vegas, con Vera Novak. Además de su viuda, le sobreviven Nicolette, de su primer matrimonio con Louise Longmore, y Christopher y Michael, de su segundo matrimonio con Carol Lawrence, la actriz y cantante que interpretó a María en la producción original de Broadway de «West Side Story».

Hollywood no le escatimó su «estrella» y Robert Goulet se ha despedido sobrevolando la suya, en el Paseo de la Fama.

Asensio Sáez, ya para siempre

El escritor Asensio Sáez, colaborador muchos años de ABC y la Verdad de Murcia, ha fallecido ayer en su casa de La Unión (Murcia), en su cama/cuna de niño grande, como él quería y siempre reivindicó en sus conversaciones y en sus artículos. En estos días terribles de lloradas ausencias (el cantaor Pencho Cros la pasada semana), el alzheimer amenaza con llevarse también la memoria de este pueblo, ya sin minas, casi sin viejos mineros, y ahora sin dos de sus hijos más predilectos. La Unión, que aún no se ha quitado el luto por Pencho, llora con desconsuelo por Asensio Sáez, el maestro de todos, el cofundador del Festival del Cante de las Minas, el supremo hacedor de esa ciudad alucinante que hoy, abatida y más alucinada que nunca, le rinde su postrero homenaje en la capilla ardiente del centro cultural de su nombre, donde está su plaza con su efigie de bronce.

Asensio ha cerrado para siempre el balcón de su casa a la calle Mayor desde el que durante más de ochenta años retrató con pluma y pincel, con palabras y manchas de colores, la semblanza y el devenir de su pueblo, de esta tierra terrible que tanto amaba y que tanto le dolía, que se esforzó en reinventarla con pinceladas de amabilidad y ensueño.

La casa de Asensio, la que él y su hermana Pepita han donado al pueblo de La Unión, esa casa por la que todo el mundo ha pasado para pedir favores y consejos, seguirá siendo como un palco al paraíso, un remanso de paz donde la Fundación que Asensio nos ha legado va a permitir que sus visitantes se adentren en los dominios de nuestro añorado mago. Un universo, su casa, fuera del tiempo, impregnado de la ternura que siempre profesó Asensio a La Unión y sus gentes. Su casa, sus libros, sus cuadros, sus muebles... ¿Quién ha dicho que Asensio ha muerto? En esta casa, por la calle Mayor, por su Navidad todo el año, por el Festival, siempre vamos a seguir viendo a Asensio, con sus periódicos bajo el brazo, con sus ojos de niño asombrado, de soñador empedernido, de bondadoso poeta. Su libro más representativo, La Unión, biografía de una ciudad alucinante, cumplirá cincuenta años en unos meses. Dentro de ese texto, en cada una de sus páginas, Asensio crea y recrea un mundo mitológico fascinante. Para volver a encontrarnos con el amigo, con el artista, con el maestro, sólo tenemos que leerle. Él y su hermana nos han regalado su casa, dentro de ella vive Asensio y con él toda La Unión, ya para siempre.

Francisco CELDRÁN SÁNCHEZ

EFE

El cantante norteamericano Robert Goulet, en una imagen

tomada en junio del año pasado, mientras posaba en la alfombra roja de la IX ceremonia del Paseo de la Fama, en Canadá